La Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) ve imprescindible intensificar la coordinación entre las autoridades de salud pública, los servicios de sanidad animal y los profesionales de Sanidad Ambiental para reforzar la vigilancia de los insectos vectores después de confirmarse el primer caso humano del virus Shamonda. La entidad insiste en que este trabajo conjunto debe abordarse desde una estrategia integral de prevención y control.
“Este primer caso humano es una señal que debemos tomar en serio desde el punto de vista científico y preventivo, pero sin caer en alarmismos. Todavía hay cuestiones importantes por esclarecer y es fundamental que las decisiones se apoyen en la evidencia disponible y en la evolución de las investigaciones”, señala Manuel García Howlett, director general de ANECPLA.
El virus Shamonda afecta sobre todo al ganado bovino, aunque también se ha identificado en rebaños de ovejas y cabras. Su propagación entre animales está vinculada a la picadura de pequeños insectos del género Culicoides, conocidos popularmente como jejenes. No se trata, por tanto, de los mosquitos más frecuentes en zonas urbanas, sino de otros dípteros hematófagos cuya presencia y actividad dependen, entre otros factores, de la especie, el área geográfica y las condiciones meteorológicas.
El patógeno se identificó por primera vez en animales de granja en Europa durante el verano de 2026 y, desde entonces, se ha localizado en explotaciones ganaderas de varios países europeos, incluido España. La detección de una infección en una persona abre un escenario diferente que exige profundizar en la investigación, aunque por sí misma no implica que exista una transmisión mantenida entre humanos ni un riesgo generalizado para la ciudadanía.
“La vigilancia de los vectores es una pieza esencial de la prevención. Para anticiparnos a posibles riesgos necesitamos conocer qué especies están presentes, dónde se encuentran, cuál es su actividad y qué patógenos pueden transmitir. Esa información permite orientar las medidas de control y actuar de forma proporcionada, en función del riesgo real”, explica García Howlett.
En esta línea, ANECPLA subraya que la gestión de los vectores debe apoyarse en criterios técnicos, en una vigilancia constante y en actuaciones ajustadas a las características de cada entorno. La detección temprana, el seguimiento entomológico y la intervención profesional cuando proceda contribuyen a reforzar la capacidad de respuesta frente a situaciones emergentes.
Para la asociación, la conclusión principal de este episodio es la importancia de afrontar los riesgos sanitarios desde una visión global. La salud humana, la sanidad animal y el medio ambiente están estrechamente conectados, por lo que la cooperación entre estos campos resulta clave para identificar cambios, compartir datos y aplicar medidas preventivas eficaces.
“Los riesgos emergentes no entienden de fronteras entre disciplinas. La salud ambiental debe formar parte de una estrategia coordinada con la salud pública y la sanidad animal. Solo mediante la colaboración, el intercambio de información y el trabajo de profesionales especializados podremos mejorar nuestra capacidad de anticipación y respuesta”, afirma Manuel García Howlett.