Los insultos a Pedro Sánchez y la ausencia de Santiago Abascal han puesto el acento político a un 12 de octubre que también ha dejado imágenes de solemnidad militar y novedades en el cielo de Madrid. El presidente del Gobierno ha sido recibido entre pitos, abucheos y descalificaciones a su llegada a la plaza de Cánovas del Castillo, donde se encontraba la tribuna de autoridades del desfile del Día de la Fiesta Nacional de España. Los gritos han reaparecido durante el saludo de los Reyes a los representantes institucionales, en una celebración marcada por la cercanía de las elecciones generales del 29 de noviembre y por la decisión del líder de Vox de desplazarse a Ceuta en lugar de acudir al acto central en la capital.
La parada militar, presidida por Felipe VI y la reina Letizia, acompañados de la princesa Leonor y la infanta Sofía, ha congregado a miles de personas junto a los paseos del Prado y de Recoletos. En el recorrido han participado 4.380 integrantes de las Fuerzas Armadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y otras instituciones, con una exhibición que ha combinado el salto paracaidista, el izado de la bandera y el homenaje a los caídos con el paso de aeronaves, unidades a pie, vehículos motorizados y formaciones a caballo. La jornada ha mostrado así dos planos distintos: el protocolo oficial y los honores militares, por un lado, y la tensión política visible entre parte del público, por otro.
Sánchez, recibido con pitos, insultos y gritos de "traidor"
La llegada de Pedro Sánchez ha sido uno de los momentos de mayor tensión. El jefe del Ejecutivo ha accedido a la zona de autoridades en coche oficial y ha permanecido unos instantes en su interior antes de bajar y ocupar su lugar a la espera de los monarcas. Desde las inmediaciones se han escuchado silbidos, abucheos y gritos contra el presidente, incluido el insulto "Pedro Sánchez, hijo de puta", así como expresiones como "traidor" y "Ceuta no se vende, se defiende". Las protestas procedían de una parte de los asistentes y han vuelto a interferir en los instantes previos a la ceremonia institucional.
Los reproches no han terminado con la llegada del presidente. Los insultos se han repetido durante el saludo de la Familia Real a las autoridades, cuando Sánchez se encontraba junto a otros representantes del Estado y del Gobierno. La secuencia ha coincidido con la recepción a presidentes autonómicos y otros cargos, entre ellos Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, una de las ciudades que ha ocupado buena parte de la conversación política de la jornada. Los gritos han contrastado con los aplausos y vítores dedicados a Felipe VI durante su entrada en el recinto.
Los abucheos a Sánchez cuentan con antecedentes en celebraciones anteriores de la Fiesta Nacional, pero su repetición este año llega con una cita electoral especialmente cercana. La tribuna real, ubicada en la plaza de Neptuno y separada del público por el dispositivo de seguridad, ha vuelto a reunir a dirigentes con posiciones políticas enfrentadas. Las protestas, aunque llamativas, no permiten extraer una conclusión sobre todos los asistentes: junto a quienes han expresado su rechazo al presidente, miles de ciudadanos han acudido fundamentalmente para seguir el desfile y ver a las Fuerzas Armadas.
Abascal planta al desfile de Madrid y celebra la Hispanidad en Ceuta
La principal ausencia política ha sido la de Santiago Abascal. El presidente de Vox ha decidido no asistir a la parada militar ni compartir la tribuna de autoridades con Sánchez, a cuyo Ejecutivo ha calificado de "Gobierno mafioso". En lugar de presenciar el acto de Madrid, ha viajado a Ceuta para desarrollar una agenda centrada en la soberanía territorial, las fronteras y la inmigración, acompañado por Jordan Bardella, dirigente de la formación francesa Agrupación Nacional y aliado europeo de Vox.
La decisión prolonga el distanciamiento del líder de Vox respecto a los actos oficiales del 12 de octubre. En 2025 tampoco se sentó en la tribuna, aunque entonces sí siguió la parada militar desde la calle, entre el público. Este año ha dado un paso más al trasladar su celebración a la ciudad autónoma, donde su partido busca situar en primer plano las consecuencias de la crisis migratoria vivida durante el verano. La elección de Ceuta constituye, por tanto, una iniciativa política deliberada y no una ausencia por motivos de agenda.
