Federico García Lorca está por todas partes en "La bola negra", pero no exactamente de la manera que podría esperarse. La película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, Los Javis, no reconstruye la vida del poeta granadino ni pretende contar cronológicamente su asesinato, sus amores o su obra. Lo que hace es partir de uno de los proyectos que Lorca dejó inacabados y utilizar ese vacío para imaginar las vidas que pudieron existir y las que fueron interrumpidas por la represión, la guerra y el rechazo. "No es una película sobre Lorca. No es un biopic sobre Lorca", ha explicado el propio Javier Ambrossi.
La cinta, escrita por Calvo, Ambrossi y el dramaturgo Alberto Conejero, conecta a tres hombres en tres momentos distintos: 1932, 1937 y 2017. Sexualidad, deseo, dolor y herencia atraviesan las tres historias, conectadas por un manuscrito que remite a una de las últimas obras que Lorca dejó sin concluir. El Ministerio de Cultura y el Festival de Cannes resumen precisamente la película como tres existencias unidas por esos elementos y por el legado inacabado del escritor.
Las pocas páginas que Lorca nunca pudo terminar
El punto de partida está en un proyecto que Federico García Lorca preparaba en 1936, el mismo año en que fue asesinado. Su título inicial era "La bola negra", aunque posteriormente barajó "La piedra oscura", denominación que décadas más tarde recuperaría Alberto Conejero para su obra teatral. De aquel proyecto lorquiano apenas se conservan unas cuartillas, junto con testimonios de personas próximas al autor que permitieron reconstruir parte de la historia que pretendía desarrollar.
La idea giraba alrededor de Carlos, un joven que intenta ingresar en un casino de Granada. Los miembros de la institución decidían la admisión mediante una votación secreta con bolas blancas y negras: la blanca representaba la aceptación y la negra, el rechazo. Carlos recibe la bola negra y queda excluido. Los recuerdos transmitidos por colaboradores de Lorca como Cipriano Rivas Cherif y Victorina Durán relacionaron aquel rechazo con la homosexualidad del protagonista.
Conviene introducir aquí un matiz. La escena del casino se ha convertido en la explicación más conocida del proyecto, pero no todo lo que se sabe del argumento aparece literalmente en las páginas conservadas. Parte de la reconstrucción procede de testimonios posteriores de personas que conocieron a Lorca y supieron qué historia quería escribir. Es precisamente esa condición fragmentaria la que ha dado libertad a Los Javis y Conejero para desarrollar su propia película en lugar de intentar una adaptación imposible de un texto completo que nunca llegó a existir.
Por qué una "bola negra" significaba ser rechazado
El título no es solo una metáfora creada para la película. La utilización de bolas blancas y negras fue históricamente un sistema de votación empleado por clubes y sociedades privadas para decidir quién podía convertirse en miembro. Introducir una bola negra significaba votar contra el candidato, hasta el punto de que en algunos sistemas unos pocos votos negativos podían impedir su ingreso. De ahí procede también el verbo inglés "to blackball", utilizado para hablar de vetar o excluir a alguien.
Para Los Javis, esa imagen funciona además como una metáfora mucho más amplia: la de quienes crecen sintiendo que existe algo en ellos que puede provocar su expulsión de la sociedad. Javier Calvo ya explicó durante la presentación inicial del proyecto que la bola negra representaba el rechazo que muchas personas situadas en los márgenes terminan interiorizando.
"La piedra oscura", la otra gran raíz de la película
La segunda pieza fundamental no la escribió Lorca, sino Alberto Conejero. Su obra teatral "La piedra oscura", estrenada en 2015, recupera la figura real de Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y una de las personas más importantes en la vida sentimental del poeta. Rapún se incorporó al proyecto teatral de Lorca durante los años treinta y murió en 1937, durante la Guerra Civil, después de resultar herido en el frente del norte.
Conejero imaginó en su obra un encuentro entre Rafael, prisionero y herido, y Sebastián, un joven que lo custodia. Son dos hombres separados inicialmente por la guerra, la ideología y sus circunstancias, pero entre los que se desarrolla una relación que permite hablar de identidad, miedo y la conservación de la memoria de Lorca. Esa pieza teatral fue, en realidad, el detonante directo de la película: Los Javis la habían visto años atrás y más tarde retomaron la posibilidad de llevar su universo al cine.
Durante un viaje en avión, la lectura de "La piedra oscura" llevó a los directores a profundizar en Rodríguez Rapún y, a partir de ahí, a descubrir la conexión con aquel proyecto inconcluso de Lorca que también había llevado el título "La bola negra". De la unión de esos dos materiales terminó naciendo el largometraje.
Rafael Rodríguez Rapún existió; Sebastián pertenece a la ficción
Aquí la película mezcla deliberadamente personajes históricos y creados. Rafael Rodríguez Rapún fue una persona real, vinculada a Lorca y a La Barraca. Sebastián, en cambio, procede de la construcción dramática de Conejero. Esa mezcla permite que "La bola negra" no tenga que funcionar como una reconstrucción documental de la Guerra Civil, sino como una obra de ficción apoyada en personajes y acontecimientos históricos.
Miguel Bernardeau interpreta a Rafael, mientras Guitarricadelafuente da vida a Sebastián. La historia se desarrolla después del asesinato de Lorca y coloca en el centro la pregunta sobre qué sucede con el legado de alguien cuando esa persona ya no está y quienes lo conocieron tienen que decidir qué conservar, qué contar y qué callar.
