La Sociedad Española de Neurología (SEN) ha advertido de que la búsqueda obsesiva de un descanso ideal, denominada ortosomnia, puede generar el efecto opuesto al esperado, al favorecer la ansiedad anticipatoria, deteriorar la calidad de vida y, en consecuencia, desencadenar dificultades para dormir o insomnio.
“Un reciente estudio realizado con más de 500 adultos estimó que entre el tres y el 14 por ciento de los participantes cumplía distintos criterios de ortosomnia”, ha apuntado la coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la SEN, Celia García Malo, quien ha puntualizado que estos datos no permiten establecer prevalencia en la población general.
Aunque la ortosomnia todavía no figura como diagnóstico formal en las principales clasificaciones, se está detectando cada vez con mayor frecuencia en consulta, lo que podría llevar a incluirla como nueva categoría diagnóstica en la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño (ICSD-3).
Este fenómeno se vincula con el ‘sleepmaxxing’, una moda surgida en redes sociales que impulsa la idea de optimizar el sueño mediante estrictas rutinas, dispositivos y productos para mejorar el descanso, como relojes y anillos que puntúan la calidad del sueño, suplementos o cintas para mantener la boca cerrada.
Según ha explicado García Malo, prestar atención al descanso es beneficioso, pero cuando se transforma en una “obligación de rendir y producir”, obliga a “controlar cada minuto” y a “alcanzar una puntuación y rutinas perfectas”, se convierte en un “problema”.
Riesgos de prácticas cada vez más extendidas
Entre los aspectos que requieren especial precaución, la neuróloga ha mencionado los dispositivos de consumo que registran el sueño. Ha recalcado que, aunque pueden ser útiles para observar patrones generales, sus mediciones no sirven para diagnosticar insomnio ni para descartar la presencia de un trastorno del sueño.
“Algunas funciones concretas cuentan con validación o autorización sanitaria, pero esto no valida todas las métricas del dispositivo ni sustituye la evaluación clínica”, ha comentado.
Respecto al uso de cintas adhesivas para sellar los labios y favorecer la respiración nasal, práctica conocida como ‘mouth taping’, ha indicado que la evidencia científica disponible es “limitada”, por lo que no debería recomendarse de forma generalizada. “Desde el punto de vista médico, si existe obstrucción nasal, taparse la boca puede dificultar la respiración, además de causar irritación y malestar. Roncar o respirar por la boca puede requerir estudiar su causa”, ha aseverado.
En relación con los suplementos, ha señalado que la melatonina “no es una solución universal ni tiene una indicación clara como tratamiento del insomnio crónico”, y ha avisado de que “puede causar somnolencia residual e interaccionar con medicamentos”. Sobre el magnesio, ha indicado que la evidencia frente al insomnio es “insuficiente”, además de que “puede provocar molestias digestivas”.
Otra conducta típica en personas con ortosomnia es fijar horarios extremadamente rígidos para alcanzar un número de horas de sueño concreto, llegando a acostarse muy temprano sin tener sueño o a permanecer demasiado tiempo en la cama, lo que “puede reforzar el insomnio”, según la especialista.
“En todo caso esto no significa que el ‘sleepmaxxing’ en su conjunto sea dañino para la salud: el riesgo depende de cada práctica y sobre todo cuando crea o mantiene un trastorno del sueño o retrasa su tratamiento”, ha precisado.
Recomendaciones para un descanso saludable
Como alternativa, García Malo ha recalcado que es posible cuidar el sueño de forma sensata. Entre sus recomendaciones, ha citado reservar un tiempo suficiente para dormir, mantener horarios razonablemente regulares adaptados a cada persona, exponerse a la luz natural durante el día, realizar actividad física y procurar un dormitorio oscuro, silencioso y cómodo.
También ha sugerido evitar por la noche la cafeína, el alcohol y los contenidos muy estimulantes, y ha recordado que las necesidades de sueño son individuales, por lo que no conviene imponerse una cifra fija de horas ni perseguir un porcentaje concreto de sueño profundo.
“Tener una mala noche aislada, o una racha de peor sueño, no implica por sí sola tener un trastorno del sueño. Además, el sueño no es matemático: hay momentos de la vida en los que dormimos de una manera y otros de otra; incluso cada noche tiene una cierta variabilidad en horas y calidad de sueño de manera natural, sin que esto implique un problema de salud”, ha explicado.
Desde la Sociedad Española de Neurología han recalcado que, si las dificultades para dormir se prolongan en el tiempo y repercuten en el rendimiento diurno, es necesario acudir a un especialista y no dejar que el problema se cronifique. Asimismo, han insistido en que los ronquidos con pausas, los despertares con sensación de ahogo y la somnolencia excesiva durante el día también deben ser valorados por un profesional.