El despacho de Unai Sordo, secretario general del sindicato Comisiones Obreras, se ubica en la sexta planta de un monumento al brutalismo madrileño, ubicado en el castizo distrito de Chamberí. Dirige la mayor central sindical española, con más de un millón de afiliados y más de cien mil delegados en las empresas del país.
Sordo (Barakaldo, 1972) recibe a DEMÓCRATA un día antes de celebrar un Consejo Confederal, en un momento de especial complejidad, tras meses de bloqueo casi absoluto al impulso reformista del Gobierno de PSOE y Sumar y un ambiente de fin de ciclo en el que las fuerzas de izquierda parecen más centradas en resituar posiciones que en postular una alternativa al avance de PP y Vox.
La entrevista se prolonga durante casi una hora en la que Sordo analiza las claves que han condicionado la legislatura y el diálogo social durante estos últimos años y también la deriva del debate político en España. Esta es sólo la primera parte de una entrevista que se publicará en dos entregas.
PREGUNTA: Entramos en la recta final de la legislatura, sin saber todavía cómo será de larga. ¿Qué balance hace?
RESPUESTA: Desde el principio ya intuíamos la dificultad de aprobar proyectos reformistas de cierta ambición y calado porque la mayoría de investidura no era una mayoría progresista. En todo caso, se están comprobando los efectos de algunas reformas que pactamos en la anterior legislatura. En política no todo es hacer leyes. Estamos en récord de personas trabajando, por primera vez sube a la vez el empleo, el salario medio y la productividad. Hay variables macro que han ido bien, pese a no haber tantas leyes.
La otra cara de la moneda es la desigualdad, que sigamos teniendo a un 30-40% de trabajadores con salarios medios bajos. Es una legislatura muy distinta a la anterior, con mucho menos vigor reformista y muy mediatizada por una agresividad política extrema que es un poco lo que ha marcado el tono.
CRISIS DE VIVIENDA
P: El precio de la vivienda es parte de esa otra cara de la moneda. ¿Qué reproche puede hacerle al Gobierno?
R: Haber generado una expectativa que no se corresponde con su capacidad real de intervención. La Ley de Vivienda está bien orientada pero se queda muy corta y no permite trascender de la división de competencias que hay entre Estado central, comunidades autónomas y municipios.
"La Ley de Vivienda no es suficiente. Esto no lo arreglas sólo topando los alquileres"
Hay un gap muy grande entre las expectativas y la realidad, con unos precios absolutamente agresivos y tensionados. Que esto ha sido así siempre en España desde hace muchos años, pero ahora con más población, el uso turístico de la vivienda… Las medidas que el Gobierno pone encima de la mesa pueden estar mejor o peor orientadas, pero son netamente insuficientes.
Lo que hace falta es un gran acuerdo institucional y que todo el mundo, desde sus competencias, reme en la misma dirección. Y no hay ninguna voluntad porque no se hace una lectura crítica de unas políticas que están mal orientadas desde hace cinco décadas. Y por eso la vivienda está concebida como un bien de ahorro, de inversión o de especulación, y no está concebida todavía como un bien social para poder vivir.
P: ¿Por qué dice que la Ley de Vivienda se quedó corta?
R: Si las comunidades no quieren topar precios, tendría que haberse reservado que lo pudieran hacer los municipios o el propio Estado. Haber buscado una salida, porque haces esa ley y en las elecciones autonómicas once de las diecisiete comunidades las gobierna el PP, que concibe la vivienda como un bien especulativo y no quiere reducir los precios.
"La CEOE ha buscado ser más lobby en el Congreso que agente social esta legislatura"
La Ley de Vivienda no es la palanca idónea, no es suficiente para hacer frente a un problema que se ha larvado durante muchos años. Esto no lo arreglas sólo topando los precios de los alquileres. Hacen falta muchas cosas y algunas dan resultado a medio y largo plazo, y muy poquitas a corto plazo. Y hoy en día la política se mueve en tiempos muy cortos.
CONTROL HORARIO
P: Ha hablado de la aritmética parlamentaria como un problema para aprobar normas, pero el Gobierno puede sacar mucha regulación a través de desarrollos reglamentarios. Es el caso, por ejemplo, del registro horario. ¿Cuál es su valoración de que esté retrasándose tanto después de ser un tema central?
