Con todo y a pesar de todo, el PSOE conserva una ventaja en la campaña del 29N a pesar de la crisis que atraviesa por su credibilidad, capacidad de gestión y graves errores. Lo que no ha perdido el PSOE de Sánchez es su capacidad para introducir el siguiente giro y obligar a sus adversarios a revisar sus posiciones. Mi lectura de la dimisión de Óscar Puente y del encargo de Transportes a Carlos Cuerpo es que los socialistas han encontrado una oportunidad y vuelven a aprovechar circunstancias adversas para recuperar la iniciativa cuando parecían condenados a defenderse. No entro a valorar el marco moral de sacar partido de un contexto de tragedia y pérdidas personales. Tampoco estoy hablando de ventaja electoral, sino de estrategia narrativa.
Puente ha anunciado su salida del Gobierno y su renuncia a concurrir a las elecciones de forma sorprendente, sin que nadie lo esperase al más puro estilo de Sánchez, es decir, pillando con el pie cambiado a propios y extraños. Al día siguiente, Sánchez ha encomendado de forma transitoria Transportes al vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Esta secuencia de decisiones tiene consecuencias comunicativas inmediatas. El Gobierno vuelve a disponer de una decisión propia alrededor de la cual ordenar su mensaje, demostrando un control al milímetro de la teoría de los juegos.
Lo que no ha perdido el PSOE de Sánchez es su capacidad para introducir el siguiente giro y obligar a sus adversarios a revisar sus posiciones
En comunicación política, quien consigue que los demás respondan a sus movimientos marca la agenda de la campaña y también el relato, aunque el asunto del que se habla le resulte perjudicial. El PSOE no ha elegido la crisis ferroviaria, pero ha intervenido en la manera de encauzar su desenlace político. Una crisis convertida en oportunidad, una de las mejores acciones estratégicas que cabe utilizar en una carrera política. Con la renuncia y el relevo introduce hechos nuevos que compiten con el desgaste acumulado y obligan a actualizar los argumentos.
El Gobierno vuelve a disponer de una decisión propia alrededor de la cual ordenar su mensaje
Con la dimisión, la oposición se queda sin el argumento que estaba esgrimiendo como casi el único tema de desgaste al PSOE. Mientras Puente permanecía en el cargo, reclamar su salida permitía condensar en una frase la acusación de que el Gobierno eludía responsabilidades. Una vez que se marcha, esa reclamación pierde sentido, así que la nueva demanda apunta de nuevo a Sánchez, que no ha estado dejado de estar señalado. Pero, la estrategia que hemos leído en la comparecencia de Sánchez es que ha empezado incorporar la renuncia a un relato de responsabilidad y de diferenciar la conducta del Ejecutivo de la de sus adversarios. Es un movimiento que también se dirige al electorado socialista, incómodos algunos defendiendo la continuidad del ministro.
La elección de Carlos Cuerpo añade otro recurso, la aportación de credenciales con las que sostener un mensaje de solvencia y menor vinculación con el desgaste de esta crisis. En términos de campaña, Sánchez recurre a un jugador que llega limpio para ser escuchado. El Presidente ha destacado de forma muy premeditada su capacidad de gestión y su talante, dejando implícito el contraste con el estilo de Puente, con un tono por la confrontación, útil para movilizar a los propios y responder a la oposición, pero difícil de sostener cuando se buscan explicaciones y la crisis sobrepasa el tono crítico e irónico de las redes sociales. Cuerpo permite tornar a un tono más contenido, apoyado en su perfil técnico.
Mi opinión es que el PSOE dispone así de una nueva ventaja narrativa, como lo fue la acampada en reacción al desahucio de Maricarmen, un episodio de alta sensibilidad social. Si la oposición dedica toda su energía a impugnar a Sánchez, reduce el espacio para presentar una propuesta propia que organice la campaña alrededor de sus prioridades.