Al menos ocho personas han sido arrestadas este viernes en Roma durante una nueva jornada de protestas contra el Ejecutivo de la primera ministra, Georgia Meloni. Las movilizaciones arrancaron de forma pacífica, pero al anochecer derivaron en graves incidentes en el centro de la capital italiana, con lanzamientos de botellas contra la Policía, cargas de los antidisturbios y el empleo de cañones de agua.
Las marchas de la mañana se desarrollaron sin altercados reseñables. No obstante, con el paso de las horas se avivaron los choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad. En la capital, un grupo se desmarcó de la manifestación principal para arrojar distintos objetos a los agentes y prender fuego a varios contenedores de basura, según han señalado medios italianos.
A medida que avanzaba la tarde, el clima se fue enrareciendo hasta que la situación desembocó en la detención de ocho personas que trataron de forzar el cordón policial y superar las barreras instaladas por los agentes.
En Turín, la Policía recurrió igualmente a cañones de agua y efectuó disparos con explosivos de estruendo para dispersar a los grupos que se aproximaban a los cordones. Ya de noche, se registraron nuevos choques cuando los concentrados lanzaron una intensa lluvia de botellas, lo que llevó a los agentes a responder con gases lacrimógenos.
La tensión se trasladó también a Mestre, próxima a Venecia, donde siete policías sufrieron contusiones y cortes al intentar contener a los protestantes que buscaban romper el bloqueo que mantenía cerrada la carretera. En la ciudad de Vicenza, en el noreste del país, diez personas entre manifestantes y agentes resultaron heridas en los disturbios.
En Milán, escenario de episodios de violencia y saqueos desde hace dos semanas, los participantes en las protestas recorrieron diferentes barrios dejando pintadas con lemas como “Meloni ahorcada”. En este contexto, la presencia de un contingente de 500 militares desplegados para reforzar la seguridad en la ciudad se ha prorrogado hasta el 31 de marzo de 2027.
Coincidiendo con la huelga general, la Unión Socialista Obrera Italiana (USB) organizó diversas concentraciones en ciudades como Roma, Turín y Milán. El sindicato ha calculado que más de un millón de personas se han manifestado en todo el país, mientras que el Ministerio del Interior ha rebajado la cifra a tan solo 255.000 asistentes.
Estas protestas se enmarcan en un contexto de creciente presión económica sobre los hogares italianos, especialmente en las rentas bajas y medias, golpeadas por la inflación, el incremento del precio de la gasolina y el diésel y la congelación de los salarios. A ello se suma la dificultad de acceder a viviendas asequibles en los principales centros urbanos del país.