La 31ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31) comienza este lunes 9 de noviembre en Antalya, Turquía, con una estructura poco habitual. Por primera vez, las principales responsabilidades de la cumbre se reparten entre dos países: Turquía será el anfitrión y ejercerá la presidencia formal, mientras que Australia dirigirá las negociaciones entre los casi 200 países participantes.
No se trata de una copresidencia en sentido estricto. El acuerdo atribuye a cada país competencias diferenciadas y establece que ambos deberán consultarse para coordinar sus decisiones. El objetivo es resolver el enfrentamiento que mantuvieron sus candidaturas para organizar la conferencia y, al mismo tiempo, incorporar las prioridades climáticas de los pequeños Estados insulares del Pacífico.
La cumbre se celebrará del 9 al 20 de noviembre en el Antalya Expo Center. El encuentro de líderes mundiales tendrá lugar los días 11 y 12 de noviembre. UNFCCC.
Un acuerdo para desbloquear dos candidaturas
La fórmula nació de la disputa entre Turquía y Australia por hacerse con la sede de la COP31. Ambos países mantuvieron sus candidaturas hasta la COP30, celebrada en noviembre de 2025 en Belém (Brasil), lo que llevó el proceso a un punto muerto. Tras una semana de conversaciones, alcanzaron un compromiso que permitió cerrar la elección sin que ninguno tuviera que renunciar por completo a sus aspiraciones.
El acuerdo, anunciado el 23 de noviembre de 2025, estableció que Turquía acogería físicamente la conferencia en Antalya y asumiría la presidencia de la COP. Australia, por su parte, obtendría la dirección de las negociaciones oficiales. La fórmula también reservó un papel específico para los países insulares del Pacífico, que participarían en la preparación de la cumbre y tendrían un espacio propio para situar sus problemas climáticos en la agenda internacional. Gobierno de Australia.
La solución permitió evitar que la elección de la sede quedara bloqueada por la competencia entre las dos candidaturas. También dio respuesta a una de las prioridades de Australia: elevar la exposición internacional de una región especialmente vulnerable a la subida del nivel del mar y a los efectos del calentamiento global.
Qué hará Turquía y qué competencias tendrá Australia
La división de funciones afecta tanto a la organización como al desarrollo político de la conferencia.
Turquía será responsable de la infraestructura y la logística de la COP31, de las comunicaciones generales y de la agenda de acción climática, que reúne iniciativas y compromisos para trasladar los objetivos internacionales a medidas concretas. También organizará la cumbre de líderes mundiales y designará al representante turco que ejercerá la presidencia formal de la conferencia: el ministro de Medio Ambiente, Urbanización y Cambio Climático, Murat Kurum.
Australia tendrá una responsabilidad distinta y decisiva: dirigir las negociaciones oficiales. Su ministro de Cambio Climático y Energía, Chris Bowen, será el presidente de las negociaciones y tendrá autoridad exclusiva sobre ese proceso, de acuerdo con las modalidades pactadas por ambos gobiernos.
Entre sus competencias figuran convocar consultas y reuniones durante el año, seleccionar a los ministros y otros representantes que facilitarán las conversaciones, conducir la agenda negociadora y elaborar los borradores de los textos que se someterán a discusión. También será el interlocutor principal ante la ONU para los asuntos relacionados con las negociaciones.
El acuerdo establece, además, que Australia será vicepresidente de la COP durante la conferencia y que los dos países deberán consultarse si surgen diferencias de criterio. Modalidades de la asociación entre Turquía y Australia.
El Pacífico gana espacio en la agenda climática
La participación de Australia en el liderazgo de la COP31 está vinculada a su objetivo de dar mayor visibilidad a los países insulares del Pacífico. Para muchos de ellos, el cambio climático no es una cuestión futura: la subida del nivel del mar, la erosión costera y los fenómenos meteorológicos extremos afectan ya a sus territorios y comunidades.
El acuerdo contempla una reunión preparatoria especial, conocida como Pre-COP, en un país insular del Pacífico. Australia y los propios países de la región se encargarán de organizarla y presidirla. La intención es que los líderes y representantes internacionales conozcan sobre el terreno los impactos climáticos y las respuestas que están desarrollando estas comunidades.
También se ha previsto que la COP31 incluya una sesión dedicada a las necesidades de financiación climática de los pequeños Estados insulares en desarrollo. El encuentro servirá como plataforma para promover compromisos con el Pacific Resilience Facility, un fondo impulsado por los propios países del Pacífico para apoyar sus respuestas frente a la crisis climática.
Esta dimensión regional se suma a las prioridades generales de la conferencia, entre ellas la financiación climática, la adaptación, la transición energética y la puesta en marcha de los compromisos recogidos en el Acuerdo de París.
Dos países al frente, pero las decisiones siguen siendo multilaterales
El reparto de responsabilidades no significa que Turquía o Australia puedan imponer por sí solas el resultado de la cumbre. Las COP son reuniones multilaterales en las que las decisiones corresponden a los países que forman parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Australia podrá conducir las conversaciones, organizar consultas y preparar los textos de negociación, pero los acuerdos deberán construirse entre las partes conforme a las reglas del proceso de Naciones Unidas. La presidencia de las negociaciones tiene capacidad para ordenar y facilitar el diálogo, no para sustituir la decisión colectiva de los gobiernos.
Por eso, el modelo de Antalya introduce una novedad institucional, pero no altera la naturaleza de las COP: el resultado dependerá de la capacidad de los países para alcanzar consensos sobre cuestiones como la reducción de emisiones, la adaptación a los impactos climáticos y la financiación para los países en desarrollo.
La propia agenda de la conferencia pone el foco en pasar de los compromisos a su aplicación. La ONU señala como ámbitos centrales la transición energética, la resiliencia ante sequías e inundaciones y el apoyo financiero a los países más vulnerables. El reto será comprobar si el liderazgo compartido consigue facilitar avances en esas materias sin añadir dificultades a un proceso que exige el acuerdo de casi 200 partes.