Bruselas estima que la crisis energética frenará la creación de 440.000 empleos en la UE en 2026

La Comisión Europea alerta de que la crisis energética frenará la creación de empleo en 2026 y analiza el impacto de la IA y la calidad laboral en la UE.

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La Comisión Europea ha avisado este martes de que el encarecimiento de la energía ligado al conflicto en Oriente Próximo podría recortar en torno a 440.000 los nuevos empleos previstos en la Unión Europea para 2026. Aun así, descarta por el momento un deterioro abrupto del mercado laboral y calcula que las empresas optarán antes por moderar el ritmo de contratación que por aplicar despidos masivos.

Estas previsiones figuran en el informe anual sobre la evolución del empleo y la situación social en Europa, difundido este martes por el Ejecutivo comunitario. El documento subraya que el aumento de los costes energéticos está presionando los ingresos de los hogares en un contexto de escaso avance de la productividad y de enfriamiento en la creación de empleo.

Pese a este entorno adverso, Bruselas recalca que el mercado de trabajo europeo se mantiene relativamente robusto. Según el informe, la tasa de empleo alcanzó el 76,1% en 2025 y el paro se redujo al 6%, el nivel más bajo registrado hasta la fecha.

En relación con los salarios, el análisis indica que las remuneraciones reales se sitúan este año un 1,4% por encima de los niveles previos a la pandemia de COVID-19, después de que en la mayoría de los Estados miembro se hayan compensado las pérdidas de poder adquisitivo acumuladas durante 2022 y 2023.

No obstante, la Comisión subraya que la continuidad de estas mejoras salariales dependerá de que las empresas logren elevar su productividad. Al mismo tiempo, apunta que las subidas de sueldo, en particular las del salario mínimo, pueden servir de palanca para impulsar la inversión y la innovación frente a estrategias centradas únicamente en abaratar los costes laborales.

En esta línea, el informe constata que los salarios mínimos han registrado incrementos desde la aprobación de la directiva europea específica, con avances especialmente significativos en los países con niveles salariales más reducidos y una mayor proporción de empleados que cobran el mínimo.

La Inteligencia Artificial y su impacto en empleo y salarios

El documento también llama la atención sobre las posibles consecuencias de la expansión de la Inteligencia Artificial (IA) en determinadas ocupaciones, en especial en los puestos de entrada al mercado laboral y en aquellos dominados por tareas rutinarias, cuya demanda podría disminuir por efecto de la automatización.

Aunque reconoce que estas tecnologías pueden elevar la productividad y permitir que los trabajadores se centren en actividades de mayor valor añadido, Bruselas advierte de que su efecto sobre los salarios y las condiciones laborales dependerá de la forma en que se integren y del grado de participación de la plantilla en ese proceso.

En particular, el informe señala que los profesionales con menos experiencia son quienes obtienen las mayores ganancias inmediatas de productividad al emplear herramientas de inteligencia artificial, pero también son los que pueden encontrar más dificultades para detectar los errores de estos sistemas, lo que corre el riesgo de agrandar las brechas de cualificación.

Asimismo, el documento recoge investigaciones preliminares que apuntan a que una dependencia excesiva de los sistemas automatizados podría debilitar el pensamiento crítico y reducir el aprendizaje adquirido mediante la práctica, además de incrementar la necesidad de supervisión humana.

Ante estos desafíos, la Comisión considera imprescindible reforzar la formación, la representación de los trabajadores y el diálogo social para adaptar el mercado laboral a los cambios tecnológicos en marcha.

Diferencias en la calidad del empleo en la UE

Más allá de las perspectivas macroeconómicas, el estudio concluye que la calidad del empleo ha mejorado en la última década en la UE en aspectos como los salarios, la estabilidad de los contratos y la organización del tiempo de trabajo. Sin embargo, persisten diferencias notables entre Estados miembro, sectores y tipos de ocupación.

En concreto, las mejores condiciones se concentran en ramas como la información y las comunicaciones, las finanzas y los seguros, la Administración pública y los servicios profesionales, científicos y técnicos. En contraste, la hostelería, los servicios administrativos y de apoyo y diversas ocupaciones de menor cualificación arrojan indicadores más desfavorables.

El Ejecutivo comunitario observa además que las mayores dificultades para cubrir vacantes se dan en empleos con horarios atípicos, menor seguridad laboral y salarios más bajos. Por ello, considera que mejorar estas condiciones puede ser clave para que las empresas logren atraer y fidelizar personal.

Con todo, advierte de que la evolución no ha sido homogénea en todo el bloque y que algunos Estados miembro han experimentado un retroceso en al menos dos indicadores de calidad del empleo durante los últimos diez años, pese a la tendencia positiva en el conjunto de la Unión.

Estas conclusiones se conocen mientras Bruselas ultima una futura Ley de Empleos de Calidad, que prevé presentar antes de que finalice el año, una vez concluida la segunda fase de consultas con los interlocutores sociales.