La gasolina tiene una ventaja sobre cualquier discurso electoral: su precio se ve desde la carretera. Este martes, mientras Estados Unidos vota, el galón de combustible regular cuesta de media 4,15 dólares. Llenar un depósito de quince galones supone desembolsar algo más de 62 dólares. Para quien necesita el coche para trabajar, llevar a los niños al colegio o hacer la compra, la discusión sobre la economía empieza muchas veces ahí.
Donald Trump volvió a la Casa Blanca con la promesa de que vivir sería más asequible. Veintiún meses después, afronta unas elecciones de medio mandato con los precios de los combustibles disparados, una guerra con Irán que ha encarecido la energía y unas encuestas que favorecen a sus adversarios. Su nombre no aparece en las papeletas al Congreso. Su gestión está detrás de buena parte de lo que se decide.
Trump seguirá siendo presidente después de estas elecciones. Lo que puede cambiar es cuánto tendrá que negociar, qué iniciativas podrá sacar adelante y quién controlará las comisiones encargadas de fiscalizar a su Administración.
Las encuestas dibujan una ventaja demócrata
Los últimos sondeos coinciden en la dirección, aunque difieren en la intensidad. El promedio de RealClearPolling consultado sitúa a los demócratas en el 52,1% y a los republicanos en el 43,3% en la pregunta nacional sobre qué partido prefieren los electores para el Congreso. La diferencia es de 8,8 puntos.
La última encuesta de Ipsos, realizada entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre, ofrece un 52% frente a un 44% entre los votantes probables. El trabajo anterior, del 22 al 26 de octubre, daba nueve puntos de ventaja demócrata. Ambos dibujan un escenario favorable a la oposición, sin que esa pequeña diferencia entre sondeos permita hablar por sí sola de un cambio de tendencia.
DEMÓCRATA · MIDTERMS 2026
Las encuestas antes del recuento
| Encuesta / promedio | Demócratas | Republicanos | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Promedio RealClearPolling 9 oct.–1 nov. | 52,1% | 43,3% | D +8,8 |
| Ipsos 29 oct.–2 nov. | 52% | 44% | D +8 |
| Ipsos 22–26 oct. | 53% | 44% | D +9 |
La Cámara de Representantes se gana distrito a distrito. Una ventaja nacional ayuda a entender el ambiente, pero no dice por sí sola dónde se concentra el voto ni cuántas contiendas ajustadas caerán de cada lado. Los demócratas pueden sumar muchos votos en lugares que ya dominan y, aun así, necesitar victorias estrechas en otros para alcanzar los 218 escaños de la mayoría.
Ese será uno de los asuntos centrales de la madrugada: comprobar si la ventaja que muestran las encuestas tiene la distribución territorial necesaria para cambiar el control de la Cámara.
La promesa de llegar mejor a fin de mes
Trump recibió en 2024 el apoyo de estadounidenses descontentos con lo que costaba vivir bajo la presidencia de Joe Biden. Ahora es él quien tiene que explicar por qué las facturas siguen subiendo.
El último sondeo de Ipsos sitúa su aprobación general en el 32%. En el estudio de finales de octubre, solo el 20% aprobaba su gestión del coste de la vida. El malestar alcanzaba también a sus propias filas: menos de la mitad de los republicanos encuestados, el 48%, respaldaba su actuación en ese terreno.
Un votante puede seguir identificándose con Trump, compartir su política migratoria o desconfiar de los demócratas y, al mismo tiempo, considerar que su economía doméstica ha empeorado. Para los candidatos republicanos, el problema consiste en conseguir que esa decepción no se traduzca en abstención o en un voto de castigo.
El bolsillo obliga a comparar promesas con gastos concretos. No basta con que la inflación baje respecto a un máximo anterior: eso significa que los precios crecen más despacio, no que la compra vuelva a costar lo mismo. Y en estos comicios ni siquiera hay una mejora clara en esa comparación reciente.
La inflación media entre abril y septiembre fue del 3,67%, un punto por encima del promedio registrado durante los últimos seis meses de Biden. La gasolina cuesta casi un 50% más que en febrero. El diésel se ha encarecido cerca de un 70%.
La guerra entra en casa por el depósito y la compra
La guerra con Irán no queda confinada a la política exterior. Las dificultades para el tráfico comercial por el estrecho de Ormuz han trasladado el conflicto al precio de la energía, con consecuencias para el transporte y para los bienes que dependen de él.
Antes habían llegado los aranceles. La protección de la industria estadounidense fue una de las grandes apuestas de Trump, pero el encarecimiento de las importaciones también afecta a quienes compran esos productos. Las ventajas prometidas a largo plazo compiten electoralmente con gastos que se pagan esta semana. El presidente se enfrenta así a una dificultad que conoció su antecesor: explicar una economía mediante indicadores agregados cuando los ciudadanos la evalúan con las cuentas de su casa.
