Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reúnen este jueves y viernes en Bruselas en un Consejo Europeo marcado por las tensiones geopolíticas y por los primeros intercambios de cifras sobre el reparto del presupuesto común posterior a 2027. Antes, sin embargo, los líderes deberán salvar sus discrepancias internas para decidir si refuerzan la respuesta comercial frente a las prácticas desleales de Pekín, que a su juicio distorsionan la economía del bloque.
La UE dispone ya de herramientas comerciales para reaccionar con aranceles ante casos de competencia desleal o de fuerte sobrecapacidad en sectores como el acero, pero cada vez más capitales se quejan de las dificultades para activar respuestas rápidas y contundentes cuando se producen esas distorsiones.
Por este motivo, los líderes mantendrán un intercambio específico sobre los “desequilibrios macroeconómicos globales”, tal y como figura en el último borrador de conclusiones al que ha tenido acceso Europa Press. El texto refleja la inquietud por China, aunque evita mencionarla expresamente por las reservas de países como Alemania, que temen una escalada hacia una guerra comercial.
Aun así, varias delegaciones admiten que la discusión se centrará en China y en la posibilidad de estudiar “nuevos mecanismos” más firmes, siguiendo una propuesta reciente impulsada por Francia que ha recabado apoyos de socios como Países Bajos, Italia o Bélgica.
El tono del debate ha cambiado respecto a años anteriores, ya que el reconocimiento de la gravedad del problema es prácticamente unánime. Las diferencias se concentran en la forma de responder: mientras que Francia y otros piden una postura más dura, gobiernos como el alemán o el español insisten en priorizar la vía del diálogo.
“China intenta dividirnos, ofreciendo caramelos a unos y represalias a otros, y es exactamente lo que está pasando”, ha señalado un diplomático europeo, que subraya que la Unión sigue defendiendo el comercio abierto, pero alerta de que limitarse a buscar el entendimiento con Pekín es “ingenuo”.
En este contexto, se prevé que los líderes encomienden este mismo jueves a la Comisión Europea un análisis con opciones concretas para reaccionar a la competencia desleal china: desde aranceles y cuotas hasta el mecanismo anticoerción ya existente, además de “nuevos instrumentos”.
En esa dirección, la propuesta francesa pide una “reflexión más amplia” sobre cómo responder a distorsiones graves en sectores concretos “que ningún instrumento de defensa comercial existente podría evitar, reparar o subsanar”, y plantea un mecanismo “más amplio y transversal” que facilite la imposición ágil de aranceles o cuotas para “proteger a los productores europeos”.
Berlín, que hasta ahora se había mostrado más prudente a la hora de elevar el tono de la respuesta europea, pese a las advertencias de Bruselas de que la relación actual “no es sostenible”, se declara ahora dispuesto a estudiar alternativas.
Al mismo tiempo, y pese al creciente déficit comercial de la UE con China, que supera ya los 350.000 millones de euros anuales, España también aboga por evitar una guerra comercial con el gigante asiático que podría tener consecuencias muy negativas para la economía europea, según fuentes de Moncloa.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez asume que existe un consenso amplio en la UE sobre el carácter insostenible del desequilibrio entre importaciones y exportaciones, pero reconoce que los socios discrepan sobre la estrategia a seguir y apuesta por no entrar en una confrontación directa con Pekín.
Debate sobre el papel de la UE en las negociaciones de paz
Otro asunto clave del Consejo Europeo será la guerra en Ucrania, en un momento en el que se discute si la Unión puede ejercer algún tipo de mediación en eventuales conversaciones de paz o abrir canales diplomáticos con Moscú, cortados desde el inicio de la invasión rusa en 2022.
La cumbre comenzará con un encuentro con el presidente ucraniano, Vlodomir Zelenski, con quien los líderes celebrarán la apertura del primer bloque de capítulos de negociación para la adhesión, lo que supone el arranque formal del proceso.
Los Veintisiete tendrán ocasión de reafirmar su compromiso con Kiev y de respaldar un aumento de la presión sobre el Kremlin mediante un texto de conclusiones que, por primera vez desde octubre de 2024, contará con la firma de los 27 Estados miembro y no sólo de 26, tras la llegada de Péter Magyar al frente del Gobierno húngaro en sustitución de Viktor Orbán.
En concreto, abordarán el desembolso del primer tramo del préstamo europeo de 90.000 millones de euros para Ucrania, previsto para este cuatrimestre, la adopción del 21º paquete de sanciones contra Rusia y la posible prohibición de entrada en la UE de excombatientes rusos, una medida que sigue en negociación.
En relación con unas futuras conversaciones de paz, fuentes comunitarias recuerdan que cualquier “acuerdo de paz real” afectará directamente a los intereses de la Unión, por lo que los líderes discutirán con Zelenski “cuál debe ser el papel de Europa”, dado que la defensa de los intereses comunes “tendrán que abordarse mediante contactos directos con Rusia”.
Presión para sancionar a Israel
Los líderes también analizarán la situación en Oriente Próximo, tras el reciente acuerdo de paz provisional alcanzado entre Estados Unidos e Irán. Está previsto que reiteren su llamamiento al respeto del Derecho Internacional y a la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.
Una parte relevante del debate se centrará en la situación en Gaza, Cisjordania y Líbano, en un contexto en el que un número significativo de Estados miembro ha solicitado a la Comisión Europea que prepare un documento con posibles medidas comerciales contra Israel o sanciones dirigidas a sus ministros de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, y de Finanzas, Bezalel Smotrich.
Fuentes diplomáticas admiten la “sorpresa” de varios gobiernos por el hecho de que el Ejecutivo de Ursula von der Leyen “se haya negado hasta ahora a hacerlo”, pese a que “un amplio grupo” de países lo reclama “desde hace mucho, mucho tiempo”.
El borrador de conclusiones incluye, además, una condena al maltrato de detenidos tras la interceptación de la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales por parte de Israel, e invita al Consejo a trabajar en sanciones contra “los ministros extremistas”.
Asimismo, se espera que los Veintisiete reafirmen su disposición a mantener una presencia activa en Líbano ante una posible retirada en 2027 de la misión de paz de la ONU (FINUL), y expresen su preocupación por “las continuas violaciones del alto el fuego” tanto de Israel como de Hezbolá.
Negociación del presupuesto comunitario a largo plazo
La agenda incluye también el próximo Marco Financiero Plurianual (MFF, por sus siglas en inglés) para el periodo 2028-2034. Será la primera ocasión en que los líderes debatan sobre cifras concretas desde que la Comisión presentó hace un año su propuesta inicial para el gasto más allá de 2027.
No se espera un acuerdo en esta cita, sino un intercambio de posiciones con el objetivo de cerrar el pacto antes de final de año, de modo que esté operativo en enero de 2028 y se evite que los calendarios electorales del próximo año en varios Estados miembro contaminen la negociación.
Persisten, no obstante, las líneas de fractura habituales entre los países considerados más frugales —Suecia, Países Bajos, Finlandia o Alemania—, que reclaman un recorte significativo del presupuesto y rechazan nuevas emisiones de deuda común, y aquellos que piden más ambición —España, Francia, Italia y otros del grupo conocido como ‘Amigos de la Cohesión’—, que defienden reforzar el presupuesto para afrontar prioridades como la seguridad o la defensa sin poner en riesgo la Política Agrícola Común (PAC) ni los fondos de cohesión.