R: No tiene ninguna justificación, porque están mareando la perdiz desde hace un tiempo. Tenemos el compromiso de aprobación antes de verano pero no lo hemos visto. Sé que ha generado controversias y hay mucho sector empresarial que lo ve con muy malos ojos. No hay más que ver el volumen de horas extras no pagadas ni cotizadas que salen en la EPA cada trimestre. Es un absoluto escándalo.
P: ¿Quién está mareando la perdiz?
R: Pues el Gobierno, evidentemente. Te pierdes un poco si de verdad hay una disputa interna. Uno te dice que sí, el otro te dice que está de acuerdo, pero a la hora de la verdad no sale. Cuando no sale, eres consciente de que algo pasa y hay tensiones.
OBSERVATORIO DE MÁRGENES SALARIALES
P: Otra cuestión pendiente que no necesita ni de un decreto es llevar información sobre los márgenes empresariales a las mesas de negociación colectiva.
R: Además, el Observatorio de Márgenes fue una propuesta de Comisiones Obreras que el Gobierno hizo suya. Me sorprende mucho la resistencia empresarial, con cierta ironía pero sólo con cierta, porque permitiría conocer cuál es la marcha real de las empresas en una mesa de negociación de un convenio colectivo.
"El retraso en el control horario no tiene ninguna justificación. El Gobierno está mareando la perdiz"
Daría muchas pistas para pactar la evolución de los salarios, y los empresarios debieran estar también por la labor. Una negociación con transparencia se supone que es una negociación mejor. Cuando alegan que las empresas no van bien y no hay suficiente para subir salarios ahí tendrían un espacio para justificarlo. Y, sin embargo, siempre se han opuesto.
P: Pero aquí la resistencia directamente es del Gobierno, concretamente del Ministerio de Hacienda, por lo que nos consta.
R: Sí, es una agregación de datos puedes cruzar datos de Hacienda, el IVA soportado por las empresas y el IVA repercutido, los datos de la Seguridad Social… Aquí siempre alegan problemas de protección de datos, pero no tienes por qué identificar a la empresa.
P: Es un código concreto asociado al convenio.
R: Claro, son códigos, porque cada convenio abarca una serie de CNAE y las empresas tienen un CNAE adscrito. Habrá diferencias entre empresas, pero permite una visión muy microscópica de cuál es la marcha real de un sector. Sería un salto cualitativo muy importante en la información de la que se dispone en la negociación colectiva.
Es muy curioso, porque a nadie le duelen prendas poner los datos encima de la mesa cuando, en vez de negociar la subida de los salarios, hay que negociar recortes o cuando hay un ERE o hay que requerir ayudas. Ahí nadie se acuerda de la protección de datos. Es bastante cínico todo.
EL PAPEL DE LA CEOE
P: ¿Qué le reprocha a la patronal durante estos años? El trabajo legislativo ha estado bloqueado pero el diálogo social va mucho más allá de lo que pase en el Congreso o en el Consejo de Ministros.
R: Creo que la patronal funcionó a favor de obra a raíz de la pandemia porque el grueso de las medidas pactadas eran fundamentales para mantener el tejido productivo. Al perder el reflujo de los acuerdos de los ERTE, se ha puesto en una posición muy preventiva, no deseaba llegar a grandes acuerdos.
Creo que en el mundo económico se encendió una alarma por los resultados de unas reformas contrarias a las que históricamente se habían hecho. Que la reforma laboral, subir el SMI o la intervención pública de los ERTE no sólo no destruyan empleo, sino que lo impulsen y mejoren su calidad, rompe totalmente los mantras y el paradigma neoliberal aplicado al mercado de trabajo.
CEOE ha reculado para no negociar, o negociar sin voluntad real de llegar a un acuerdo, porque ha hecho una lectura política de la legislatura muy clara: hay mayoría de investidura pero no progresista, y ha hecho más de lobby con los grupos, sobre todo a través de Junts, para bloquear las reformas más ambiciosas, como la reducción de jornada. En el fondo es una apuesta por ceder papel como agente social y buscarlo más como lobby hacia los partidos políticos. Tomamos nota.
P: ¿A qué se refiere?
R: Es muy fácil hacer apelaciones retóricas sobre la importancia de la autonomía del diálogo social y decir que nos dejen en paz, y luego a la mínima que han podido han aprovechado mucho más la correlación de fuerzas para debilitar el diálogo con el Gobierno y las organizaciones sindicales.
