El marroquí Tamim K., de 37 años, que continúa viviendo en la calle en Ceuta desde que cruzó la frontera durante la entrada masiva del 30 y 31 de julio, ha contado a Europa Press las represalias que, según su experiencia y la de otros muchos migrantes con los que esta agencia ha hablado en los dos últimos meses, las autoridades de Marruecos imponen a quienes optan por volver voluntariamente a su país.
Relata que, al regresar, son recibidos entre golpes e insultos, se les confiscan los teléfonos móviles y después son subidos a autobuses que los llevan hasta zonas del desierto del Sáhara, a varios días de trayecto del norte marroquí. Es una práctica de la que ya advertían los migrantes que llegaban a Ceuta antes de la citada entrada masiva.
Según ha detallado Tamim, este método busca desanimar a quienes han logrado entrar en Ceuta para que no lo intenten otra vez. “Cuando te cogen te mandan al Sáhara. Y estás tres o cuatro días de viaje hasta tu casa. ¿Para qué? Para castigarlos y que no vuelvan a intentarlo”, ha señalado en un español fluido, que aprendió durante los más de nueve años que residió en España hasta que regresó a Marruecos tras la crisis económica de 2008, de acuerdo con su relato.
El propio Tamim asegura que ha conocido estos castigos a través de personas que han vuelto de forma voluntaria y se lo han contado a su regreso. Sostiene que, pese a estas medidas, no se está frenando el deseo de muchos de volver a intentarlo. “Pero no es suficiente. La gente va a seguir entrando, va a seguir arriesgando su vida”, ha indicado.
“El Gobierno ha abierto la puerta”
Este migrante también responsabiliza en parte al Gobierno de España de lo ocurrido tras la entrada masiva. Considera que la imposibilidad de devolver a quienes son interceptados cuando tratan de alcanzar Ceuta a nado generó unas expectativas que después fueron aprovechadas por miles de personas.
“El Gobierno español ha puesto la ley. Si viene alguien nadando, no lo van a devolver. Por eso ellos han abierto una puerta y ahora, cuando ha entrado todo el mundo, quieren cerrarla”, ha manifestado.
“No puede ser. El Gobierno tiene la culpa. Luego le echan la culpa a Marruecos de abrir la puerta”, ha reiterado Tamim, que reclama al Estado una solución para los migrantes que siguen atrapados en Ceuta y, posteriormente, el cierre de la frontera para impedir nuevas entradas. “Somos víctimas de la política. Marroquíes y españoles. Somos víctimas de la política”, ha resumido.
Nueve años en España y una hija en Extremadura
El marroquí insiste en que no llegó a Ceuta con la idea de encontrar prosperidad, ya que conoce bien la realidad española. Vivió más de nueve años en España, donde trabajó en varios sectores, como el campo y las ferias ambulantes. La crisis de 2008 truncó aquel periodo y le obligó a volver a Marruecos, según ha explicado.
Con el tiempo rehízo su vida en su país y, en 2017, conoció a una mujer española con la que tuvo una hija, que ahora tiene siete años y reside en Extremadura. Afirma que fue precisamente el deseo de reunirse con ella lo que le empujó a cruzar de nuevo hacia Ceuta.
“Yo conozco España perfectamente. Sé la situación que hay aquí. Sé que hay un montón de españoles en paro, que hay crisis. Yo crucé por un buen motivo. Tengo una hija aquí en España, nacida en España. Por el sufrimiento de mi niña me vine aquí. Si no, no vengo”, ha relatado.
Es consciente de que el Gobierno de España ha reiterado que las peticiones de asilo basadas únicamente en razones económicas o laborales no permiten permanecer en el país. Aun así, sostiene que muchos de los migrantes que siguen en Ceuta se resisten a volver por la situación económica que, según afirma, atraviesa Marruecos.
“Ellos --el Gobierno español-- tienen que entendernos. La economía de nuestro país va muy mal. Ni la salud, ni nada va bien. En Marruecos, nada. Por eso no queremos volver”, ha defendido.
Delincuencia, asentamientos y convivencia en la playa
Desde hace semanas, Tamim duerme en los asentamientos de la playa del Trampolín y asegura que no participa en la venta ambulante que se lleva a cabo en la zona, a pesar de las actuaciones policiales para impedirla. Considera incluso que la Policía Local tiene motivos para intervenir contra los vendedores.
“La Policía tiene razón. Aquí la gente paga sus impuestos para hacer eso. Sabemos que la ley española no permite vender aquí”, ha subrayado.
Reconoce igualmente que los migrantes no tienen permiso para levantar chabolas en la playa, aunque pide empatía ante la precariedad en la que se encuentran. “Sabemos que no tenemos derecho a estar aquí. Nosotros estamos contra todo esto, pero la situación nos ha dejado aquí. Si encontráramos algo mejor no estaríamos aquí”, ha apuntado.
El marroquí añade que la mayoría de los migrantes intenta mantenerse alejada de las peleas y de los incidentes que se registran en los asentamientos. “Hay un 1% que está haciendo ruido, que está borracha y tal. Pero la mayoría de la gente está muy amable, tranquila, quiere buscarse la vida”, ha asegurado.
Cuenta que él mismo evita salir de su chabola por la noche por miedo a verse envuelto en algún conflicto. “Hay gente que se pone con cuchillos y se pelea por un cigarro o por una pastilla de droga. Nosotros nos ponemos en riesgo”, ha descrito.
También entiende las protestas de los vecinos del Trampolín por los ruidos y recalca que los migrantes no han llegado a Ceuta con la intención de causar molestias. “Nosotros queremos estar en paz con la gente de Ceuta. Nos han ayudado mucho. Nos han dado de comer, dónde dormir, nos han dado sábanas, mantas* Agradecemos todo lo que la gente de Ceuta ha hecho por nosotros”, ha dicho.
“Hay buenos y malos por todas partes. En España, en Marruecos y en cualquier país. No se preocupen. Algún día volverá la normalidad”, ha insistido.
Al final, Tamim pide perdón a los ceutíes y al conjunto de la ciudadanía española por las molestias generadas durante la crisis y reclama que se dé prioridad a la atención de menores y mujeres: “Pedimos disculpas a toda la gente de Ceuta. Y pedimos disculpas a toda la gente de España”.