El brote de ébola declarado a mediados de mayo en la República Democrática del Congo, considerado el más mortífero registrado hasta ahora en el país africano, continúa dejando víctimas: 2.184 fallecidos en las 54 áreas afectadas, con especial incidencia en la provincia de Ituri, en el noreste del país, convertida en el epicentro de la epidemia.
El último recuento difundido por el Gobierno congoleño, con datos actualizados hasta el pasado martes, eleva además el número total de contagios confirmados a 4.665, de los cuales 634 permanecen ingresados en centros hospitalarios.
Según han informado las autoridades sanitarias de la RDC, el virus del ébola ha sido detectado por primera vez en una nueva área sanitaria, Buta, situada en la provincia de Bajo Uele, en el norte del país.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió a finales de la semana pasada sobre la extrema gravedad del escenario actual. El brote --de la cepa Bundibugyo, para la cual todavía no existe vacuna aprobada-- fue declarado el pasado 15 de mayo y se mantiene desde entonces concentrado principalmente en la provincia septentrional de Ituri.
Esta región es una de las áreas con mayores niveles de violencia de todo el continente africano, lo que ha complicado aún más la respuesta sanitaria y la labor de los equipos médicos. Como consecuencia, la tasa de mortalidad asociada al virus continúa aumentando con rapidez y se aproxima ya a los niveles registrados en el anterior brote, que tuvo lugar entre 2018 y 2020.