Telefónica liga los vientos de cambio en el sector al criterio de Bruselas sobre la consolidación

Emilio Gayo condiciona el verdadero “viento de cambio” en las telecos europeas al veredicto de Bruselas sobre las próximas operaciones de consolidación.

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El consejero delegado de Telefónica, Emilio Gayo, ha señalado que la auténtica prueba para comprobar si existe un “viento de cambio” real en la política de la Unión Europea hacia las telecomunicaciones estará en la forma en que Bruselas evalúe las próximas operaciones de concentración en el mercado.

“Posiblemente vamos a vivir en el corto tiempo algunas operaciones de consolidación de mercados que las tiene que juzgar Bruselas. Y de cómo las juzgue podremos concluir si de verdad esos vientos de cambio son reales o por desgracia no terminan de avanzar en la dirección que queremos”, ha indicado este lunes Gayo durante su intervención en el XXIX Congreso Nacional de la Empresa Familiar.

El directivo ha apuntado que el sector ha “avanzado mucho en el diagnóstico” hasta el punto de estar “quizás ya en el sobrepasado”, mientras que la puesta en práctica de las medidas sigue “muy limitada”.

En esa línea, ha cifrado en solo un 15% el grado de avance de las iniciativas recogidas en los distintos informes y ha precisado que, en el ámbito tecnológico, de las 47 actuaciones previstas “solo están implantadas tres”.

“Creo que estamos lejos de donde teníamos que estar y va a exigir un sobresfuerzo”, ha remarcado, aludiendo a la distancia entre los planes diseñados y la realidad actual de la industria.

En el terreno regulatorio, ha mencionado dos reglamentos clave para el ecosistema tecnológico europeo: el relativo a las redes digitales y el de concurrencia o competencia.

Sobre ambos ha indicado que existen borradores que “apuntan a buen camino”, aunque ha matizado que “no dejan de ser todavía un borrador”.

Petición a Bruselas para que piense “como las empresas familiares”

Para corregir esta situación, Gayo ha reclamado “que evolucione la regulación, que evolucione rápido y que evolucione hacia promover mayor inversión”, instando de forma expresa a Bruselas a adoptar una visión de largo plazo.

“Casi le pediría a Bruselas que piense como las empresas familiares en el largo plazo”, ha subrayado.

En este contexto, ha defendido que “la empresa familiar es la que más piensa en largo plazo” y que el momento actual exige precisamente esa mirada estratégica para sostener en el tiempo las inversiones necesarias.

Aunque ha admitido que persisten incertidumbres, el ejecutivo ha descrito el escenario presente como “un gran terreno de enormes oportunidades para seguir desarrollando las empresas”, siempre que se anticipe el impacto futuro de la tecnología y se asuman las decisiones de inversión adecuadas.

Autonomía estratégica abierta y soberanía tecnológica europea

Gayo también ha profundizado en la noción de “autonomía estratégica abierta” y en la soberanía tecnológica de Europa, precisando que esta no equivale a “autarquía” ni implica que el continente deba producir todo “del cero al cien por cien”.

Según ha explicado, para medir el nivel de autonomía o soberanía digital es imprescindible responder a tres cuestiones básicas: dónde y quién controla los datos y sus contraseñas, quién gestiona los sistemas y plataformas en una situación de crisis, y qué grado de control efectivo se tiene sobre las soluciones tecnológicas para no quedar “atrapado” con proveedores ajenos al control europeo.

El directivo ha avisado de que alcanzar esa soberanía no será algo “de la noche a la mañana” y ha puesto como ejemplo que “Europa no fabrica chips”, por lo que el proceso para lograr ese dominio llevará años.

Para avanzar, ha reclamado actuar sobre tres ejes: una regulación que impulse la soberanía y permita ganar escala a las compañías europeas —frente a las restricciones que han supuesto hasta ahora las normas de competencia—, la propia escala para poder invertir, y una ejecución “con valentía” y “visión de largo plazo” por parte de las empresas.

Prudencia ante la disrupción de la inteligencia artificial

En cuanto al impacto de la inteligencia artificial (IA), Gayo ha pedido “ser prudente y no sobrereactuar” ante las disrupciones que han sacudido en el último año a la industria del software y de los servicios.

Ha recalcado que, para desplegar la IA en las compañías, es imprescindible capacitar a las personas que conocen en detalle los procesos internos, dado que “es difícil que desde fuera una empresa tercera te dé todas las ventajas”.

Entre las principales oportunidades de la IA, ha resaltado la capacidad de reducir de forma masiva los errores con los clientes —que generan tanto costes como ingresos— y la posibilidad de lograr una “hiperpersonalización” real de los servicios, superando los habituales modelos de segmentación.

Asimismo, ha advertido de que el auge de la IA forzará una nueva reinvención del sector, ya que el volumen de datos que circulará por las redes crecerá de manera exponencial, alterando el equilibrio tradicional al dispararse el tráfico de subida de información por parte de los usuarios.

“Te obliga una vez más a reinventarte como compañía. Nos ha pasado durante 102 años ya, y en eso nos sentimos preparados para seguir haciéndolo”, ha concluido.

Cambio de enfoque en la venta de espectro

Pese a las tareas pendientes, Gayo ha señalado que ya se perciben señales de cambio en la mentalidad y en la actuación de las administraciones, especialmente en lo relativo a las subastas de espectro radioeléctrico.

“Pensar que hace no tantos años, cuando un Estado o un Gobierno vendía espectro, en el fondo era un modelo recaudatorio. Hoy la venta de espectro ya se entiende como lo que es: un elemento básico para el desarrollo de nuestras redes móviles, de nuestras capacidades de avanzar, de competir y desarrollarnos como empresas de telecomunicaciones”, ha explicado.

Por último, ha insistido en la importancia de que estos cambios incipientes se traduzcan “todavía un paso más allá”, situando el dictamen que emita Bruselas sobre las operaciones corporativas que se avecinan como el termómetro definitivo para medir la evolución del marco europeo.