El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, ha recibido ya el respaldo formal del Partido de los Trabajadores (PT) para buscar la reelección a un cuarto mandato en los comicios del próximo 4 de octubre, una vez concluido este domingo el congreso nacional de la formación celebrado en Sao Paulo.
Durante su intervención de aceptación, Lula ha advertido de que, si vuelve a imponerse en las urnas, se mostrará en su faceta más contundente para terminar de moldear el rumbo del país. "No quiero a un Lula pacifista. Quiero a un Lula duro, que haga lo que nosotros (el PT) no hemos terminado de hacer, porque ya nos hemos ocupado de lo básico", ha señalado.
El dirigente brasileño ha asegurado que ejercerá el poder con total transparencia y sin recurrir jamás a la mentira, en alusión directa a sus contrincantes. "Todo el mundo sabe que somos el único candidato que no tiene que mentir ni inventar nada en esta campaña. No tenemos que inventar nada que decirle al pueblo. Quienes lo han hecho pueden prometer más. Quienes no lo han hecho no tienen nada que prometer", ha afirmado, en un discurso trufado de guiños al fútbol, el deporte nacional, y a una de sus mayores leyendas.
"Pelé solo jugó cuatro mundiales. Este es mi séptimo mundial, y quiero el cuarto título", ha proclamado Lula, antes de admitir que un eventual cuarto mandato podría abocarle a un choque frontal con el Congreso brasileño, tras meses de fricciones sobre los límites de las atribuciones presidenciales.
Como ejemplo de esta tensión institucional, se recuerda que Lula propuso al fiscal general, Jorge Messias, para ocupar una vacante en el Tribunal Supremo, pero su candidatura fue rechazada por el pleno del Senado.
"No puedo permitir que el presidente pierda sus derechos. El derecho a nombrar a un magistrado del Tribunal Supremo, a nombrar a un director. En otras palabras, ¿qué derechos tendrá el Presidente de la República en poco tiempo?", se ha preguntado.
En este nuevo ciclo electoral, Da Silva se presenta como referente de la izquierda en América Latina frente a los emergentes líderes de la derecha regional, entre ellos el presidente electo de Colombia, Abelardo De la Espriella, y su figura más visible en la actualidad, el mandatario argentino Javier Milei. Este último provocó el pasado fin de semana un serio roce diplomático entre Buenos Aires y Brasilia tras insultar al presidente brasileño durante su agitada visita a Brasil para apoyar al principal adversario de Lula, el senador Flávio Bolsonaro.
Lula llega a la carrera electoral en una posición ventajosa, en gran medida porque Flávio no está logrando articular una coalición de partidos sólida a su alrededor, lastrado por la influencia de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple en su domicilio una condena de 27 años por intento de golpe de Estado.
Sin embargo, la ciudadanía brasileña muestra un rechazo notable hacia ambos contendientes. Un sondeo de Datafolha difundido el día 24 reveló que el 46% de los encuestados aseguró que no votaría al aspirante del PT bajo ninguna circunstancia, mientras que el 48% expresó la misma negativa respecto a Flávio.
De acuerdo con la misma encuesta, Lula concentra el 40% de las intenciones de voto de cara a la primera vuelta, situándose ocho puntos por delante del senador Flávio Bolsonaro, que alcanza el 32%. En el estudio anterior, publicado el 20 de junio, el presidente registraba el 41% y el senador, el 31%. Al igual que en 2022, Geraldo Alckmin repetirá como candidato a la Vicepresidencia.