A medida que se acerca una de las fechas clave del calendario comunitario, Bruselas intensifica las negociaciones sobre el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP), el presupuesto que determinará las prioridades de gasto de la Unión Europea durante los próximos siete años. Frente al grupo de los denominados «frugales», los «amigos de la cohesión», entre los que se encuentra España, han pedido a la Presidencia del Consejo Europeo que ponga sobre la mesa nuevas fuentes de ingresos para sufragar el futuro marco financiero y aliviar la presión directa sobre los presupuestos nacionales.
En una carta remitida al presidente del Consejo Europeo, António Costa, y al equipo negociador de la Presidencia irlandesa, a la que ha tenido acceso DEMÓCRATA, un grupo de diecisiete Estados miembros liderados por Italia defiende mantener un modelo de financiación sólido para la política de cohesión y la Política Agraria Común (PAC), frente al rediseño planteado por la Comisión Europea para el próximo presupuesto comunitario.
Las capitales firmantes consideran que una nueva reducción de los recursos destinados a estas políticas no contribuiría a modernizar el presupuesto europeo, sino que "solo lo debilitaría y correría el riesgo de socavar el apoyo público al proyecto europeo".
Los Estados piden actuar también sobre los ingresos
El planteamiento de estas capitales no se limita al lado del gasto. Los diecisiete Estados se muestran dispuestos a "trabajar constructivamente" sobre el lado de los ingresos, al considerar que las nuevas prioridades de Europa requieren recursos adicionales adecuados. Sobre esta cuestión, reclaman que las nuevas fuentes de financiación sean "genuinas, justas, simples y no regresivas". El objetivo es ampliar el margen fiscal disponible para financiar las nuevas prioridades comunitarias sin trasladar íntegramente el coste a las haciendas nacionales.
Entre las alternativas planteadas aparece también un reembolso más gradual de la deuda asociada a NextGenerationEU, con el objetivo de generar espacio fiscal adicional en el próximo MFP. Las capitales reclaman evaluar el impacto de estas medidas sobre el coste general del reembolso y plantean asimismo la posibilidad de recurrir a instrumentos de deuda europea limitados y específicos. Se trata de una cuestión especialmente sensible en la negociación, ya que el debate sobre el próximo MFP no se circunscribe únicamente a cuánto dinero tendrá disponible la Unión, sino también a cómo se financiará ese presupuesto y quién asumirá el coste de las nuevas prioridades comunitarias.
El PPE rechaza más deuda europea
Una posición a la que se opone el Partido Popular Europeo. La eurodiputada y negociadora de los populares, Isabel Benjumea, explicaba en conversación con DEMÓCRATA que su familia política "está en contra de emitir mayor deuda europea". "Nos oponemos por el problema que estamos experimentando en el presupuesto europeo sobre cómo cumplir el compromiso de pagar los intereses y el compromiso de pagar esa deuda. Los ciudadanos lo último que desean es una mayor carga fiscal", señalaba.
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El debate sobre la deuda está estrechamente vinculado a la discusión sobre las contribuciones nacionales y los mecanismos de corrección aplicados al presupuesto comunitario. En este punto, los Estados firmantes de la carta también cuestionan el actual sistema de devoluciones. Las capitales sostienen que estos mecanismos fueron diseñados originalmente para abordar una carga excesiva en las contribuciones de determinados Estados miembros y reclaman que, al evaluar las aportaciones nacionales, no se tenga en cuenta únicamente su volumen absoluto.
"Al evaluar las contribuciones nacionales, debe tenerse en cuenta no solo su nivel absoluto, sino también los diferentes niveles de prosperidad de los Estados miembros y el esfuerzo relativo requerido a cada uno de ellos", remata la misiva.
España, Francia y Portugal reclaman fondos para las regiones ultraperiféricas
Paralelamente, España ha hecho frente común con Francia y Portugal para reclamar a Bruselas financiación suficiente para las regiones ultraperiféricas, entre ellas Canarias.
Las tres capitales han trasladado sus demandas en otra carta en la que solicitan que las partidas destinadas a estas regiones queden adecuadamente recogidas en los futuros Planes de Asociación Nacionales y Regionales, así como en las disposiciones relativas a las tasas de cofinanciación. Para los tres Estados, esta cuestión resulta «fundamental» para que las regiones ultraperiféricas puedan hacer frente a las limitaciones estructurales derivadas de su ubicación geográfica.

La prioridad pasa por garantizar "una financiación adecuada" que se traduzca en una asignación específica para las regiones ultraperiféricas. España, Francia y Portugal reclaman que esta cuestión quede incorporada a la caja de negociación del MFP, con vistas a garantizar un "resultado apropiado en un acuerdo final".
La discusión se incorpora así a una negociación más amplia en la que los Estados miembros tratan de preservar partidas consideradas estratégicas mientras Bruselas intenta adaptar el presupuesto comunitario a un escenario de nuevas prioridades y mayores necesidades de financiación.
Planas confía en cerrar el acuerdo antes de final de año
En una entrevista con DEMÓCRATA, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, se mostró optimista ante la posibilidad de que los líderes de los Veintisiete alcancen un acuerdo antes de que finalice el año sobre el próximo MFP. "Hay una conjunción de circunstancias en la que, sinceramente, creo que vale la pena que intentemos concluir el acuerdo aquí, en el mes de diciembre", resumió el ministro.
El calendario político diseñado por la Presidencia del Consejo Europeo apunta precisamente hacia ese objetivo. António Costa tanteó a las capitales durante una gira por los Veintisiete a lo largo de septiembre, con la vista puesta en acercar posiciones y tratar de aprobar el Marco Financiero Plurianual en su conjunto antes de diciembre.

Por el momento, sin embargo, las posiciones continúan alejadas. El principal desacuerdo atraviesa tanto la dimensión del presupuesto como su arquitectura financiera: qué políticas deben preservar su peso en el próximo marco, qué nuevas prioridades deben recibir recursos adicionales y cómo repartir entre los Estados miembros el coste de financiarlas.
A finales de noviembre está prevista una reunión extraordinaria de los jefes de Estado y de Gobierno en la que los líderes deberán tratar de cerrar los principales flecos pendientes. El objetivo será convertir en un acuerdo político las distintas piezas que continúan sobre la mesa: cohesión, PAC, nuevas fuentes de ingresos, deuda europea, contribuciones nacionales y financiación de las regiones ultraperiféricas. El margen para el acuerdo, por tanto, continúa abierto, pero la negociación entra ya en su fase decisiva. Con el calendario cada vez más ajustado, las capitales deberán encontrar un punto de equilibrio entre la presión de los Estados contribuyentes, la defensa de las políticas tradicionales y la necesidad de financiar las nuevas prioridades de la Unión.