Tres épocas para contar casi un siglo de homosexualidad en España
Los Javis no se quedan en los años treinta. El gran añadido de la película es construir tres líneas temporales que atraviesan 1932, 1937 y 2017. La primera se acerca directamente al universo de la obra inacabada de Lorca; la segunda bebe de "La piedra oscura" y de Rafael Rodríguez Rapún; la tercera traslada la cuestión de la memoria y la identidad a la España contemporánea.
En 2017, Alberto, interpretado por Carlos González, recibe un legado relacionado con el manuscrito y trata al mismo tiempo de recomponer una historia familiar marcada por los silencios. No existe una conexión narrativa sencilla entre todos los personajes, como si fueran capítulos consecutivos de una misma biografía. Lo que los une es algo más abstracto: la dificultad de expresar el deseo, la herencia recibida de generaciones anteriores y las consecuencias de aquello que una familia o una sociedad decide no decir.
De ahí que Cannes definiera el filme como una obra "habitada" por Lorca más que como una película directamente sobre él. Los propios directores han explicado que una de sus intenciones era recordar las luchas de generaciones anteriores de hombres homosexuales y cómo muchos tuvieron que ocultar una parte esencial de sus vidas.
Lorca sí aparece, pero no es el protagonista
Federico García Lorca aparece físicamente en la película, interpretado por el dramaturgo y performer Alberto Cortés, aunque su presencia es limitada. El personaje funciona más como una figura que atraviesa el relato que como protagonista de una biografía convencional.
Ese planteamiento responde a una decisión consciente de Los Javis. La película no intenta recrear cada episodio de la vida del escritor, sino preguntarse qué quedó después de él: sus textos, los hombres que lo amaron, las historias que no terminó y una parte de la experiencia homosexual española que durante décadas permaneció mucho menos visible que otros aspectos de su producción literaria. RTVE ha señalado precisamente que la película reivindica ese legado queer de Lorcay una dimensión de su biografía que durante años recibió menos atención en algunos estudios sobre el autor.
Una obra inacabada dentro de una película sobre vidas inacabadas
El hecho de que Lorca no terminara "La bola negra" adquiere además otro significado inevitable: no la terminó porque fue asesinado tras el golpe militar de 1936. Los Javis han convertido ese texto interrumpido en el centro simbólico de una película sobre otros futuros que tampoco pudieron desarrollarse. RTVE recoge que los directores la consideran una obra dedicada a "todas las vidas inacabadas".
Esa idea atraviesa a Carlos, Rafael, Sebastián y a los personajes contemporáneos. Algunos no pueden vivir abiertamente su deseo, otros llegan demasiado tarde y otros heredan las consecuencias de decisiones adoptadas décadas antes. Por eso el manuscrito importa tanto: lo que falta en esas páginas es tan importante para la película como lo que Lorca llegó a escribir.
Penélope Cruz, Glenn Close y un reparto que amplía el universo
La película cuenta además con un reparto especialmente amplio. Junto a Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau y Carlos González aparecen Milo Quifes, Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close. Cruz interpreta a Nené, mientras Close da vida a Isabelle. Los papeles de ambas se integran en un relato que combina drama histórico, guerra, melodrama y momentos musicales.
El resultado tiene una escala considerable: el Ministerio de Cultura fija una duración de 157 minutos y define oficialmente la película como una coproducción hispanofrancesa producida por Suma Content Films, Movistar Plus+, El Deseo y otros socios. Tras competir en Cannes, Los Javis obtuvieron allí ex aequo el premio a la mejor dirección.
De Cannes a Toronto y a la carrera española por el Oscar
"La bola negra" llega a los cines españoles después de una larga trayectoria internacional. Se presentó en competición en el Festival de Cannes, donde Calvo y Ambrossi fueron premiados por la dirección, y posteriormente ganó el Premio del Público del Festival Internacional de Cine de Toronto. La Academia de Cine la ha seleccionado además como la película que España presenta para optar a la candidatura al Oscar a mejor película internacional.
Su recorrido ayuda a explicar por qué una obra de la que apenas quedaron unas páginas ha terminado convertida noventa años después en una de las películas españolas de mayor repercusión de 2026. Los Javis no han intentado responder literalmente a la pregunta de cómo habría terminado Lorca "La bola negra". Han hecho algo distinto: utilizar ese final inexistente para imaginar qué historias podían esconderse detrás.
Entonces, ¿cuánto Lorca hay realmente en "La bola negra"?
Mucho, aunque no sea una película biográfica. Es de Lorca el título, el proyecto inacabado, Carlos y la idea del rechazo simbolizado por la bola negra; es histórico Rafael Rodríguez Rapún y su relación con el poeta; procede de Alberto Conejero el encuentro dramático que articula "La piedra oscura"; y pertenecen a Los Javis las tres épocas, la estructura cinematográfica y buena parte de los personajes y conexiones que permiten llevar aquella historia hasta 2017.
Por eso "La bola negra" no debe entenderse como la película de una obra desconocida de Lorca que ahora ha sido simplemente adaptada. No existía una obra completa que adaptar. Quedaron unas páginas, recuerdos sobre lo que el escritor pretendía hacer y un título cargado de significado. Calvo, Ambrossi y Conejero han utilizado esos restos como punto de partida para preguntarse qué ocurrió con quienes durante décadas recibieron también su propia "bola negra": personas obligadas a esconderse, callar o vivir una vida diferente de la que habrían elegido.