La Comisión Europea ha reservado para este viernes una de las reuniones más importantes del año, antes del parón estival con la energía como gran protagonista. El Colegio de Comisarios tiene previsto aprobar el esperado Plan de Acción para la Electrificación, junto a una revisión de los cargos de acceso a las redes eléctricas y la actualización del mercado europeo de emisiones (ETS), tres expedientes que marcarán el rumbo de la transición energética comunitaria en los próximos años.
Ante este nuevo paquete legislativo, Nicolás González Casares (1972), eurodiputado socialista y miembro de la Comisión de Industria, Investigación y Energía (ITRE) del Parlamento Europeo, defiende que la electrificación debe convertirse en una herramienta para reducir la dependencia energética exterior, mejorar la competitividad y avanzar hacia los objetivos climáticos de la Unión. En conversación con Demócrata, analiza las claves del plan que presentará la Comisión, desde el objetivo de electrificación para 2040 hasta el papel del almacenamiento, las redes, los centros de datos y el futuro del ETS.

Pregunta: Los borradores hablan de fijar un objetivo vinculante de electrificación para 2040, aunque todavía no se conoce el porcentaje. ¿Qué nivel considera necesario?
Respuesta: El objetivo debe ser el que permita cumplir las metas climáticas de la Unión Europea: una reducción del 90 % de las emisiones en 2040, el objetivo intermedio del 55 % para 2030 y una cuota de renovables coherente con esa trayectoria. El porcentaje exacto aún no lo conocemos, pero debería quedar reflejado en el Reglamento de Gobernanza.
Lo importante es que sea un objetivo ambicioso. Europa no puede quedarse estancada en sus niveles actuales de electrificación. Al final, la electrificación refleja cómo evoluciona y se descarboniza la demanda energética. Si queremos descarbonizar esa demanda, necesitamos más renovables y que cada vez más sectores sustituyan los combustibles fósiles por electricidad.
No me atrevo a poner una cifra concreta porque todavía no conocemos la propuesta de la Comisión. En los escenarios de neutralidad climática siempre se ha hablado de que la economía debería alcanzar alrededor de un 70 % de electrificación en 2050. Para 2040 probablemente estemos hablando de un nivel cercano al 40 %, pero aún es pronto para afirmarlo.
Pregunta: La crisis en Oriente Medio ha vuelto a evidenciar el coste de depender de los combustibles fósiles. ¿Cómo puede evitar la Comisión que esa dependencia se sustituya por otra tecnológica, por ejemplo en baterías o componentes?
Respuesta: Lo primero es recordar cuánto cuesta la dependencia fósil. Solo durante estos meses de tensión en torno al estrecho de Ormuz hemos tenido que asumir unos 50.000 millones de euros adicionales en importaciones energéticas. Si estuviéramos en la situación previa a la guerra de Ucrania, el impacto habría sido mucho mayor. Eso demuestra que Europa ya ha avanzado reduciendo su dependencia de los combustibles fósiles y que ese camino funciona.
Casares: "Europa no puede quedarse estancada en sus niveles actuales de electrificación. Si queremos descarbonizar esa demanda, necesitamos más renovables y que cada vez más sectores sustituyan los combustibles fósiles por electricidad"
Es verdad que la transición energética genera nuevas dependencias tecnológicas, pero hay una diferencia fundamental: el sol, el viento y el agua son recursos europeos, mientras que los combustibles fósiles no lo son. Debemos proteger las industrias que desarrollan las tecnologías necesarias para aprovechar esos recursos.
Ahora bien, proteger no significa cerrar el mercado ni limitarse a imponer aranceles. Significa crear las condiciones para que la industria europea pueda competir y desarrollarse.
Pregunta: ¿Qué medidas puede impulsar el Parlamento para que esta electrificación no termine encareciendo la vida de los ciudadanos?
Respuesta: La principal ventaja es que la electricidad es mucho más eficiente que los combustibles fósiles. Para obtener el mismo servicio energético se necesita consumir menos energía, y eso acaba traduciéndose en menores costes. Por eso la electrificación no solo reduce emisiones, sino que normalmente también mejora la competitividad.
Además, hay aspectos regulatorios que deben corregirse. Hoy sigue existiendo el denominado Primary Energy Factor (PEF), que en determinados casos continúa favoreciendo una caldera de gas frente a una bomba de calor al considerar, erróneamente, que resulta más eficiente. Esa regulación debe modificarse para facilitar la electrificación.
Lo mismo ocurre con el transporte. Aunque los vehículos eléctricos todavía tengan un precio de compra superior, su coste de uso es mucho menor. En España, recorrer 100 kilómetros con un coche eléctrico cuesta aproximadamente tres o cuatro veces menos que hacerlo con uno de gasolina gracias al precio de una electricidad cada vez más renovable. Por tanto, electrificar la demanda no solo beneficia al clima; también mejora la economía de los hogares.

