Juan Tamariz, una de las figuras más reconocidas de la magia española y referente internacional de la cartomagia, ha muerto este martes a los 83 años en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, según informa El País. Su hija, Ana Tamariz, ha confirmado el fallecimiento a través de las redes sociales.
"Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre Juan Tamariz, una persona increíble, muy querida y admirada por todos", ha escrito, según recoge RTVE.
Con su sombrero de copa, su melena, su violín imaginario y el inconfundible "¡Chan, tatachán!", Tamariz convirtió el ilusionismo en un espectáculo reconocible para millones de espectadores. Pero detrás de aquel personaje aparentemente improvisado había también uno de los grandes estudiosos de la magia contemporánea.
De una caja de magia al campeonato mundial de cartomagia
Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón nació en Madrid en 1942. Su interés por el ilusionismo comenzó cuando apenas tenía cuatro años, después de asistir a la actuación de un mago. Poco después pidió una caja de juegos de magia y empezó a practicar con familiares y amigos.
A los doce años descubrió los libros del ilusionista Wenceslao Ciuró, que le permitieron adentrarse en la técnica y en los mecanismos psicológicos que intervienen en un espectáculo. Según explicó en una entrevista publicada por el Ayuntamiento de Madrid, aquellas lecturas resultaron decisivas para comprender que la magia no consistía únicamente en ejecutar un truco.
Su precocidad le abrió las puertas de la Sociedad Española de Ilusionismo antes de alcanzar la edad mínima exigida. Ingresó con 18 años, dos antes de lo establecido, después de convencer a los responsables de la institución con sus capacidades.
Tamariz estudió Ciencias Físicas y se interesó también por el cine, dos ámbitos que influyeron en su manera de entender la construcción de un espectáculo. Sin embargo, terminó dedicándose por completo al ilusionismo.
En 1972 obtuvo el Gran Premio del Congreso Nacional de Magia. Un año después llegó el reconocimiento que impulsó definitivamente su carrera internacional: el Premio Mundial de Cartomagia, conseguido durante el Congreso Mundial de Magia celebrado en París.
El perfil publicado por el Gobierno de España destaca que, a partir de entonces, presentó sus espectáculos en ciudades como Chicago, Tokio, París, Londres, Bogotá, El Cairo, Nueva York y Santiago de Chile.
El mago que entró en todos los hogares
Aunque su prestigio profesional creció en los congresos internacionales, fue la televisión la que convirtió a Juan Tamariz en un personaje familiar para varias generaciones de españoles.
El archivo de RTVE conserva el programa piloto de "Tiempo de magia", producido en 1975, en el que compartía pantalla con Julio Carabias. Aquella participación anticipaba una relación con la pequeña pantalla que se prolongaría durante décadas.
Su paso por "Un, dos, tres... responda otra vez" multiplicó su popularidad. Después llegaron otros espacios como "Por arte de magia", "Magia Potagia", "Chantatachán" y el programa infantil "El recreo".
Frente a la imagen tradicional del mago solemne, Tamariz construyó un personaje próximo, desbordante y aparentemente caótico. Sus bromas, su conversación constante con los espectadores y su manera de celebrar cada número terminaron convirtiéndose en una parte inseparable del espectáculo.
Aquella puesta en escena ocultaba, sin embargo, una preparación minuciosa y un conocimiento profundo de la atención del público. La capacidad de dirigir la mirada, anticipar las sospechas del espectador y sostener la sorpresa explicaba buena parte de la admiración que despertaba entre otros profesionales.
Libros, enseñanza y una escuela dirigida por su hija
La aportación de Tamariz a la magia fue mucho más allá de sus apariciones televisivas. A lo largo de su trayectoria publicó libros dedicados a la técnica, la teoría y la presentación del ilusionismo.
Entre sus obras figuran "La vía mágica", "Los cinco puntos mágicos", "Sonata" y "Sinfonía en mnemónica mayor", títulos recogidos en el catálogo bibliográfico de Todos Tus Libros.
Sus trabajos abordaron cuestiones como la relación entre el mago y el público, la construcción narrativa de los juegos y el empleo de la memoria y la psicología en la cartomagia. Esa combinación de reflexión y espectáculo ayudó a consolidar su prestigio dentro y fuera de España.
Parte de su legado continúa en la Gran Escuela de Magia "Ana Tamariz", dirigida por su hija. El propio Tamariz diseñó los contenidos formativos del centro, concebido para trasladar su manera de entender el ilusionismo a nuevas generaciones.
La escuela ha contado con profesionales como Jorge Blass, Anthony Blake, Miguel Gómez y Rafael Benatar. Su programa combina el aprendizaje de juegos y técnicas con materias relacionadas con la historia de la magia, la teoría y la psicología del espectáculo.
Medalla de Oro de las Bellas Artes y reconocimiento de Madrid
El reconocimiento a la trayectoria de Juan Tamariz también llegó desde las instituciones. En 2011 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, concedida mediante un real decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado.
Anteriormente, en 2009, había obtenido el Premio Honorífico de Teoría y Filosofía del Congreso Mundial de Magia celebrado en Pekín, una distinción vinculada a su trabajo como investigador y renovador del ilusionismo.
En 2019, su ciudad natal le otorgó además la Medalla de Oro de Madrid. El Ayuntamiento de la capital destacó entonces su contribución a la difusión internacional de la magia y su capacidad para combinar creatividad, humor e investigación.
Con su muerte desaparece uno de los rostros más reconocibles de la televisión española y un artista cuya influencia alcanzó tanto al público general como a varias generaciones de ilusionistas.