El responsable de OCHA sostiene que si existen billonarios en el mundo también es posible erradicar el hambre y la enfermedad

Tom Fletcher reclama voluntad política y más solidaridad global para financiar la ayuda humanitaria y evitar hambre, enfermedad y desplazamientos masivos.

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El secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y responsable de OCHA, Tom Fletcher Michael Kappeler/dpa

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El secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y máximo responsable de OCHA, Tom Fletcher, sostiene que lo único imprescindible para poner fin al hambre, las enfermedades y el desplazamiento forzoso es la “voluntad política” en un planeta donde ya existen billonarios, y alerta de que la apatía ante el sufrimiento en numerosas regiones “no sale gratis”.

“Nuestro mensaje es claro: un mundo que puede convertir millonarios en billonarios también tiene los recursos para evitar la hambruna, la enfermedad y el desplazamiento”, afirma Fletcher en una entrevista con Europa Press, realizada pocos días después de que Elon Musk se haya convertido en el primer billonario del planeta.

“Lo que falta es voluntad política y una solidaridad sostenida con las personas menos afortunadas”, critica. Según los cálculos de la ONU, para alcanzar este objetivo bastaría con el equivalente a tres días y medio del gasto militar mundial, la mitad de los bonus anuales que se reparten en Wall Street o el 5% de lo que se destina cada año a refrescos con gas.

No obstante, esa solidaridad no se materializa y, en los últimos años, los presupuestos que los Estados reservan a la ayuda humanitaria han disminuido de forma notable. Esto repercute directamente en el trabajo de las agencias de la ONU y de las ONG, y en las personas a las que asisten, que ven cómo la ayuda se reduce o incluso se retira. “Nos estamos viendo obligados a decisiones devastadoras sobre a quién podemos atender y a quién no”, reconoce Fletcher.

Para este año, Naciones Unidas lanzó un llamamiento por 33.600 millones de dólares (unos 29.200 millones de euros) con el fin de asistir a 135 millones de personas que necesitan ayuda en todo el planeta, dando prioridad a 87 millones que “se enfrentan a las crisis más graves y a las amenazas más acuciantes”, para quienes reclamó 23.000 millones de dólares (unos 20.000 millones de euros). “Hemos tenido que priorizar con mucho rigor no porque las necesidades hayan disminuido sino porque lo han hecho los recursos”, aclara.

Hasta el momento, se ha logrado asistir a 24 millones de personas y se han recibido o están comprometidos más de 10.000 millones de dólares (unos 8.700 millones de euros). “La ayuda está llegando a millones de personas, se están salvando vidas, se está alimentando a familias, se están previniendo enfermedades”, admite el responsable de OCHA, que insiste, sin embargo, en que “decenas de millones de personas siguen esperando”.

La indiferencia tiene consecuencias

En este contexto, Fletcher confiesa su inquietud ante el riesgo de que “nos estemos acostumbrando con lo inaceptable”. “Vivimos un tiempo marcado por la fuerza, la brutalidad, la impunidad y, demasiado a menudo, un sentido de responsabilidad mutua en declive”. Aun así, advierte de que “la historia nos demuestra que la indiferencia no sale gratis”.

“Las crisis tienen efectos dominó que van más allá de las fronteras nacionales. El movimiento humanitario actúa como red de seguridad global de último recurso y en un mundo fracturado e inestable, no solo es moralmente lo correcto sino lo estratégicamente inteligente”, defiende.

Durante los 18 meses que lleva en el cargo, el jefe de la OCHA ha recorrido “muchas de las crisis más brutales e inhumanas” como Gaza, Sudán o Ucrania. “Una de las partes más duras de mi trabajo es conocer personas que preguntan si alguien sabe lo que les está pasando”. “Nuestra respuesta tiene que ser que sí: la humanidad significa rechazar permitir que comunidades enteras se conviertan en invisibles”, subraya.

Crisis encadenadas y necesidad de prevención

De cara al futuro, advierte de que “las crisis cada vez chocan más entre sí”. “Los conflictos, los envites climáticos, la inestabilidad económica, el desplazamiento y la enfermedad no son amenazas aisladas, se refuerzan entre sí”, recalca, alertando de que, en el escenario actual, “una crisis local puede rápidamente convertirse en regional o global mañana”.

En este sentido, llama la atención sobre el hecho de que “la próxima gran crisis humanitaria podría no surgir de un único acontecimiento, sino de múltiples presiones que golpean a comunidades vulnerables al mismo tiempo”. Por ello, reivindica que es imprescindible “invertir en prevención, diplomacia y acción temprana”.

“Tenemos que anticipar las necesidades antes de que la crisis golpee”, insiste Fletcher, para quien “la mejor respuesta humanitaria es la que nunca tengamos que lanzar porque se ha evitado primero el sufrimiento”.

A pesar de todo, el responsable de OCHA conserva el optimismo. “Donde quiera que voy”, afirma, “veo una valentía extraordinaria: familias determinadas a reconstruir y trabajadores humanitarios determinados a hacerlo con ellos, a menudo con un gran riesgo personal, porque se niegan a rendirse”.

“La esperanza no es un optimismo ciego, la esperanza es acción con propósito. Es la elección de seguir presentándose cuando más importa, defender nuestra humanidad compartida y salvar las vidas que sabemos que podemos salvar”, concluye.

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