Francia deberá afrontar por sí misma, mediante ajustes en sus políticas fiscales, las tensiones que sufre, después de que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), la francesa Christine Lagarde, haya rebajado las expectativas de que la institución pueda intervenir para aliviar la presión sobre la deuda soberana del país.
“Hay circunstancias particulares que hacen que algunos países se vean más afectados, y Francia es un claro ejemplo”, ha explicado la responsable del BCE durante el evento CNN Global Perspectives, celebrado en Bangkok, donde ha subrayado que “la solución principal y prioritaria reside en Francia, y tiene que ver con las políticas fiscales”.
En la misma línea, el gobernador del Banco de Francia, Emmanuel Moulin, sostuvo la semana pasada que no se cumplen los requisitos para una actuación del BCE, cuya función es contener la inflación, “no resolver los problemas presupuestarios de Francia”.
Por ello, Moulin defendía la necesidad de adoptar decisiones a nivel interno, ya que las respuestas a la coyuntura “están en casa”, empezando por sacar adelante un presupuesto y asumir un compromiso firme con la reducción del déficit.
Más tarde, en un encuentro organizado por el Atlantic Council, Lagarde añadió que, en los mercados de capitales, “existe una competencia muy fuerte por la financiación, mayor que en mucho tiempo” debido al volumen de recursos a largo plazo que buscan las grandes compañías tecnológicas para impulsar el desarrollo del ecosistema de la IA.
En paralelo, respecto a la política monetaria, Lagarde reiteró que el BCE sigue analizando si hay riesgo de efectos de segunda ronda y cómo anticiparlos con mayor precisión, aunque señaló que “todavía no vemos nada de eso”, al tiempo que insistió en la importancia de extremar la vigilancia para identificar cualquier indicio.
Tras haber aplicado dos incrementos en los tipos de interés para contener el encarecimiento del coste de la vida derivado de la crisis de los precios de la energía a raíz de la guerra en Oriente Próximo, el consenso del mercado considera ahora que el BCE podría esperar hasta diciembre, cuando actualizará sus previsiones macroeconómicas, antes de decidir una nueva subida del precio del dinero.