SoftBank vuelve al mercado de deuda para financiar su gran apuesta por la inteligencia artificial. El conglomerado japonés ha lanzado una emisión de 10.000 millones de dólares en bonos y otros 1.000 millones de euros con la que pretende cubrir, principalmente, el próximo desembolso comprometido con OpenAI y sustituir financiación bancaria a corto plazo por deuda con vencimientos más largos.
La operación se produce apenas diez días antes de que el grupo dirigido por Masayoshi Son tenga previsto aportar otros 10.000 millones de dólares a OpenAI, correspondientes al tercer y último tramo de una inversión adicional de 30.000 millones acordada a comienzos de este año. Una vez completada, la inversión acumulada de SoftBank en la compañía de inteligencia artificial alcanzará los 64.600 millones de dólares.
La operación supone, además, un nuevo paso en la transformación del balance de SoftBank para financiar su ofensiva en inteligencia artificial. La compañía está recurriendo a una combinación de emisiones de bonos, préstamos puente, financiación respaldada por activos y potenciales ventas de participaciones para disponer de liquidez sin desprenderse necesariamente de algunos de sus principales activos tecnológicos.
10.000 millones en dólares y 1.000 millones en euros
La mayor parte de la nueva financiación llegará mediante deuda denominada en dólares. SoftBank ha lanzado 10.000 millones de dólares en bonos sénior no garantizados, repartidos entre tres vencimientos diferentes: tres años y medio, cinco años y medio y siete años y medio.
A ellos se suman 1.000 millones de euros, distribuidos entre bonos con vencimientos a cuatro y seis años. En conjunto, la operación supera los 11.000 millones de dólares equivalentes.
El calendario es especialmente ajustado. La fijación del precio de las emisiones está prevista para el 24 de septiembre, mientras que su liquidación se produciría el 29 de septiembre. Solo dos días después, el 1 de octubre, SoftBank tiene previsto completar el siguiente desembolso de 10.000 millones de dólares en OpenAI. Citigroup y JPMorgan actúan como coordinadores principales de la emisión.
Los recursos obtenidos se emplearán principalmente para financiar ese pago, aunque SoftBank también podrá dedicar parte de ellos a propósitos corporativos generales.
El último tramo de otros 30.000 millones para OpenAI
La operación permite reconstruir el tamaño que ha adquirido la apuesta de SoftBank por OpenAI.
El grupo japonés anunció el pasado febrero una inversión adicional de 30.000 millones de dólares a través de SoftBank Vision Fund 2, dividida en tres desembolsos iguales. El primero, de 10.000 millones, se ejecutó el 1 de abril; el segundo, por otros 10.000 millones, el 1 de julio; y el tercero está previsto para el 1 de octubre.
Esta nueva inversión se pactó tomando como referencia una valoración pre-money de OpenAI de 730.000 millones de dólares. Los títulos adquiridos son acciones preferentes que se convertirían automáticamente en acciones ordinarias si OpenAI sale a Bolsa o protagoniza una operación equivalente.
Antes de esta ronda, SoftBank ya había invertido 34.600 millones de dólares en OpenAI desde septiembre de 2024. Al sumar los nuevos 30.000 millones, su inversión acumulada alcanzaría los 64.600 millones, con una participación prevista de aproximadamente el 13% del capital de la compañía.
Es decir, la nueva emisión de bonos no financia por sí sola toda la apuesta de SoftBank por OpenAI. Sirve fundamentalmente para cubrir el último desembolso de una estrategia de inversión mucho mayor que ha ido obligando al grupo a movilizar distintas fuentes de financiación.
De los préstamos puente a los bonos
El recurso a los mercados de deuda forma parte de una estrategia diseñada desde el principio para financiar las inversiones de forma escalonada.
SoftBank firmó en marzo una línea de financiación puente de hasta 40.000 millones de dólares con JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Mizuho Bank, Sumitomo Mitsui Banking Corporation y MUFG Bank. El préstamo, sin garantías, tenía vencimiento en marzo de 2027 y estaba pensado principalmente para financiar las inversiones adicionales en OpenAI y otras necesidades corporativas.
La compañía llegó a disponer de 30.000 millones de dólares de esa línea. Sin embargo, el 9 de septiembre anunció que amortizaría anticipadamente el saldo pendiente de 25.900 millones de dólares, con fecha efectiva del 15 de septiembre.
El term sheet de la nueva emisión contempla, además, la cancelación de una financiación puente de 10.000 millones de dólares vinculada al siguiente pago a OpenAI. El objetivo es, en la práctica, sustituir financiación transitoria por bonos con vencimientos que llegan hasta siete años y medio.
El movimiento encaja con la estrategia financiera que el propio grupo ha explicado a sus inversores: utilizar préstamos puente para poder cerrar rápidamente grandes operaciones y, posteriormente, reemplazarlos mediante financiación a más largo plazo cuando las condiciones de mercado lo permiten.
La deuda gana peso en la apuesta de Masayoshi Son por la IA
La escala de la emisión refleja hasta qué punto SoftBank está movilizando su balance alrededor de la inteligencia artificial. Además de OpenAI, el grupo afronta otras inversiones importantes, entre ellas la compra del negocio de robótica de ABB por 5.400 millones de dólares y la adquisición de DigitalBridge por 3.100 millones, operaciones previstas para completarse antes de que termine 2026.
La filosofía financiera de SoftBank consiste en evitar, cuando sea posible, la venta de participaciones que puedan seguir revalorizándose. Por ello, el grupo contempla prioritariamente fórmulas de financiación respaldada por activos, incluyendo sus participaciones cotizadas y, potencialmente en el futuro, su propia posición en OpenAI. Las emisiones de bonos y las líneas bancarias completan ese abanico.
Esta estrategia permite a Masayoshi Son mantener una exposición elevada al potencial crecimiento de sus inversiones, pero también incrementa la importancia del endeudamiento y del coste de financiación en el balance del grupo.
SoftBank reconoce que sus gastos financieros aumentarán durante el ejercicio 2026, aunque defiende que el coste de la deuda debe analizarse como el coste de obtener capital para realizar inversiones. Su tesis es que la rentabilidad obtenida de los activos adquiridos debe superar a largo plazo los intereses pagados por financiarlos.
La compañía mantiene como límite financiero un ratio de deuda sobre el valor de sus activos —LTV— inferior al 25% en condiciones normales, con un techo del 35% en situaciones extraordinarias, además de una posición de liquidez suficiente para afrontar al menos dos años de vencimientos de bonos.