El expresidente de República Democrática del Congo (RDC) Joseph Kabila ha sido designado máximo responsable de un nuevo frente político-militar que integra al Movimiento 23 de Marzo (M23) y que toma el relevo de la Alianza Río Congo (AFC, por sus siglas en francés), reforzando así su peso político y militar tras la insurgencia contra su sucesor, Félix Tshisekedi.
Este nuevo bloque, denominado Frente para la Refundación de la Nación (FRN), fue presentado oficialmente el lunes en la residencia de Kabila en Goma, en el este del país, ciudad controlada por el M23 junto a otras áreas de Kivu Norte y Kivu Sur, donde el exmandatario permanece desde hace meses.
El FRN contará con tres vicepresidencias. Una de ellas será ocupada por el ex presidente de la Comisión Electoral de RDC, Corneille Nangaa, hasta ahora dirigente de la AFC. Las otras recaen en Bertrand Bisimwa, líder del M23, y en Sultani Makenga, jefe del Estado Mayor de esta milicia, apoyada por Ruanda.
Durante el acto de lanzamiento se leyó la declaración política del FRN, en la que se sostiene que “la crisis que atraviesa RDC es esencialmente endógena y deriva de la irresponsabilidad y las malas elecciones de Kinshasa, por una parte, y su ilegitimidad a raíz de las caóticas elecciones de 2023”, al tiempo que se denuncian “violaciones intempestivas a intencionadas de la Constitución y las leyes de la República”.
El texto responsabiliza igualmente a Tshisekedi de la “fragilización de las instituciones, la persistencia de la inseguridad, la escalada de tensiones, la discriminación, el tribalismo, la xenofobia, la ruptura de la cohesión social, las repetidas violaciones de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, y la gestión desastrosa de los recursos nacionales”, factores que habrían desembocado en “un continuo deterioro de las condiciones de vida” de la población congoleña.
“En el plano político, el régimen intolerante establecido en Kinshasa se caracteriza por una marcha regresiva de la democracia, el establecimiento de la tiranía y el pensamiento monolítico; el desprecio por los textos legales ha llevado a la bancarrota del Estado”, ha argumentado el FRN, subrayando además que Tshisekedi emplea el aparato estatal en su propio beneficio para perpetuarse en el poder.
La alianza acusa también al presidente de haber optado por la vía militar: sostiene que “ha elegido la guerra en lugar de la paz, una guerra que no sabe llevar a cabo ni ganar”. “Se contenta con asesinar, masacrar, bombardear indistintamente a civiles indefensos y destruir infraestructuras básicas como escuelas, hospitales, puentes, iglesias y mercados”, prosigue el comunicado, antes de advertir de que Tshisekedi habría procedido asimismo a “desmantelar el Ejército con la creación y legalización de milicias radicales y con ideología genocida”.
En este punto, el FRN señala directamente a las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) —creadas por extremistas hutus huidos de Ruanda tras el genocidio de 1994— y a las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), que juraron lealtad al grupo yihadista Estado Islámico y actúan desde hace años en el este de la RDC bajo su bandera.
Según la nueva coalición, su aparición responde a los obstáculos impuestos por Kinshasa al proceso de paz y nace “para hacer frente a un cuadro macabro en un país en peligro”, razón por la que sus integrantes han decidido “mutualizar sus fuerzas, recursos y medios” con el objetivo de “crear un marco de acciones a través del cual todos los congoleños al unísono acometan la labor de liberar su país”.
“El FRN señala que la crisis que atraviesa RDC no es una simple disputa pasajera entre políticos de tendencias opuestas. Tampoco es una crisis meramente de seguridad. Es, a la vez, política, económica, de seguridad, moral, institucional, social y humanitaria”, ha explicado la plataforma, que alerta de que el escenario actual “representa una verdadera amenaza existencial para la República como Estado y como nación”.
En consecuencia, el frente hace un llamamiento “a todos los congoleños, en toda su diversidad”, a sumarse a este nuevo proyecto “con el fin de salvar el país”. “El FRN no aspira a ocupar un lugar en un sistema en quiebra, sino que propone una alternativa de refundación nacional”, ha sostenido.
“No se trata de sustituir un clan por otro, sino de reconstruir un Estado capaz de proteger, impartir justicia, garantizar la ciudadanía para todos, redistribuir equitativamente la riqueza, asegurar la reconciliación nacional, garantizar el retorno digno de refugiados y exiliados políticos, e involucrar realmente a las provincias en las decisiones que determinan su futuro”, ha zanjado el comunicado.
El regreso de Kabila a la primera línea
La puesta en marcha del FRN marca el retorno de Kabila, de 55 años, al centro de la escena política congoleña. El exmandatario dirigió el país entre 2001 y 2019, cuando traspasó el poder a Tshisekedi, entonces líder opositor, tras unos comicios aplazados durante años en medio de acusaciones de que buscaba prolongar su permanencia en la Presidencia.
Kabila asumió la jefatura del Estado en 2001 tras el asesinato de su padre, Laurent Kabila, a manos de uno de sus escoltas. En 2006 ganó las primeras elecciones democráticas desde la independencia de Bélgica, aunque sus mandatos estuvieron rodeados de denuncias por violaciones de Derechos Humanos y represión contra la sociedad civil y la oposición.
Ya con Tshisekedi en el poder, este acusó a su predecesor de apoyar al M23 después de que la milicia se hiciera con Goma y Bukavu en una rápida ofensiva en el este del país, lo que elevó la tensión y alimentó el temor a un enfrentamiento directo entre RDC y Ruanda.
El antiguo presidente abandonó el país en 2023 y regresó en 2025 a Goma, ya bajo control del M23. Poco después, el Tribunal Superior Militar de RDC lo condenó en rebeldía a la pena de muerte por crímenes de guerra, traición y participación en una insurrección, al considerarlo el “líder indiscutible” de la AFC, brazo político del M23 ahora sustituido por el RFN.
La Fiscalía congoleña ya había reclamado la pena capital contra Kabila —después de que el Senado aprobara retirarle la inmunidad parlamentaria— al atribuirle la autoría intelectual de una serie de atrocidades, entre ellas asesinatos, ejecuciones sumarias, violaciones y deportaciones forzosas perpetradas por combatientes del M23 en el este del país.
En reacción a la sentencia, el M23 denunció que la condena a muerte contra Kabila constituía una “violación” de los acuerdos alcanzados para tratar de poner fin al conflicto. A estas críticas se sumó el Frente Común por el Congo (FCC), plataforma política vinculada al expresidente, cuyas actividades fueron suspendidas semanas después por las autoridades junto con las de otras formaciones opositoras.
La irrupción del FRN se produce, además, en un escenario de bloqueo del proceso de paz auspiciado por Estados Unidos, que desembocó en un acuerdo firmado en diciembre de 2025 entre RDC y Ruanda sin resultados tangibles sobre el terreno. Tampoco ha cuajado el alto el fuego pactado en julio de 2025 con mediación de Qatar, que ha sufrido decenas de vulneraciones desde su entrada en vigor.