Brasil se juega este domingo seguir con Lula o abrir la puerta al regreso del bolsonarismo en un duelo al límite

Brasil vota entre Lula y Flávio Bolsonaro en unas presidenciales extremas, marcadas por la polarización, el Congreso derechizado y la batalla en redes.

Seguidores del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en una movilización en Sao Paulo. Felipe Iruat/JNA via ZUMA Press / DPA

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Más de 156 millones de ciudadanos brasileños están llamados este domingo a una votación decisiva en la que deberán optar entre dos dirigentes y proyectos que encarnan capítulos opuestos de la historia reciente del país: el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, veterano sindicalista forjado en la lucha contra la dictadura, y Flávio Bolsonaro, hijo del militar y expresidente Jair Bolsonaro, que capitaliza un movimiento nostálgico de aquel régimen autoritario.

Lula afronta esta segunda vuelta impulsado por las últimas encuestas, tras el duro revés que supuso su derrota en la primera ronda. El jefe del Estado se enfrenta al reto de revertir aquel resultado, algo que ningún aspirante ha conseguido hasta ahora en la mayor democracia de América Latina.

El sondeo de Datafolha difundido el jueves apunta a un empate técnico, con el 50% de los sufragios para cada uno. Por su parte, la encuesta de la consultora Quaest otorga a Bolsonaro un 45% frente al 44% de Lula y recoge, además, que el alto nivel de rechazo del presidente --rasgo que comparte con su rival-- ha descendido cinco puntos, hasta el 47%.

El fuerte rechazo que despiertan ambos candidatos refleja una polarización política extrema que trasciende a esta cita electoral. Se trata de una fractura identitaria y social que condiciona de manera directa el comportamiento de los votantes, el tono de la campaña y la futura capacidad de gobernar Brasil.

Con casi la mitad del electorado declarando su animadversión hacia uno de los dos aspirantes, el margen para ampliar apoyos resulta casi nulo. La opción de una tercera vía quedó descartada antes incluso del arranque del proceso, de modo que los indecisos, si acuden a votar, lo harán por quien perciban como el mal menor.

DOS MODELOS ENFRENTADOS

Lula y Bolsonaro simbolizan dos visiones radicalmente opuestas de país y, al mismo tiempo, se enfrentarán a desafíos diferentes en función de quién se imponga en las urnas.

Con un Congreso inclinado aún más hacia la derecha, se prevé un clima parlamentario mucho más favorable para Flávio Bolsonaro que el que ha tenido que gestionar Lula, cuyo Ejecutivo se ha visto obligado a complejas negociaciones para sacar adelante sus iniciativas. En contraste, todo indica que un eventual mandato del candidato ultraderechista toparía con una contestación más intensa en la calle, con previsibles protestas de movimientos sociales, medioambientales y de defensa de los derechos civiles.

No obstante, será clave para ambos el papel de la poderosa bancada lobbista del “centrão”, un bloque informal de partidos conservadores y fuertemente clientelares que se mueve en torno a intereses como el agronegocio, la seguridad y el evangelismo, lo que en Brasil se denomina la triple B: “Buey, Bala y Biblia”.

Aunque las políticas de los anteriores gobiernos de Lula sacaron de la pobreza a millones de personas mediante programas sociales reconocidos internacionalmente, como Bolsa Familia, su proyecto llega a esta elección mostrando signos de desgaste, como evidenció su inesperada derrota en la primera vuelta.

El modelo de Lula arrastra la ausencia de relevo generacional en la izquierda brasileña, cierta mirada nostálgica a tiempos de bonanza y el impacto de antiguos escándalos de corrupción. A ello se añade la dificultad para presentar propuestas convincentes frente a la inflación, pese a las subidas salariales.

El balance económico de estos cuatro años no ha sido catastrófico, pero sí insuficiente para consolidar el apoyo social del Gobierno, hasta el punto de que en sus bastiones tradicionales del nordeste se ha registrado una ligera merma en el respaldo.

Bolsonaro, por su parte, recoge la herencia política de su padre y plantea una drástica reducción del gasto público y del peso del Estado, con una agenda que incluye privatizaciones, rebajas generalizadas de impuestos, recortes en la administración, explotación masiva de recursos naturales y una política de seguridad inspirada en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, con endurecimiento de penas y rebaja de la edad de responsabilidad penal.

Su posible desembarco en el Palacio del Planalto iría acompañado, previsiblemente, de un perdón presidencial a su padre, Jair Bolsonaro, actualmente en arresto domiciliario por motivos de salud tras ser condenado a más de 27 años de prisión por su papel como ideólogo principal en el intento de golpe de Estado posterior a su derrota electoral de 2022.

Una victoria de Flávio Bolsonaro sería decisiva para las aspiraciones de libertad del exmandatario, ya sea mediante la aprobación de una ley de amnistía en un Congreso favorable o a través de un indulto. Jair Bolsonaro forma parte del grupo de 1.400 personas condenadas por el asalto a las instituciones en enero de 2023, en Brasilia.

LAS ELECCIONES SE DIRIMEN TAMBIÉN EN REDES SOCIALES

La polarización de la sociedad brasileña se alimenta en buena medida de la batalla digital que se libra en las redes sociales, donde el bolsonarismo ha sabido desplegar con más eficacia sus estructuras que la izquierda, hasta el punto de provocar choques judiciales en el Tribunal Superior Electoral (TSE).

Lula pidió al TSE la nulidad de la candidatura de Bolsonaro alegando un supuesto trato de favor de Meta --la matriz de Facebook e Instagram-- en lo relativo al contenido y al algoritmo, subrayando la permisividad con la desinformación electoral financiada por el equipo del candidato ultraderechista.

La denuncia ha llevado al TSE a imponer plazos a Meta para retirar esos contenidos y ajustar el algoritmo con el fin de garantizar una estricta neutralidad, bajo amenaza de fuertes multas diarias, reabriendo el debate sobre la influencia de las grandes tecnológicas en los procesos electorales y la necesidad de su regulación.