Las empresas españolas reducen la percepción de impacto del conflicto en Irán sobre demanda e inversión

Las empresas españolas perciben menor impacto del conflicto en Irán sobre demanda, costes e inversión, aunque persisten presiones energéticas y de financiación.

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Edificio del Banco de España en Madrid. Carlos Luján - Europa Press

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Las compañías españolas han apreciado en el tercer trimestre del año un menor efecto del conflicto en Irán sobre la demanda, tanto exterior como interna, así como sobre sus planes de inversión, según la Encuesta del Banco de España sobre la Actividad Empresarial (EBAE).

En detalle, la proporción de firmas que señalan efectos negativos o muy negativos del conflicto en Irán sobre la demanda internacional baja hasta el 27,8%, frente al 30,3% del segundo trimestre, mientras que el porcentaje vinculado a la demanda nacional se reduce al 33,7%, desde el 36,5% del periodo anterior.

Al mismo tiempo, el porcentaje de empresas que apuntan un impacto negativo sobre sus decisiones de inversión ligado al aumento de la incertidumbre se sitúa en el 40,9%, ligeramente por debajo del 43,2% registrado tres meses antes. En este escenario, las expectativas empresariales para el cuarto trimestre de 2026 apuntan a una ligera mejora de las perspectivas de inversión.

Los datos de la encuesta indican que, en el tercer trimestre de 2026, la facturación ha caído en comparación con el trimestre precedente, en línea con el patrón estacional habitual de los terceros trimestres de cada ejercicio.

Sin embargo, una vez corregidos los efectos estacionales, la facturación refleja un leve avance en este periodo, una evolución positiva que encaja con la señal expansiva del indicador PMI compuesto con información hasta septiembre.

Por sectores, el comportamiento es dispar, con incrementos de la facturación en ciertas ramas de servicios, como hostelería, información y comunicaciones y actividades administrativas, y descensos más acusados en agricultura, actividades profesionales, científicas y técnicas y ocio.

En el ámbito del empleo, las empresas consultadas declaran un ligero aumento de la ocupación frente al trimestre anterior, mientras que la serie desestacionalizada muestra una caída, aunque algo menor que la registrada en el segundo trimestre.

Por ramas de actividad, la ocupación presenta una evolución más favorable en actividades administrativas, hostelería e información y comunicaciones, al tiempo que se observan retrocesos en agricultura, actividades inmobiliarias y comercio. En relación con la inversión, los resultados apuntan a una situación de estabilidad en el tercer trimestre.

En conjunto, los datos reflejan un avance moderado de la actividad empresarial en el tercer trimestre, caracterizado por un ligero aumento de la facturación, una evolución contenida del empleo y de la inversión, y una menor incidencia percibida del conflicto en Irán sobre la marcha de la economía.

PERSPECTIVAS DE LA ACTIVIDAD A MEDIO PLAZO

En cuanto a las expectativas sobre la facturación a un año vista, cerca de la mitad de las empresas prevén un aumento, alrededor de un tercio anticipan estabilidad y una proporción más reducida esperan un descenso.

Los acontecimientos vinculados al conflicto en Irán siguen condicionando la evolución de los costes y de los precios empresariales, principalmente a través de su impacto en los mercados energéticos.

No obstante, los resultados de la encuesta apuntan a que estas presiones habrían perdido algo de intensidad en el tercer trimestre de 2026 respecto al trimestre anterior. En particular, los costes de los consumos intermedios habrían continuado creciendo a un ritmo elevado, aunque algo menor que el observado entre abril y junio, con una moderación relativamente generalizada por ramas de actividad.

De cara a los próximos doce meses, las empresas continúan anticipando nuevos incrementos de los costes de los consumos intermedios, con una intensidad similar a la declarada el trimestre previo.

Esta evolución de los costes se habría trasladado solo en parte a los precios de venta, que también siguieron aumentando en el tercer trimestre, si bien con una intensidad algo inferior a la del segundo. Los mayores avances se registran en hostelería, comercio y transporte, mientras que las expectativas de precios de venta a un año vista se mantienen prácticamente sin cambios.

En cualquier caso, por ahora, el porcentaje de empresas que señalan un aumento de sus costes o precios continúa por debajo del registrado en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania, cuando se produjo un encarecimiento energético de naturaleza similar.

FACTORES QUE INCIDEN SOBRE LA ACTIVIDAD

En el tercer trimestre, el coste de los inputs energéticos se mantuvo como el principal factor que condiciona la actividad empresarial y elevó ligeramente su incidencia, hasta afectar al 63,2% de las empresas, 1,4 puntos porcentuales más que en el trimestre anterior.

Con todo, este porcentaje sigue siendo inferior al observado tras el inicio del conflicto en Ucrania, cuando se situó cerca del 80%. La incertidumbre sobre la política económica continuó siendo también un elemento relevante, aunque su peso se redujo en 4,4 puntos, hasta el 57,6%. Por su parte, la disponibilidad de mano de obra permaneció prácticamente estable y afectó al 43,1%.

Entre el resto de condicionantes, destaca el aumento de las dificultades relacionadas con la financiación, si bien su incidencia sigue en niveles moderados. La proporción de empresas que señalan el acceso a la financiación como factor limitativo se incrementó en 5,4 puntos, hasta el 18,2%, con una evolución sectorial dispar y un avance algo mayor entre las compañías de mayor tamaño.

Asimismo, la incidencia de los gastos por intereses de la deuda creció en 2,5 puntos, hasta el 26,8%, con un impacto algo más intenso entre las pymes.

Por último, tras el ligero repunte del trimestre precedente, los problemas de suministro de proveedores perdieron peso como condicionante de la actividad empresarial.

En concreto, el porcentaje de empresas que identifican este factor como una limitación se redujo en 2 puntos, hasta el 13,6%. Esta evolución es coherente con la menor incidencia percibida hasta la fecha del conflicto en Irán sobre el suministro de inputs energéticos y no energéticos.