Pregunta: El plan podría plantear reducir progresivamente los subsidios a los combustibles fósiles. ¿Existe margen político para sacar adelante esa medida?
Respuesta: Deben avanzar dos procesos al mismo tiempo. Por un lado, hay que seguir reduciendo los costes que soporta la electricidad. España ha dado un paso importante eliminando recientemente el impuesto del 7 % sobre la generación eléctrica, una medida que mejora su competitividad.
Por otro, debemos reducir gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles y avanzar hacia una fiscalidad que grave más aquellas energías que generan emisiones.
Esa transición debe hacerse de forma progresiva y teniendo en cuenta el contexto económico. Cuando los precios de los combustibles fósiles son elevados, la electrificación ya resulta más atractiva por sí misma. La política fiscal debe acompañar esa evolución. La dirección es clara: menos cargas para la electricidad y una mayor fiscalidad sobre los combustibles fósiles. Esa es la trayectoria que debe seguir Europa.
Pregunta: Los borradores plantean casi cuadruplicar la capacidad de almacenamiento respecto a las previsiones de 2016. ¿De dónde deberían salir esas inversiones?
Respuesta: El almacenamiento será una pieza fundamental del sistema eléctrico europeo y, por tanto, debe recibir apoyo público y privado.
A medida que aumenta el peso de las renovables, necesitamos almacenar la energía cuando hay exceso de producción para utilizarla cuando la demanda lo requiera. Eso puede hacerse mediante bombeo hidráulico o mediante baterías, tecnologías que hoy ya son mucho más competitivas.
En el caso de la península ibérica esta cuestión es todavía más importante. Más allá de la interconexión que se está desarrollando por Vizcaya, no se prevén nuevas grandes conexiones con el resto de Europa antes de 2040. Eso significa que España y Portugal seguirán funcionando, en gran medida, como un sistema aislado.
Si queremos seguir incorporando renovables sin frenar nuevas inversiones, necesitaremos mucho más almacenamiento y también mayor flexibilidad del sistema. Si Europa no avanza en las interconexiones, debe apoyar soluciones alternativas para países como España y Portugal. El plan de electrificación acierta al apostar por el almacenamiento, pero también debe incluir instrumentos financieros que permitan desarrollarlo.
Casares: "El sol, el viento y el agua son recursos europeos, mientras que los combustibles fósiles no lo son. Debemos proteger las industrias que desarrollan las tecnologías necesarias para aprovechar esos recursos"
Pregunta: Siguiendo con el caso de la península ibérica, ¿espera que el plan incorpore referencias a las lecciones aprendidas tras el apagón?
Respuesta: Creo que sí. En España ya se han puesto en marcha numerosas medidas para mejorar el control de tensión y reforzar la estabilidad de la red.
La principal enseñanza es que un sistema cada vez más descentralizado requiere nuevas herramientas de gestión. A medida que aumenta la generación renovable distribuida, controlar el equilibrio entre oferta y demanda resulta más complejo. En ese contexto, el almacenamiento volverá a desempeñar un papel esencial. No solo facilitará la gestión del sistema, sino que también permitirá seguir haciendo rentables tecnologías como la energía solar.
Nadie considera positivo un apagón, pero lo importante es aprender de los fallos para evitar que vuelvan a producirse.
Pregunta: Otro de los grandes debates gira en torno al crecimiento de los centros de datos. ¿Qué reglas deberían establecerse para evitar que tensionen el sistema eléctrico o encarezcan la electricidad?
Respuesta: Allí donde se ha producido un gran despliegue de centros de datos han ocurrido dos cosas: han aumentado los precios mayoristas de la electricidad y también los costes de las redes eléctricas. Lo hemos visto, por ejemplo, en Estados Unidos o en Irlanda.
Eso significa que los operadores de esos centros deben asumir parte del coste de las nuevas infraestructuras que necesitan. No puede recaer sobre los consumidores o sobre las industrias que ya estaban conectadas a la red.
Además, ese desarrollo no puede hacerse a costa de la transición energética europea. Más centros de datos deben significar también más renovables. No tendría sentido cubrir esa nueva demanda recurriendo otra vez al gas fósil.
Casares:“No tendría sentido cubrir esa nueva demanda recurriendo otra vez al gas fósil. Más centros de datos deben significar también más renovables”
También es necesario plantear una cuestión estratégica. Muchos de estos centros pertenecen a empresas extranjeras. Si Europa pone a su disposición energía, suelo, agua o infraestructuras, también debe exigir un compromiso con la soberanía tecnológica europea. No tiene sentido consumir enormes cantidades de recursos para entrenar modelos de inteligencia artificial si, llegado el momento, una empresa puede limitar unilateralmente el acceso a esos servicios. Por tanto, cualquier nuevo centro de datos debería asumir un doble compromiso: operar con energía limpia y contribuir a los intereses estratégicos de Europa.