El contraste ha sido especialmente visible porque Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, sí ha acudido al desfile en Madrid. Su presencia se produce a las puertas de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre, un desplazamiento con carga institucional tras las tensiones fronterizas de los últimos meses. Durante la recepción a las autoridades, Felipe VI se ha detenido a conversar con Vivas, en un gesto que ha despertado atención por la proximidad de ese viaje.
La Familia Real al completo y el uniforme de gala de Leonor
La llegada de la Familia Real ha dado paso a los honores militares. Felipe VI, con el uniforme de gala del Ejército del Aire y del Espacio, ha presidido la ceremonia junto a la reina Letizia y sus hijas. La princesa Leonor ha vestido el uniforme de gala del Ejército de Tierra, que recupera públicamente después de concluir su formación militar, mientras que la infanta Sofía ha acompañado a sus padres y a su hermana durante la celebración. Las cuatro figuras han concentrado buena parte de la atención en la tribuna de Neptuno.
La heredera al trono ha protagonizado, además, una de las anécdotas del acto: la insignia del Toisón de Oro se le ha desprendido y ha caído al suelo durante los momentos protocolarios. Leonor la ha recogido y guardado antes de que el Rey la ayudara a recolocarla. Se trata de una condecoración de elevado valor simbólico, por lo que el pequeño incidente ha destacado entre las imágenes de una jornada regida por un ceremonial muy preciso.
Entre los representantes políticos presentes han figurado Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, además de la ministra de Defensa, Margarita Robles, otros miembros del Ejecutivo y autoridades autonómicas. La concentración de cargos en un mismo espacio ha dejado saludos protocolarios en medio de un ambiente condicionado por las discrepancias políticas y por el próximo calendario electoral.
El salto paracaidista abre los actos militares
Uno de los momentos más esperados ha sido el salto de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio (PAPEA). El sargento primero Pablo García Matanza ha ejercido de saltador guía, mientras que el cabo primero José Antonio Lago Rubio ha portado durante el descenso una bandera de España de 24 metros cuadrados y 15 kilos de peso. La maniobra ha situado la enseña nacional en el centro de la ceremonia antes del izado oficial y del homenaje a los caídos.
El acto ha mantenido la secuencia del protocolo: recepción y honores a los monarcas, revista militar, llegada de los paracaidistas y ceremonia de la bandera. La exhibición de la PAPEA, de gran exigencia técnica por la precisión necesaria para descender en un espacio urbano, es uno de los elementos más reconocibles del 12 de octubre y simboliza el comienzo de los actos militares propiamente dichos.
El himno, las salvas de cañón y "La muerte no es el final"
La solemnidad ha dominado el izado de la bandera nacional y el homenaje a quienes dieron su vida por España. El himno nacional ha acompañado el ascenso de la enseña, mientras las salvas de cañón han subrayado el carácter ceremonial del momento. Se trata de uno de los actos centrales del Día de la Fiesta Nacional, dedicado al recuerdo de los miembros de las Fuerzas Armadas y de otros cuerpos que fallecieron al servicio del país.
Durante el homenaje ha sonado "La muerte no es el final", composición incorporada al ceremonial militar para recordar a los caídos. La interpretación, junto al toque de oración y la ofrenda floral, ha dado paso a uno de los instantes de mayor recogimiento de la jornada. Frente al ruido político de los saludos iniciales, esta parte del programa ha concentrado la atención en el significado institucional y militar de la celebración.
Los Eurofighter dibujan la bandera y la Formación Mirlo cambia su pasada
El desfile aéreo ha ofrecido una de las novedades más visibles: cuatro cazas Eurofighter han teñido el cielo de Madrid con los colores rojo y amarillo de la bandera de España, una exhibición inédita para este modelo de avión dentro de la parada del 12 de octubre. En el programa participaban 50 aviones y 32 helicópteros, incluidas aeronaves de combate, transporte y enseñanza, además de helicópteros de distintas unidades militares y de seguridad.
La otra protagonista del cielo madrileño ha sido la Formación Mirlo, compuesta por Pilatus PC-21 de la Academia General del Aire y del Espacio, heredera del papel que desempeñó durante años la Patrulla Águila. Su actuación estaba prevista al concluir el homenaje a los caídos, con una pasada perpendicular al recorrido principal. Sin embargo, según la información recogida durante el desfile, las aeronaves han volado por las inmediaciones, pero no han ejecutado el cruce de oeste a este programado. No se ha comunicado una explicación oficial de este cambio de trayectoria.
