La inflación vuelve a ganar terreno y empieza a poner presión sobre el poder adquisitivo de los hogares. El IPC cerró julio en el 3,6% interanual, cuatro décimas más que en junio y en su nivel más alto desde mayo de 2024. En términos mensuales, los precios aumentaron un 0,3%. La inflación subyacente —que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos— también avanzó una décima, hasta el 3%.
El dato deja una fotografía clara: no son tanto los alimentos los que están tirando ahora de la inflación como la energía, la vivienda y el transporte. Y eso tiene una consecuencia directa sobre las familias, porque algunos de los gastos más difíciles de reducir son precisamente los relacionados con la casa y los desplazamientos.
Vivienda y transporte, por encima del IPC
Dos de los grandes capítulos del gasto familiar presentan en julio tasas claramente superiores a la inflación general.
El componente de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles registra una subida interanual del 5,7%, mientras que el transporte aumenta un 6,2%. En ambos casos, la energía desempeña un papel determinante.
El repunte del transporte está estrechamente relacionado con el coste de los carburantes. En julio, el precio del gasóleo aumentó un 15,7% interanual, mientras que la gasolina se encareció un 7,3%. La subida de los combustibles líquidos alcanza el 31,5% en la clasificación correspondiente del IPC.
La electricidad tampoco da un respiro: su precio aumentó un 8,4% interanual en julio, contribuyendo al repunte del grupo de vivienda.
| Gasto familiar | Variación anual julio de 2026 |
|---|---|
| IPC general | +3,6% |
| Alimentos y bebidas no alcohólicas | +1,6% |
| Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles | +5,7% |
| Transporte | +6,2% |
| Gasóleo | +15,7% |
| Gasolina | +7,3% |
| Electricidad | +8,4% |
| Inflación subyacente | +3,0% |
El contraste es importante: mientras el conjunto de los precios aumenta un 3,6%, una familia que tenga un gasto elevado en energía o transporte se enfrenta a incrementos bastante mayores en partidas concretas.
Los alimentos dan un respiro
La evolución de la alimentación ofrece una lectura diferente. Los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentan un 1,6% interanual, una tasa bastante inferior al IPC general y la más moderada desde 2021, según los datos publicados tras el cierre de julio.
Eso no significa que toda la cesta de la compra se haya abaratado. El dato general esconde comportamientos muy distintos entre productos. Algunos alimentos frescos continúan registrando incrementos importantes, con subidas especialmente destacadas en productos como los cítricos frescos y los huevos.
La diferencia respecto a la energía es, por tanto, evidente. La alimentación sigue encareciendo la cesta familiar, pero en julio no es el principal responsable del repunte de la inflación.
¿Y los salarios qué?
La comparación con los sueldos es la que permite medir hasta qué punto este repunte se traduce en una pérdida de poder adquisitivo.
Los datos del Ministerio de Trabajo correspondientes a los convenios colectivos registrados hasta julio sitúan la subida salarial media pactada en el 3,02%. En otras palabras, el incremento salarial medio queda 0,58 puntos por debajo del IPC del 3,6% registrado finalmente en julio.
Esto no quiere decir que todos los trabajadores hayan perdido poder adquisitivo en la misma proporción. La estadística de convenios es una media y no recoge la evolución de todos los salarios ni las situaciones individuales. Pero sí permite establecer una comparación útil entre la evolución media de los precios y la de los salarios pactados.
Además, hay una diferencia relevante entre los convenios que se firmaron este año y los acuerdos anteriores que siguen teniendo efectos económicos en 2026. Los 460 convenios firmados entre enero y julio contemplan una subida media del 3,73%, mientras que los 2.308 convenios firmados en años anteriores registran un incremento medio del 2,91%.
Así, los trabajadores cuyos convenios se han actualizado recientemente presentan, de media, una situación algo mejor que quienes tienen incrementos procedentes de acuerdos anteriores, aunque el dato general de convenios sigue por debajo del IPC de julio.
Una brecha salarial que se estrecha
Con los datos disponibles, la comparación de julio deja una diferencia de 0,58 puntos entre el IPC y la subida salarial media pactada en convenio. Si los precios mantienen una tasa superior a los incrementos salariales durante varios meses, el efecto acumulado puede terminar reduciendo la capacidad de compra de los trabajadores.
El escenario tampoco es homogéneo: los convenios firmados en 2026, con una subida media del 3,73%, se encuentran ligeramente por encima de la inflación de julio, aunque el conjunto de convenios con efectos económicos en el año se queda en el 3,02%.
La principal presión sobre los hogares, por tanto, no procede ahora de una nueva escalada generalizada de los alimentos, sino de tres elementos concretos: la energía, la vivienda y el transporte; tres componentes con un peso importante en la economía doméstica en los que es más difícil reducir el gasto de manera inmediata.
La inflación general vuelve a acelerarse hasta el 3,6%, mientras los salarios pactados avanzan de media al 3,02%. La diferencia es pequeña en términos porcentuales, pero suficiente para que, sobre todo en los hogares más expuestos a los gastos energéticos y de transporte, una parte de las mejoras salariales termine absorbida por el aumento del coste de vida.