Más de tres millones de jóvenes de entre 18 y 24 años estarán llamados a las urnas en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, una convocatoria en la que el hartazgo hacia los partidos de siempre puede empujar a parte de esta generación a emplear el voto como “herramienta de protesta”, incluso sin sentirse plenamente identificada con el ideario del partido escogido.
La vicepresidenta y responsable del área socioeconómica del Consejo de la Juventud de España (CJE), Lucía Siles, interpreta que este tipo de voto responde, en numerosos casos, a una voluntad de “castigo” hacia quienes los jóvenes consideran responsables de que sus problemas continúen sin solución, más que a una adhesión firme a las propuestas de otras siglas.
“Muchas veces los sectores de la juventud que apoyan a este tipo de partidos políticos, que siguen siendo una minoría, lo hacen más en una acción de protesta o de castigo que con un apoyo explícito”, ha señalado Siles a Europa Press, describiendo esta conducta como una forma de rebeldía ante el sistema político vigente.
“Las opciones tradicionales no están dando solución a mis problemas, a mis condiciones materiales”, resume al explicar el razonamiento que puede llevar a algunos votantes a explorar otras opciones políticas como vía para trasladar su descontento.
Del 15M a nuevas expresiones de malestar político
El rechazo a los partidos tradicionales ya impulsó hace una década la búsqueda de alternativas, en un escenario marcado por la crisis económica y las protestas del 15M.
En las elecciones generales de 2015 y 2016, Podemos y sus confluencias canalizaron parte de la demanda de renovación y el rechazo al bipartidismo, en un contexto en el que nuevas fuerzas lograron abrirse paso frente a las formaciones que habían dominado la escena política española.
Diez años después, la presencia de Vox entre las principales preferencias de voto juvenil reaviva el debate sobre si las inclinaciones políticas de las nuevas generaciones responden a un movimiento pendular o a un malestar más profundo con el funcionamiento del sistema democrático.
Para Siles, no se trata tanto de un giro cíclico de la juventud entre izquierda y derecha como de una “crisis de las condiciones materiales de vida que también alimenta una crisis de representación política”.
En este escenario, advierte de que la ausencia de respuestas eficaces deja espacio para que nuevas fuerzas políticas canalicen la “frustración” de quienes no se sienten representados por los partidos de siempre.
Vox, segunda opción entre los jóvenes de 18 a 24 años
El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), correspondiente a octubre, sitúa al PSOE como primera fuerza entre los votantes de 18 a 24 años, con un 19% de intención de voto, seguido de Vox, con un 15,6%, y del PP, con un 11,9%. Además, un 14,8% de los consultados de este tramo de edad aún no ha decidido su papeleta.
El hecho de que Vox aparezca como segunda preferencia entre los jóvenes evidencia el peso de este partido en las decisiones electorales de ese grupo de edad, aunque estas cifras no permiten aclarar por sí mismas si el apoyo responde a una afinidad ideológica consolidada o a una actitud de “rebeldía” frente a las formaciones tradicionales.
En esta línea, Siles recalca que la juventud no es un bloque “homogéneo” y que la elección de una u otra opción política también depende de cómo cada persona interpreta los problemas y de qué causas les atribuye, aunque exista un conjunto de preocupaciones compartidas.
Este distanciamiento respecto a la política institucional también se refleja en el informe “Entre el cuestionamiento y el cambio: Discursos de la juventud sobre la democracia en España”, elaborado por el CJE, que recoge testimonios críticos con el funcionamiento de los partidos y su capacidad real para cumplir las promesas electorales.
“Los partidos políticos son una empresa (...) lo que quieren es mantenerse arriba, no caer abajo”, afirma uno de los jóvenes entrevistados en el estudio, que expresa la sensación de que las formaciones priorizan conservar el poder frente a las demandas de la ciudadanía.
Otros testimonios ponen en duda la capacidad del voto para influir en las decisiones públicas, aunque también hay jóvenes que defienden acudir a las urnas pese a sus reservas sobre la eficacia de la participación electoral.
Por otro lado, el barómetro del CIS indica que el 63,6% de los jóvenes de 18 a 24 años asegura que irá a votar con total seguridad, el porcentaje más bajo de todos los grupos de edad. Asimismo, un 23,8% declara que no se inclina por ninguno de los posibles presidentes del Gobierno incluidos en la encuesta.
Cómo reconstruir la confianza en la política
Ante este panorama, Siles considera imprescindible que los partidos refuercen su “capacidad para escuchar y responder a las demandas ciudadanas” y mejoren la “transparencia y la rendición de cuentas” si quieren recuperar la confianza en las instituciones.
Reclama, además, mecanismos que hagan posible una “participación juvenil efectiva”, de modo que las nuevas generaciones puedan intervenir tanto en el diseño de las políticas públicas como en la evaluación de sus resultados, junto con un mayor apoyo al tejido asociativo juvenil.
Con vistas al 29N, el desafío no se limita a movilizar el voto de los jóvenes, sino también a dar respuesta al desencanto de quienes sienten que las opciones tradicionales no defienden sus intereses y acuden a otras formaciones para mostrar su rechazo al modo en que funciona actualmente la política.