El incidente no ha impedido la continuidad de la exhibición aérea, desarrollada sobre un recorrido general de sur a norte, siguiendo el eje del desfile terrestre. La combinación de los vuelos de combate, los aviones de transporte y los helicópteros ha permitido mostrar distintos cometidos de las Fuerzas Armadas, desde la defensa aérea hasta el apoyo logístico, la formación de pilotos y las operaciones de emergencia.
Más de 4.000 participantes, 144 vehículos y el estreno de los Dragón
El bloque terrestre ha movilizado a 4.380 participantes, de los que 3.850 son hombres y 530 mujeres, procedentes de las Fuerzas Armadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y otras instituciones. La columna motorizada ha incluido 144 vehículos y 39 motocicletas, mientras que las unidades montadas han contado con 286 caballos. También han intervenido cinco perros, junto con los efectivos de distintas unidades de seguridad y emergencias.
Entre los principales atractivos de esta edición ha destacado el estreno en el desfile de los blindados 8x8 Dragón del Ejército de Tierra, uno de los nuevos sistemas de vehículos destinados a modernizar las capacidades de movilidad y protección de las unidades terrestres. La marcha ha reunido también efectivos de la Guardia Real, el Ejército de Tierra, la Armada, el Ejército del Aire y del Espacio, la Guardia Civil y la Unidad Militar de Emergencias (UME), además de otras organizaciones públicas vinculadas a la seguridad y la protección civil.
El paso de las diferentes agrupaciones ha combinado el desfile de vehículos con las formaciones a pie y las unidades a caballo. La Legión, una de las agrupaciones más reconocibles por su cadencia de marcha, ha contado con su mascota Babieca, un chivo de dos años que ha debutado en la parada madrileña. Su presencia ha mantenido una tradición característica de esta unidad militar y ha añadido otra de las imágenes populares de la celebración.
Del paseo del Prado a Colón: un recorrido condicionado por las obras
El trazado del desfile terrestre ha partido de la glorieta del Emperador Carlos V, en Atocha, y ha avanzado hacia el norte por el paseo del Prado y el paseo de Recoletos, pasando ante la tribuna real de Neptuno y continuando hasta la plaza de Colón. En total, un itinerario de 1.540 metros, al que se han adaptado tanto la disposición de las formaciones como el operativo de seguridad y la distribución del público.
La elección del eje Prado-Recoletos se explica por las obras en el paseo de la Castellana, que han impedido utilizar el itinerario de otras ediciones. El cambio no ha alterado los grandes hitos de la ceremonia, pero sí ha modificado la perspectiva desde la que los ciudadanos han seguido el desfile. El centro de Madrid ha concentrado así la actividad institucional y las restricciones de tráfico asociadas a una de las citas más multitudinarias del calendario nacional.
Una Fiesta Nacional en plena precampaña y con Ceuta en el centro del debate
La edición de 2026 ha estado atravesada por la proximidad de las elecciones generales del 29 de noviembre. La presencia de Sánchez y Feijóo, los comentarios políticos en torno al acto y la ausencia voluntaria de Abascal han proyectado sobre el desfile las tensiones de una campaña que se aproxima. Sin embargo, el objetivo de la celebración sigue siendo institucional: el 12 de octubre es la Fiesta Nacional de España, regulada por la Ley 18/1987, y el desfile constituye su principal acto público en Madrid.
La situación de Ceuta ha añadido otro eje de actualidad a la jornada. No solo ha determinado el destino elegido por Abascal, sino que también ha cobrado relevancia por la presencia de Juan Jesús Vivas en la tribuna y por el inminente viaje de los Reyes a las dos ciudades autónomas. La atención a las fronteras, la inmigración y la integridad territorial ha convivido con los asuntos estrictamente militares en un 12 de octubre particularmente cargado de actualidad política.
Una vez finalizada la parada, la agenda institucional se traslada al Palacio Real, donde está prevista la tradicional recepción ofrecida por los Reyes a autoridades y representantes de distintos ámbitos de la sociedad. En el balance de la mañana quedan los abucheos a Pedro Sánchez, el plantón de Santiago Abascal, la presencia de la Familia Real al completo y una exhibición militar que ha reunido a miles de participantes y espectadores, con nuevos blindados, Eurofighter, el cambio de trayectoria de la Formación Mirlo y el homenaje a los caídos como algunas de sus escenas principales.