Los republicanos tienen datos con los que defender su gestión. El PIB creció un 3,4% en el tercer trimestre y el consumo privado siguió avanzando. Estados Unidos no llega a estas elecciones con una economía paralizada. Llega con crecimiento y con una parte de sus ciudadanos insatisfecha con lo que ese crecimiento significa para ellos.
La inteligencia artificial también llega a las urnas
La inversión empresarial aumentó un 12,7%, impulsada en buena medida por el desarrollo de la inteligencia artificial. Es una de las apuestas con las que la Administración pretende presentar una economía más competitiva.
Pero una inversión no se recibe igual desde todos los lugares. Para una empresa tecnológica puede significar capacidad de expansión; para un trabajador, incertidumbre sobre su empleo. Para una localidad que recibe un centro de datos, puede abrir oportunidades y suscitar preguntas sobre el consumo de agua y electricidad. El debate tiene una traducción cotidiana: quién consigue los nuevos empleos, quién se beneficia de la inversión y quién asume sus costes. La capacidad de la industria para crecer no resuelve automáticamente esas preguntas.
En una campaña dominada por el coste de la vida, la promesa tecnológica necesita convivir con preocupaciones bastante menos abstractas.
El Senado obliga a mirar otro mapa
Recuperar la Cámara de Representantes y ganar el Senado son objetivos distintos. En la Cámara Alta se disputan 35 escaños: 33 correspondientes al ciclo ordinario y dos elecciones especiales. No se renueva la totalidad de los cien puestos.
DEMÓCRATA · LAS MAYORÍAS
Cuánto poder se juega Trump
| La clave | Cámara de Representantes | Senado |
|---|---|---|
| Escaños en juego | 435: se renueva toda la Cámara. | 35 de 100: 33 ordinarios y dos elecciones especiales. |
| Umbral decisivo | 218 escaños para la mayoría con los 435 puestos cubiertos. | Los demócratas necesitan 51. Con empate a 50, desempata el vicepresidente republicano. |
| Qué mirar en el recuento | Si la ventaja nacional demócrata se convierte en victorias en los distritos disputados. | Si los demócratas conservan sus escaños y consiguen una ganancia neta de cuatro. |
| Si cambia de manos | La oposición controlaría la agenda de la Cámara y sus comisiones de investigación. | La oposición podría bloquear nombramientos presidenciales y judiciales que requieran confirmación. |
Los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para llegar a 51. Un empate a cincuenta dejaría a los republicanos el voto de desempate del vicepresidente, JD Vance. La oposición tiene que proteger sus posiciones y ganar terreno en estados donde Trump obtuvo resultados sólidos hace dos años.
Entre las contiendas que concentran la atención están Michigan, con Abdul El-Sayed frente a Mike Rogers, y Texas, donde James Talarico compite contra Ken Paxton. El estado que elige a un senador entero importa tanto como el clima nacional: una ventaja demócrata en el conjunto del país no se reproduce necesariamente en cada carrera.
Para los republicanos, conservar el Senado tendría valor incluso si pierden la Cámara de Representantes. Mantendrían el control de una institución decisiva para confirmar nombramientos presidenciales y judiciales. Para los demócratas, ganar ambas cámaras ampliaría considerablemente su capacidad de condicionar la segunda mitad del mandato.
Ganar el Congreso no equivale a ganar la Casa Blanca
Los demócratas afrontan una oportunidad, pero también una prueba. El rechazo al presidente puede reunir a votantes que discrepan entre sí sobre impuestos, inmigración, energía o política exterior. Convertir ese malestar en una mayoría exige movilizarlos en las mismas elecciones, aunque sus motivos sean diferentes.
Si recuperan la Cámara de Representantes, podrán controlar su agenda, impulsar investigaciones y dificultar la aprobación de leyes republicanas. No podrán imponer por sí solos su programa: Trump conservará la presidencia y el veto, y el Senado puede seguir en manos de sus adversarios.
Una victoria demócrata abriría una etapa de mayor confrontación institucional y negociación. Una resistencia republicana mejor de lo previsto permitiría al presidente reivindicar respaldo para continuar. La magnitud de las victorias, además del color de las mayorías, determinará cuánto margen encuentra cada partido al día siguiente.
Por ahora, los estadounidenses siguen votando. Los primeros cierres parciales llegarán a medianoche en la España peninsular, en zonas de Indiana y Kentucky. El recuento posterior irá sustituyendo la ventaja nacional de los sondeos por resultados concretos, distrito a distrito y estado a estado.