Desde el 1 de noviembre de 2026, la Misión de la ONU para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) ha pasado a formar parte del pasado. Con su disolución, 35 años después de ser creada para intentar encauzar por la vía democrática un conflicto originado tras la retirada española de su antigua colonia, se abre un escenario inédito que, según los expertos, podría derivar en una escalada entre Marruecos y el Frente Polisario.
El objetivo esencial de la misión, como dejaba claro su denominación, consistía en elaborar un censo y organizar un referéndum que permitiera a la población saharaui ejercer su derecho a la autodeterminación, después de que Marruecos se hiciera con el control de la mayor parte del Sáhara Occidental tras la salida española en 1976. No obstante, esta consulta jamás llegó a celebrarse y ha sido precisamente la letra 'R' de su acrónimo la que, en último término, ha precipitado su desaparición.
Estados Unidos presentó el 30 de octubre un proyecto de resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU en el que se calificaba el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como “la única base” para negociar una salida al contencioso y se proponía renovar la MINURSO, pero eliminando la palabra 'referéndum' de su nombre, iniciativa que Rusia vetó. A su vez, Moscú impulsó otro texto para prorrogar un año más el mandato de la misión, que fue bloqueado por Washington.
Ante este bloqueo, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, comunicó que el 1 de noviembre arrancaba el “periodo de liquidación” de la misión, subrayando al mismo tiempo que su final no implica la desaparición del derecho de los saharauis a la autodeterminación y reclamando a las partes “la máxima contención” ante el temor a una “escalada de las hostilidades”.
Sorpresa general y papel de contención perdido
“Ha supuesto un giro de guion inesperado que ha sorprendido a todos”, reconoce en declaraciones a Europa Press Miguel Hernando de Larramendi, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla La Mancha (UCLM). En la misma línea, Irene Fernández-Molina, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de Exeter, coincide en que el desenlace ha sido inesperado y que ahora se entra “en terreno desconocido”.
Ambos especialistas admiten que, en los últimos años, la actividad de la MINURSO se había reducido al mínimo. “No es que hiciera mucho pero estaba ahí y servía como efecto de contención y moderador” especialmente desde que el Polisario diera por roto el alto el fuego en noviembre de 2021, apunta Fernández-Molina.
“La MINURSO hace tiempo que no tiene ningún sentido”, sostiene igualmente Juan Soroeta, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad del País Vasco (UPV), remarcando que se había convertido en un “elemento simbólico”, dado que ya elaboró un censo que Marruecos nunca llegó a aceptar.
Pese a que los cerca de 200 efectivos con los que contaba apenas podían ir más allá de la mera observación, la inquietud ahora es que la ausencia de la misión ofrezca a las partes margen para intensificar un conflicto que, aunque de baja intensidad, se reanudó hace seis años.
La principal preocupación es que Marruecos, con una superioridad militar evidente, trate de avanzar sobre el territorio que queda al otro lado del muro bajo control del Frente Polisario (en torno al 20% de lo que fue el Sáhara español). Si esto llegara a producirse, “el riesgo de escalada es enorme”, alerta Fernández-Molina, quien también considera que el Polisario podría encontrar “incentivos para aumentar la intensidad de sus ataques”.
Por el momento, Marruecos, siguiendo las instrucciones de Mohamed VI, se ha apresurado a reiterar su compromiso con el alto el fuego, asegurando que este “no cambiará con el fin del mandato de la misión de la ONU”, cuyo cometido original el reino alauí considera superado desde hace tiempo, centrado ahora en afianzar internacionalmente su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí.
La estrategia marroquí y el papel de Rusia
Los tres analistas coinciden en que la desaparición de la MINURSO no era el desenlace que buscaba Rabat, como ponen de relieve las gestiones de la nueva primera ministra, Fatima Ezzahra El Mansuri, y del ministro de Exteriores, Naser Burita, que viajaron días antes a Moscú. Tal vez por ello, Rusia habría tenido el gesto de advertir con antelación a Marruecos de su veto, lo que permitió al reino preparar “un plan B” y “hacer de la necesidad virtud”, según interpreta Hernando de Larramendi.
Esto explicaría que Rabat difundiera casi de inmediato, tras el veto ruso, un comunicado en el que el gabinete real afirma que “se trata de una evolución importante y de un paso significativo hacia el cierre definitivo del expediente del Sáhara marroquí en las Naciones Unidas”.
Aunque la cuestión del Sáhara Occidental dejará de tratarse de forma periódica en el Consejo de Seguridad, seguirá figurando en la agenda de la Asamblea General de la ONU y de la denominada Cuarta Comisión, responsable de los territorios pendientes de descolonización, entre los que Naciones Unidas continúa incluyendo la antigua colonia española.
La atención se centra ahora en el debate del 10 de noviembre en la Asamblea General, donde Rusia deberá justificar su veto y donde cualquier Estado miembro podrá tomar la palabra. “Es posible que Marruecos intente aprobar una resolución que favorezca sus tesis, relativizando el papel del Polisario y hablando de otros actores”, señala Fernández-Molina.
Para el profesor de la UCLM, la prioridad de Rabat será reforzar el juego de mayorías, tratando de demostrar que la mayoría de países respalda su plan de autonomía, como destacaba esta misma semana un medio marroquí, que elevaba a 130 los estados que apoyarían la postura de Rabat. Sin embargo, Hernando de Larramendi recuerda que este apoyo presenta numerosos matices y que no todos se sitúan al nivel de Estados Unidos o Francia, que consideran el plan de autonomía como la única base viable para una solución.
Reacción del Polisario y equilibrio regional
En el campo del Polisario, el movimiento ha celebrado el veto ruso, insistiendo en el carácter inalienable del derecho de los saharauis a la autodeterminación. La alternativa, remarca Soroeta, “habría supuesto que se perdiera la 'R' de MINURSO y desapareciera el derecho de autodeterminación”, lo que en la práctica equivaldría a la integración del territorio en Marruecos.
El profesor de la UPV, al igual que Hernando de Larramendi, sostiene que Rusia ha actuado movida por sus propios intereses —es aliado tradicional de Argelia, principal sostén del Polisario— y con la mirada puesta en el vecino Sahel, donde desempeña un papel clave en el complejo tablero de yihadismo e inestabilidad que afecta a la región.
Ambos subrayan además que, llegado el caso y si lo considerara necesario, Argelia podría intervenir para respaldar al Polisario. “La única razón por la que Marruecos no controla ya todo el Sáhara Occidental es porque están Argelia y Rusia”, afirma Soroeta, mientras que su colega de la UCLM recuerda que el país magrebí ha reformado recientemente su Constitución para poder desplegar tropas en el exterior y tiene previsto enviarlas a Níger.
En este contexto, los tres expertos llaman la atención sobre el silencio de España ante los últimos acontecimientos, especialmente teniendo en cuenta que sigue siendo 'de iure' la potencia administradora del Sáhara Occidental y las posibles consecuencias de una escalada que derivara en un enfrentamiento directo entre Marruecos y Argelia, dos vecinos con un largo historial de tensiones.
El Ministerio de Asuntos Exteriores no ha contestado a las cuestiones planteadas por Europa Press al respecto. Desde el departamento que dirige José Manuel Albares no se precisa si se teme una escalada, si aún se confía en que la vía diplomática pueda prosperar o si el Gobierno estaría dispuesto a realizar gestiones para aproximar posturas entre las partes.