"He vivido más de una vida. Con el deporte ya es una burbuja muy especial, pero he tenido episodios diferentes que me han hecho vivir más vidas en una", ha afirmado Urdangarin para la revista Lecturas al hacer balance de las distintas etapas por las que ha atravesado. Una frase que resume una biografía difícilmente separable de su matrimonio con la infanta Cristina y de los privilegios, responsabilidades y exposición pública derivados de su incorporación al entorno de la Corona.
Antes de convertirse en yerno del rey Juan Carlos I, Urdangarin ya había alcanzado notoriedad como deportista. Desarrolló buena parte de su carrera en el FC Barcelona de balonmano, fue internacional con España y disputó tres Juegos Olímpicos, logrando dos medallas de bronce, en Atlanta 1996 y Sídney 2000.
De campeón olímpico a yerno del Rey
La vida de Iñaki Urdangarin cambió definitivamente tras conocer a la infanta Cristina durante los Juegos Olímpicos de Atlanta. Ambos contrajeron matrimonio en Barcelona en octubre de 1997, una boda que situó al jugador de balonmano en el centro de la atención mediática y le abrió una etapa completamente diferente a la que había conocido como deportista.
Tras el enlace, Juan Carlos I concedió a su hija el título de duquesa de Palma de Mallorca, por lo que Urdangarin pasó a ser conocido como duque consorte de Palma. Durante años participó junto a Cristina de Borbón en actos institucionales y apareció regularmente en la fotografía pública de una Familia Real que entonces gozaba de niveles de popularidad muy distintos a los que tendría posteriormente.
Su retirada del balonmano profesional en 2000 abrió otra etapa. Urdangarin comenzó a desarrollar actividades empresariales y de consultoría y quedó vinculado al Instituto Nóos, una entidad sin ánimo de lucro cuya gestión acabaría provocando el mayor escándalo judicial de su trayectoria y afectando directamente a la imagen de la monarquía española.
El caso Nóos rompe su etapa en la Familia Real
La investigación judicial sobre las actividades del Instituto Nóos terminó situando a Urdangarin en el banquillo. El procedimiento investigó la obtención y gestión de millones de euros de administraciones públicas a través de convenios y contratos relacionados con eventos deportivos y turísticos.
La Audiencia Provincial de Baleares condenó inicialmente a Urdangarin en 2017 y el Tribunal Supremo revisó posteriormente la sentencia. En junio de 2018 quedó fijada una pena de cinco años y diez meses de prisión por delitos de prevaricación, malversación, fraude a la Administración, dos delitos fiscales y tráfico de influencias.
El caso provocó además su progresivo alejamiento de la institución. La Casa Real había apartado previamente a Urdangarin de la actividad oficial y, en 2015, Felipe VI revocó a la infanta Cristina el título de duquesa de Palma de Mallorca. La trayectoria que había llevado al antiguo jugador de balonmano desde una cancha olímpica hasta el círculo más próximo a la Jefatura del Estado desembocaba así en una condena penal.
De la Familia Real a la prisión de Brieva
El 18 de junio de 2018, Urdangarin ingresó en el centro penitenciario de Brieva, en Ávila, para comenzar a cumplir su condena. Su entrada en prisión representó una imagen inédita en la historia reciente de la monarquía española: quien durante años había formado parte del núcleo familiar del jefe del Estado comenzaba a cumplir una pena de cárcel por delitos relacionados con la utilización de fondos públicos.
Su situación penitenciaria fue evolucionando progresivamente. Tras obtener permisos y avanzar en el cumplimiento de la condena, pasó por diferentes regímenes hasta abandonar definitivamente el sistema penitenciario. La condena quedó extinguida en abril de 2024, cerrando judicialmente una etapa que había comenzado más de una década antes con las primeras investigaciones del caso Nóos.
Paralelamente también terminó su relación con la infanta Cristina. La pareja anunció en enero de 2022 que había decidido "de común acuerdo, interrumpir su relación matrimonial" y posteriormente formalizó su divorcio, poniendo fin a un matrimonio que durante casi un cuarto de siglo había situado a Urdangarin dentro de una de las familias más conocidas de España.
Urdangarin reconstruye ahora el relato de sus "muchas vidas"
Alejado ya de la Familia Real y una vez cumplida su condena, Urdangarin ha comenzado a hablar públicamente con mayor frecuencia sobre su pasado. En sus intervenciones recientes presenta su trayectoria como una sucesión de experiencias extraordinariamente diferentes: deportista profesional, medallista olímpico, miembro de la familia del Rey, empresario, acusado, condenado y preso.
Ese recorrido explica su afirmación de haber "vivido más de una vida". También evidencia hasta qué punto su biografía quedó transformada después de su matrimonio con la infanta Cristina: Urdangarin pasó de ser una figura destacada del deporte español a ocupar una posición privilegiada en el entorno de la Corona, antes de que el caso Nóos terminara con aquella etapa.
Ahora es el propio Urdangarin quien intenta construir el relato de todo lo ocurrido. Sus palabras convierten esas sucesivas etapas en "vidas" diferentes dentro de una misma existencia. Una trayectoria excepcional que comenzó en las pistas de balonmano, alcanzó los salones de la Familia Real y terminó atravesando los tribunales y la prisión.