El presidente ejecutivo del Grupo Oesía, Luis Furnells, sostuvo este lunes que, ante el actual escenario de inestabilidad geopolítica y las “amenazas” procedentes tanto “del este como del sur”, resulta sensato reforzar el gasto en defensa con el objetivo de evitar guerras futuras y proteger el modo de vida europeo.
Durante una conferencia organizada por la Cátedra Economía y Sociedad de la Fundación 'la Caixa', aludió al clásico dilema de “cañones o mantequilla” para subrayar que, a su juicio, no existe una oposición frontal entre defensa y bienestar social. “Debemos de tener una capacidad de disuasión creíble para evitar que nos ataquen: si evitamos el ataque no tendremos que defendernos”, afirmó.
El máximo responsable de Oesía defendió que el esfuerzo inversor en defensa, además de generar empleo de alta cualificación, actúa como elemento de disuasión al transmitir al potencial agresor que el coste de un ataque superaría con creces cualquier beneficio que pudiera obtener. A su entender, reforzar la seguridad permitiría preservar el estado del bienestar, evitando que las economías europeas tengan que volcarse en una industria de guerra ante un hipotético conflicto prolongado.
En esta línea, insistió en que no se trata de disparar sin más el gasto militar, sino de coordinarlo a escala europea. “No estoy diciendo que gastemos más de 400.000 millones. Estoy hablando de diseñar conjuntamente para ahorrarnos el 30% [del gasto agregado de 27 países por separado] y con esos 100.000 millones, a lo mejor, incluso, hay espacio para dedicarlo al bienestar”, explicó, defendiendo una planificación común que evite duplicidades.
Furnells comparó la estructura del sector entre ambos lados del Atlántico y señaló que la principal diferencia entre la industria de defensa de Estados Unidos y la europea no es tanto el número de compañías como la dimensión de las grandes firmas. “La brecha se concentra arriba. Las cinco primeros estadounidenses, de Lockheed Martin a Boeing, suman 230.000 millones, más del doble que las 15 europeas juntas y 3,6 veces lo que facturan las cinco primeras de la Unión Europea”, detalló.
El ejecutivo remarcó que el gran escollo se encuentra en la fragmentación de la demanda: mientras Estados Unidos articula un único presupuesto de defensa, la Unión Europea opera con 27 planes distintos, cada uno con sus propias prioridades y requisitos. Como consecuencia, en América trabajan con 33 sistemas de armas, frente a los 171 existentes en Europa; cuentan con dos modelos de carros de combate frente a los 13 europeos y solo dos tipos de vehículos de combate frente a los 21 que se emplean en el Viejo Continente.
Frente a esta dispersión, Furnells propuso que Europa avance hacia una “integración horizontal” sustentada en una “cooperación leal y generosa” entre los socios comunitarios, de forma que cada país aporte al conjunto aquello en lo que es más competitivo. “No se trata de que todos hagamos de todo, sino de que entre todos seamos capaces de hacerlo todo. Ese, para mí, es el secreto. La autonomía estratégica y la autoridad de diseño es un principio que debe de ir íntimamente relacionado”, subrayó.
También consideró acertado seguir la línea marcada por Enrico Letta y Mario Draghi para crear una entidad paneuropea dedicada al desarrollo de tecnologías punteras de defensa, inspirada en el modelo de la estadounidense DARPA. “Tenemos la Agencia Europea de Defensa, pero su papel es otro. [Esta] nos dice qué capacidades necesitamos. Lo que nos falta es alguien que decida con fondos, importante, y con autonomía por qué tecnologías disruptivas hay que apostar para dotarse de ellas”, señaló, reclamando un organismo con capacidad real de decisión.
En su opinión, el reto pasa por articular una visión común que conecte todos los esfuerzos existentes. “Falta conectarlo todo con una visión compartida, cooperación leal, voluntad política y generosidad. Y debe ser una ecuación en la que ganemos todos. Todos los países miembros de la Unión Europea debemos salir ganando”, resumió.
Furnells añadió que la superioridad militar ya no depende únicamente del grado de sofisticación del “hardware”, puesto que la defensa ha pasado de “estar dominada por el hardware a estar dominada por el software”. Ahora, recalcó, el factor decisivo es la rapidez con la que se es capaz de adaptar, producir, reparar y desplegar los sistemas sobre el terreno, como se observa en el caso de Ucrania.
SITUACIÓN EN ESPAÑA
En cuanto a España, el presidente de Oesía defendió que la industria nacional de defensa debe ser “ambiciosa” y tener plena conciencia de sus capacidades diferenciales respecto a otros países europeos, reforzando precisamente esas áreas en las que ya destaca. “Si somos capaces de exportar el 51% de todo lo que vendemos, algunas capacidades buenas tendremos. Ahora, ¿qué nos queda? Creérnoslo. Tenemos que creérnoslo, tenemos que quitarnos este falso pudor”, afirmó.
Describió el sector español en tres niveles: en la parte superior situó a las “grandes plataformistas”, como Airbus, Navantia, Santa Bárbara o Indra, muchas de ellas con participación pública. A continuación, mencionó a las tecnológicas especializadas, entre las que se encuentran la propia Oesía, ITP Aero o Sener. Finalmente, destacó un tercer estrato formado por unas 500 pymes totalmente privadas, con funciones “muy concretas”, aunque “muy importantes” para la cadena de suministro y para que las compañías medianas y grandes “funcionen bien”.
Para Furnells, este entramado empresarial, junto con el ecosistema de conocimiento, sitúa a España en una posición relevante dentro de Europa. “España tiene las capacidades y está avanzando en la dirección que Europa necesita. Tenemos, además, un gran ecosistema propio, tenemos grandes empresas, tenemos tecnología realmente con alta especialización. Tenemos pymes con muy buen tejido territorial. Tenemos universidades [...] España está llamada a ser un actor clave en Europa”, concluyó.