El AVE de Renfe que colisionó este miércoles contra un Iryo detenido en Urda (Toledo) circulaba a una velocidad estimada de entre 160 y 200 kilómetros por hora en el momento del impacto, según recoge la primera nota informativa de la Autoridad Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes (AITAT), difundida una vez transcurridas las primeras 24 horas del siniestro ferroviario que ha dejado al menos 69 fallecidos.
El documento incorpora una primera estimación técnica de la velocidad a la que se produjo el alcance, uno de los principales interrogantes abiertos desde que se conocieron las circunstancias del accidente. Sin embargo, la cifra todavía no es definitiva, ya que los investigadores deberán contrastarla con la información almacenada en los registradores del tren, habitualmente conocidos como cajas negras.
La AITAT precisa que la velocidad exacta se determinará cuando se extraigan los datos del "registrador jurídico embarcado". Estos dispositivos permanecen bajo custodia de la Guardia Civil, que interviene como policía judicial en las diligencias abiertas para esclarecer las circunstancias de la tragedia.
El AVE alcanzó al Iryo cuando estaba detenido ante una señal de entrada
La reconstrucción preliminar recogida en el informe confirma que el Iryo permanecía inmovilizado ante la señal de entrada E242 de la estación de Urda cuando fue alcanzado por detrás por el AVE.
La colisión se produjo después de una incidencia informática en el sistema de protección ferroviaria LZB que había afectado a la circulación de seis trenes en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Según las explicaciones ofrecidas por el Ministerio de Transportes, el centro de control de Adif en Atocha autorizó al AVE a reanudar la marcha, mientras el Iryo continuaba detenido en las inmediaciones de Urda.
La velocidad estimada en el primer informe técnico añade un elemento relevante a la reconstrucción de los hechos, aunque por sí sola no permite establecer las causas del accidente ni determinar las responsabilidades de las personas que intervinieron en la gestión de la circulación.
Dos coches quedaron volcados al pie del terraplén
La nota de la AITAT también describe los daños sufridos por ambos convoyes y la disposición en la que quedaron sus vehículos tras el impacto.
Según el organismo investigador, el coche de cabeza del AVE, identificado como coche 8 en la numeración del tren, quedó empotrado en el coche de cola del Iryo, identificado como coche 1. Ambos terminaron volcados y girados al pie del terraplén de la vía.
El resto del AVE también descarriló. Los seis últimos coches, numerados del 1 al 6 según la identificación del convoy, permanecieron sobre la plataforma ferroviaria, mientras que el coche 7 cayó por el terraplén.
Esta descripción permite precisar la magnitud de los daños materiales y la posición final de los vehículos, dos aspectos que deberán incorporarse al análisis técnico del siniestro junto con los registros de circulación y las comunicaciones entre los maquinistas y el centro de control.
Las cajas negras deberán precisar la velocidad del impacto
La investigación deberá determinar ahora la velocidad exacta del AVE y reconstruir las condiciones en las que circulaba antes de alcanzar al Iryo. Para ello resultará fundamental el análisis de los registradores embarcados, cuyos datos permitirán contrastar la estimación inicial de entre 160 y 200 kilómetros por hora.
La primera nota técnica no constituye una conclusión definitiva sobre las causas del accidente. Su contenido documenta las circunstancias iniciales conocidas y el estado de los trenes después de la colisión, mientras continúan las diligencias judiciales y las investigaciones destinadas a esclarecer cómo se produjo el alcance.