Etiopía reivindica sus intereses legítimos en el mar Rojo y el Nilo ante medidas coercitivas y desestabilización

Etiopía reafirma sus intereses en el mar Rojo y el Nilo en plena escalada con Egipto, Sudán, Eritrea y el TPLF, mientras la Unión Africana matiza su postura.

4 minutos

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, en una fotografía de archivo Sofya Sandurskaya / Zuma Press / Europa Press

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, en una fotografía de archivo Sofya Sandurskaya / Zuma Press / Europa Press

Añadir DEMÓCRATA en Google

Pregunta a FREN

Publicado

4 minutos

Más leídas

El Gobierno etíope ha subrayado este lunes que sus “intereses legítimos” en el mar Rojo y su papel en la cuenca del Nilo no deben verse condicionados por “las medidas coercitivas” ni por “los actos de desestabilización”, en un contexto de crecientes fricciones con varios países vecinos y de la ofensiva lanzada por el Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) en el norte del país.

En un comunicado, el Ministerio de Exteriores ha recordado que Etiopía “es la fuente” del Nilo Azul, que “contribuye en cerca de un 85% del flujo total del río Nilo”, y ha insistido en que “el mar Rojo es un cuerpo marítimo con el que Etiopía está conectado a nivel geográfico e histórico”.

El texto destaca que, “a pesar de los cambios en las fronteras políticas con el paso del tiempo, Etiopía sigue conectada estrechamente con el mar Rojo, dado que su frontera más cercana está a apenas 30 millas (alrededor de 48 kilómetros) de la costa”, según ha difundido la propia cartera en redes sociales.

Por ello, el Ministerio recalca que toda “discusión seria” sobre estos asuntos debe considerar “estas realidades fundamentales” y “Los intereses legítimos” del país, remarcando que “estas realidades geográficas e históricas no pueden verse alteradas por la retórica política, las medidas coercitivas o los actos de desestabilización”.

Asimismo, el comunicado advierte de que “las acciones llevadas a cabo a través de grupos subsidiarios o los actos de agresión no cambiarán los hechos sobre el terreno ni disminuirán los intereses legítimos, el papel y las responsabilidades de Etiopía en la región”, al tiempo que recalca que Adís Abeba “busca interacciones pacíficas, respeto mutuo y cooperación regional”.

En esta línea, el Gobierno afirma que “Etiopía está preparada para defender su soberanía, su integridad territorial y sus intereses nacionales fundamentales”, e insta “a todos los actores regionales” a encarar los “desafíos compartidos” mediante “un diálogo constructivo, la asociación y el respeto a los principios de buena vecindad”, y no “a través de la confrontación y los cálculos de suma cero”.

El mensaje se publica en plena degradación de las relaciones de Etiopía con Egipto, Sudán y Eritrea por la gestión de las aguas del Nilo y la ofensiva del TPLF. Adís Abeba acusa a estos países de respaldar al grupo tigriña en el marco de sus disputas por la presa en el Nilo Azul y por la aspiración etíope de lograr acceso al mar Rojo, lo que también ha generado fricciones con Somalia.

La ofensiva del TPLF, iniciada el 23 de septiembre, ha provocado el cierre de la Embajada etíope en Eritrea y la expulsión de los diplomáticos eritreos, a lo que Asmara respondió rompiendo relaciones diplomáticas con Adís Abeba. Las autoridades etíopes señalan directamente a Eritrea por su apoyo al TPLF, tras haber sido aliada de Etiopía entre 2020 y 2022, periodo en el que el restablecimiento de las relaciones bilaterales llevó al primer ministro Abiy Ahmed a recibir el Premio Nobel de la Paz.

Las tensiones se han trasladado también a los vínculos con Egipto —con expulsiones recíprocas de diplomáticos— y con Sudán, después de que el jefe del Ejército etíope, el mariscal de campo Birhanu Julan, acusara a Egipto, Sudán y Eritrea de respaldar una nueva alianza de grupos opositores, algunos armados, con el objetivo de derrocar al primer ministro y “desestabilizar y debilitar” al país, algo que los tres Estados han rechazado.

Respuesta y matices de la Unión Africana

En paralelo, la Unión Africana (UA) ha difundido en las últimas horas una “aclaración” sobre su comunicado de la semana anterior, en el que mostraba preocupación por el aumento de las tensiones entre Etiopía, Eritrea y Egipto e instaba a los tres a actuar con máxima contención para evitar una escalada que ponga en riesgo la paz y la estabilidad regional.

El organismo continental ha precisado que dicha nota “no buscaba e ninguna forma apuntar responsabilidades por la situación actual a ninguno de los países de la región, sino que simplemente pedía una reducción de las tensiones tras la expulsión de diplomáticos de tres capitales”, después de que El Cairo se quejara de que la UA lo estaba señalando directamente.

Según la UA, “el llamamiento a la contención, al mantenimiento de los canales de comunicación abiertos y al recurso a vías diplomáticas se realizó en consonancia con la responsabilidad institucional encomendada a la Comisión en virtud del Acta Constitutiva de la UA y del Estatuto de la Comisión de la UA, con el objetivo de prevenir cualquier malentendido, escalada o agravamiento de las tensiones que pudiera afectar a la estabilidad regional”.

El bloque añade que “la Comisión de la Unión Africana concede especial importancia a su estrecha relación con Egipto y valora sus posiciones, en su calidad de Estado miembro fundador de la UA y socio clave en la promoción de la paz, la seguridad, la integración y el desarrollo en el continente”, según un comunicado difundido en redes sociales.

Recrudecimiento del conflicto con el TPLF

El TPLF anunció el 23 de septiembre el inicio de una “guerra defensiva” contra las fuerzas federales etíopes y justificó su decisión “tras la intensificación de la invasión a través de varios métodos por parte del autocrático y genocida régimen del Partido de la Prosperidad (PP) de Abiy contra el pueblo de Tigray”, después de semanas de tensión y de un repunte de la violencia pese al acuerdo de paz sellado en 2022 en Sudáfrica.

Aquel pacto, firmado en Pretoria tras dos años de guerra en el norte de Etiopía, estableció que Tigray quedara administrada por un gobierno provisional aceptado por las autoridades federales. No obstante, a comienzos de mayo el TPLF se hizo con el control de las instituciones regionales, lo que desencadenó un nuevo choque político y acusaciones mutuas de violar los términos del acuerdo.