El Senado se encamina hacia una batalla entre dos frentes en las elecciones del 29 de noviembre. A un lado, el PSOE y varias fuerzas de izquierdas han registrado una candidatura conjunta para disputar al PP el control de la Cámara alta. Al otro, Vox estudia retirar candidatos en algunas provincias y favorecer a los populares para impedir ese vuelco.
Los dos movimientos no están en el mismo punto: la coalición Senado de Progreso ya está formalizada; la colaboración electoral entre PP y Vox sigue pendiente de decisión. Pero ambos responden a un mismo cálculo: en el Senado, concentrar los apoyos puede importar tanto como aumentar el número de votantes.
El acuerdo de izquierdas reúne al PSOE, IU, Movimiento Sumar, Compromís, Más Madrid, Chunta Aragonesista, Batzarre y Més. La respuesta de Vox se concretará después de que su dirección examine las opciones abiertas.
Por qué una provincia puede cambiar cuatro escaños de diferencia
La clave está en cómo se vota. En las circunscripciones provinciales ordinarias se eligen cuatro senadores y cada elector puede marcar hasta tres candidatos. Es posible votar a personas de distintas formaciones: no se introduce una lista cerrada como en el Congreso.
Cuando los apoyos se concentran en dos candidaturas y sus electores votan de manera homogénea, el resultado puede ser de tres senadores para la primera y uno para la segunda.
Si una provincia pasa de un reparto de tres a uno favorable al PP a otro de tres a uno favorable a la izquierda, los populares pierden dos escaños y sus adversarios ganan dos. La distancia entre ambos cambia en cuatro senadores.
Es un ejemplo del funcionamiento del sistema, no una proyección del 29N. Explica, sin embargo, por qué unas pocas provincias competidas pueden adquirir una importancia extraordinaria.
Qué puede ganar Sánchez
Para el PSOE, el beneficio potencial consiste en transformar apoyos dispersos en candidaturas con posibilidades de quedar primeras. El acuerdo permite cooperar en el Senado con fuerzas que competirán con los socialistas en la papeleta del Congreso.
La izquierda no necesita que todos sus electores voten al mismo partido al Congreso para que respalden candidatos comunes al Senado. Esa separación entre papeletas es la oportunidad que intenta aprovechar.
Si funciona, Sánchez podría privar al PP de un instrumento de oposición que ha tenido un papel destacado durante la legislatura. Si no consigue la mayoría, reducir la ventaja de los populares también podría dificultar que estos controlen la Cámara sin negociar.
El riesgo está en confundir la suma de siglas con una transferencia automática de votos. Los electores pueden abstenerse en esa papeleta, marcar menos candidatos o elegir nombres de otras formaciones.
Qué puede ganar y perder Feijóo
El PP defiende una posición sólida como antecedente electoral: obtuvo 120 de los 208 senadores elegidos directamente en 2023. El PSOE consiguió 72 y Vox no logró ninguno por elección directa.
Una coordinación con Vox podría ayudar a los populares a conservar primeras posiciones provinciales. Su mayor riesgo sería que la izquierda concentrara sus apoyos mientras los votantes de derechas continuaran repartiendo sus marcas entre candidatos diferentes.
Feijóo también afrontaría un coste político si la ayuda de Abascal resultara decisiva: mantener el Senado gracias a Vox reforzaría la capacidad de este último para reclamar influencia en una negociación posterior.
Qué arriesga Abascal
Vox puede ganar relevancia sin obtener necesariamente más senadores propios. Si facilita una mayoría de derechas, podrá presentarse como un actor imprescindible para construirla.
La contrapartida es importante. Pedir el voto para el PP en una papeleta puede reforzar el argumento del voto útil también en la otra. Abascal tendría que explicar por qué conviene apoyar a los populares al Senado y competir con ellos al Congreso.
La alternativa tampoco está libre de costes. Si concurre por separado y la división facilita victorias de la izquierda, sus adversarios podrán responsabilizarlo de haber dificultado la mayoría de derechas.
Quién puede ganar el Senado
Con la información disponible no puede atribuirse la victoria a ninguno de los frentes. Para hacerlo harían falta estimaciones provinciales, candidaturas definitivas y una evaluación del voto a cada aspirante. Un sondeo nacional del Congreso no permite repartir automáticamente los escaños del Senado.
Además, la composición de la Cámara incluye senadores designados por los parlamentos autonómicos. El control final depende de ambos componentes, no únicamente de los puestos que se eligen directamente el 29N.
Lo que cambia con los pactos es la competición: la izquierda intenta disputar las primeras posiciones provinciales y el PP busca evitar que la concentración de sus adversarios le haga perder una ventaja que parecía más cómoda con candidaturas separadas.
Una mayoría que va más allá de las leyes
El Senado puede introducir enmiendas y vetar proyectos legislativos, aunque el Congreso dispone de mecanismos para levantar esos vetos. También participa en decisiones institucionales de largo alcance.
Entre ellas está la propuesta de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional, para la que se exige una mayoría de tres quintos. Ganar la mayoría absoluta del Senado no basta, por sí solo, para controlar esa elección.
Esa diferencia entre mayorías explica el alcance de la batalla: el 29N decidirá quién controla la Cámara, con qué margen puede hacerlo y cuánto necesita negociar con los demás.