"Cuando negocias con Junts sabes que da igual, su jugada va por otro lado. Es bastante loco todo"
Y además achacándonos a nosotros que éramos ventajistas porque el Gobierno compartía un poco nuestra visión. Nosotros ya demostramos en la reforma laboral que, si hubiéramos sido ventajistas, hubiéramos puesto pie en pared y hubiéramos sido más ambiciosos con temas que se quedaron sin cerrar, como el despido. Lo que pasa es que nosotros priorizamos un acuerdo porque sabemos que la legislación laboral, cuando es acordada, es mucho más eficaz.. Ahí CEOE no ha sido muy leal.
EL PAPEL DE JUNTS
P: Al principio de legislatura Junts no tenía una posición tan contundente y llegó incluso a ceder en una votación sobre alquileres después de tumbar una reforma por la presión social que se generó. ¿Cree que quizás ha faltado más movilización o presión, en la línea como la que menciona de CEOE hacia Junts?
R: Nosotros lo hemos intentado. En Barcelona hemos movilizado bastante activos sindicales y Junts ha notado la presión. Por eso está muy enfadado con nosotros. Vivimos tiempos en los que hay partidos políticos que se mueven en claves muy raras. Junts es un partido que cuando estás negociando algo sabes que da igual lo que está encima de la mesa porque su jugada va por otro lado, que no tiene nada que ver y que a veces es desconocida. A veces se mueven terrenos un poco, no sé cómo llamarlo, metapolíticos. Es bastante loco todo, es un partido muy impredecible. Es verdad que tiene una genética de centro-derecha muy posconvergente, que en muchos aspectos económicos puede estar incluso a la derecha del PP. No era un aliado muy fiable, como se ha demostrado.
¿POR QUÉ NO UNA HUELGA GENERAL?
P: Ante toda esa resistencia y actitud de bloqueo, ¿han llegado a plantear o estudiar la posibilidad de convocar una huelga general?
R: Es que la huelga general… ¿se puede convocar una huelga general vinculada al bloqueo de los convenios colectivos? Pues se puede hacer, pero claro, tampoco ha habido un bloqueo general de los convenios colectivos.
Hay que elegir bien las herramientas. La huelga general en España está muy vinculada a una impugnación a la totalidad de una política económica, no por una medida o por dos. No tendría el más mínimo sentido cuando compartimos las líneas básicas de la política laboral que se ha hecho. A partir de ahí, una huelga vinculada por ejemplo al bloqueo de los salarios o a la negociación colectiva…
P: O a la falta de aplicación de los topes del alquiler
R: Pero eso es otro tipo de movilización. Utilizar una movilización estrictamente laboral para una reivindicación que no lo es, aunque afecta particularmente a los trabajadores, hay que pensarlo bien. Veo más la necesidad de convergencia con movimientos sociales y diseñar las movilizaciones que sean precisas.
Si hubiera habido un bloqueo generalizado de la negociación colectiva igual había que haberlo explorado, como ha habido huelgas sectoriales. Pero es que la aplicación de las cláusulas de revisión salarial en los convenios el año pasado han estado en torno al 4% o más. Han ganado poder adquisitivo. En ese contexto no acabo de entender una huelga general.
P: Creo que el punto más crítico sería la vivienda.
R: Sí, sí. Y luego donde pueden estar los motivos de una movilización es en la desigualdad salarial. La mitad de los trabajadores prácticamente están cobrando 2.000 euros brutos o menos al mes. ¿Pero arreglas eso con una huelga? ¿O es más lógico tensionar los convenios colectivos donde trabaja esa gente? Muchos son sectores feminizados, con mucho tiempo parcial, en peores condiciones, que precisamente para hacer una huelga general… Yo soy más de ir a guerra de guerrillas y tensionar los convenios colectivos. Y ahí sí vamos a dar pasos en las próximas fechas.
Esta es solo la primera entrega de la conversación. En la segunda parte, que verá la luz en los próximos días, abordamos cuestiones como el sistema público de pensiones, la migración, el debate fiscal en España o el papel que desempeña el actual modelo autonómico en la disputa política: "Tal y como se ha acabado de configurar, se ha convertido en una trampa para osos para la izquierda".