Pregunta: Cambiando de asunto, una de las grandes reformas pendientes este viernes será la revisión del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (ETS). España, junto a otros países, ha defendido mantener la ambición climática. ¿Qué espera de la propuesta de la Comisión?
Respuesta: Hace unos meses surgió una corriente, liderada principalmente por Italia, que planteaba debilitar el ETS. Creo que sería un error. El ETS no es solo una pieza clave de la arquitectura climática europea; también lo es de su arquitectura económica.
Eliminarlo o vaciarlo de contenido sería un auténtico desastre. El ETS no solo incentiva la descarbonización, sino que también reduce nuestra dependencia energética. Las emisiones provienen, fundamentalmente, del uso de combustibles fósiles, y Europa no dispone de esos recursos. Cada tonelada de CO₂ que dejamos de emitir significa también menos importaciones de energía.
Europa ha reducido sus emisiones alrededor de un 39 % en las dos últimas décadas y España cerca de un 48 %. Parte de esa reducción responde a cambios industriales, pero también a una mayor eficiencia y a un menor consumo de combustibles fósiles. Eso ha supuesto un importante ahorro económico.
Además, el ETS aplica un principio muy sencillo: quien contamina paga. Y los recursos que genera se destinan a financiar tecnologías limpias e inversiones para acelerar la transición energética.
Casares: “La electrificación no solo reduce emisiones, sino que normalmente también mejora la competitividad”
Pregunta: ¿Eso implica mantener también la reducción progresiva de los derechos de emisión gratuitos?
Respuesta: El factor de reducción lineal debe mantenerse y los derechos gratuitos tienen que ir disminuyendo progresivamente. Es cierto que hay sectores que todavía encuentran dificultades porque no disponen de alternativas tecnológicas maduras para descarbonizarse. Pienso especialmente en industrias como el cemento o la cerámica.
En esos casos puede ser necesario introducir mecanismos específicos que les permitan adaptarse sin perder competitividad. Sin embargo, no todos los sectores se encuentran en la misma situación. En el acero, por ejemplo, ya existen tecnologías para avanzar en la descarbonización y, además, la entrada en funcionamiento del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) está empezando a equilibrar la competencia frente a las importaciones de países con menores exigencias ambientales.
Pregunta: Parte de la industria sostiene que el ETS está perjudicando la competitividad europea. ¿Cómo responde a ese argumento?
Respuesta: Hay que distinguir entre sectores. Es cierto que algunas industrias han visto reducirse sus márgenes, especialmente aquellas muy intensivas en energía. Pero también hay otras que han mejorado sus resultados.
En cualquier caso, culpar exclusivamente al ETS resulta simplista. La competitividad industrial depende de muchos factores: el precio de la energía, la innovación, las inversiones o la dependencia de los combustibles fósiles. El CBAM contribuirá además a corregir situaciones de competencia desleal derivadas de la llamada fuga de carbono.
También debemos preguntarnos qué han hecho algunas empresas con los recursos recibidos durante todos estos años mediante los derechos gratuitos de emisión. En algunos casos han recibido ayudas muy importantes sin que esas inversiones se hayan traducido después en una transformación real de sus procesos productivos.
Ahí también hay margen de mejora.
Pregunta: Hay gobiernos, como el italiano o parte de la industria alemana, que piden rebajar esa ambición climática para proteger la competitividad. ¿Comparte ese diagnóstico?
Respuesta: Creo que se puede debatir el ritmo al que avanzamos o los instrumentos concretos que utilizamos. Eso siempre es legítimo. Lo que me cuesta entender es cuestionar la utilidad del ETS. Hoy hacerlo supone ir en contra de los propios intereses económicos de Europa.
Pongo un ejemplo. Los ingresos del ETS pueden utilizarse de muchas maneras. Si simplemente se destinan a aliviar temporalmente la factura eléctrica de los consumidores, ese efecto desaparece rápidamente y, además, ese dinero vuelve a financiar un sistema que sigue dependiendo de los combustibles fósiles. En cambio, si esos recursos se invierten en renovables, almacenamiento, electrificación o redes eléctricas, el resultado es estructural: se reduce la dependencia energética y bajan los precios de la electricidad de forma permanente.
Esa es la diferencia. Por eso algunos países han entendido el ETS como una herramienta de transformación económica, mientras que otros siguen viéndolo únicamente como un coste.
Demócrata bruselas
Off the record
“No es fácil explicar esto”, bromea González Casares al despedirse, consciente de que detrás de términos como ETS, electrificación, PEF o "almacenamiento" todavía se esconde una arquitectura regulatoria difícil de trasladar fuera de Bruselas.
El eurodiputado asegura que su forma de abordar estos debates pasa por buscar ejemplos concretos y recurrir siempre a los datos. Durante la conversación, esa filosofía se repite: cifras sobre dependencia energética, costes para los consumidores, evolución de las emisiones o capacidad de las redes para intentar hacer más comprensible una de las transformaciones económicas más profundas a las que se enfrenta Europa.
