Mohamed VI endurece su mensaje a España antes de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla

El rey de Marruecos asegura que la cooperación con España no puede estar sometida a "presión, amenaza ni chantaje", critica determinadas leyes y decisiones judiciales españolas y considera agotado el actual modelo de colaboración migratoria. El mensaje llega apenas cuatro días antes de que Felipe VI y Letizia viajen a Ceuta y Melilla, aunque Mohamed VI no mencionó expresamente la visita real durante su discurso

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El rey Mohamed VI de Marruecos y su heredero, el príncipe Moulay Hasán MAP

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El rey de Marruecos, Mohamed VI, ha elevado el tono hacia España en su primera intervención pública sobre la crisis migratoria vivida en Ceuta a finales de julio. Durante la apertura de la nueva legislatura en el Parlamento marroquí, el monarca denunció las "declaraciones irresponsables" y la "instrumentalización" de la situación por parte de determinados sectores políticos y mediáticos españoles y advirtió de que la relación bilateral tiene límites. "La colaboración es una elección soberana y un compromiso voluntario, que no puede estar sujeto a ninguna presión ni amenaza, ni a ningún chantaje", afirmó. 

El discurso llega en un momento especialmente delicado para Madrid y Rabat. Felipe VI y la reina Letizia visitarán Ceuta el 13 de octubre y Melilla el día 14, en su primer viaje oficial a ambas ciudades desde la llegada del Rey al trono en 2014 y casi dos décadas después de la visita de Juan Carlos I y Sofía que provocó una fuerte reacción diplomática de Marruecos. Mohamed VI no aludió directamente al próximo desplazamiento ni formuló una protesta contra él, por lo que no puede interpretarse su intervención como un rechazo oficial a la visita, aunque el contexto convierte sus palabras en un mensaje especialmente significativo a pocos días del viaje. 

Mohamed VI da por agotado el modelo migratorio con España

El núcleo del discurso estuvo en la cooperación migratoria. Mohamed VI reconoció los avances alcanzados con España en los últimos años, incluida la lucha contra la inmigración irregular, pero sostuvo que "el modelo actual de cooperación ha llegado a sus límites" y que las sucesivas crisis fronterizas demuestran la necesidad de modificarlo. Marruecos, defendió, se ha comportado como un "socio responsable y fiable" y espera recibir un trato equivalente por parte de sus aliados. 

La referencia tiene como telón de fondo la entrada masiva registrada los días 30 y 31 de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta. Las cifras oficiales españolas han situado el episodio en alrededor de 72.000 entradas, aunque otras fuentes públicas han manejado cifras cercanas a las 80.000. La inmensa mayoría regresó posteriormente a Marruecos, pero miles permanecieron en la ciudad y la crisis desbordó temporalmente las capacidades de acogida de Ceuta. 

Rabat rechazó desde el principio haber alentado las entradas y atribuyó lo ocurrido a las mafias y a mensajes difundidos en redes sociales sobre una supuesta relajación de los controles fronterizos. El Gobierno español tampoco ha acusado oficialmente a Marruecos de provocar la crisis y ha señalado que no dispone de pruebas sólidas para sostener esa tesis, aunque el episodio reabrió en España el debate sobre hasta qué punto la cooperación migratoria convierte a Madrid en dependiente de las decisiones de Rabat. 

Críticas a las leyes y a las decisiones de los jueces españoles

Mohamed VI fue más allá y señaló directamente al marco jurídico español. Según el monarca, la cooperación se enfrenta actualmente a "disposiciones legales obsoletas y decisiones judiciales alejadas de la realidad" que dificultan la repatriación de menores y de personas que, según sostuvo, utilizan fraudulentamente el estatuto de refugiado. El rey marroquí considera que esas limitaciones terminan favoreciendo la actuación de las redes dedicadas al tráfico irregular de personas. 

Una de las referencias implícitas apunta a la sentencia dictada en julio por el Tribunal Supremo español sobre las devoluciones inmediatas en la frontera. El fallo estableció límites a su aplicación sobre las personas interceptadas en el mar cuando intentan acceder a territorio español a nado. También existen garantías reforzadas en el caso de los menores extranjeros no acompañados, cuya devolución no puede producirse automáticamente y debe atender a su situación individual, la localización de su familia y su interés superior. 

La diferencia es relevante: Marruecos reclama procedimientos más rápidos para recuperar a sus ciudadanos, mientras España está obligada a aplicar su legislación, el Derecho de la Unión Europea y los tratados internacionales sobre asilo y protección de menores. Es precisamente ese choque entre cooperación política y garantías jurídicas el que Mohamed VI ha identificado ahora como uno de los principales problemas de la relación bilateral.

"Presión, amenaza ni chantaje"

El pasaje más contundente llegó cuando el rey marroquí respondió a las críticas surgidas en España tras la crisis de Ceuta. Sin citar a partidos concretos, habló de "declaraciones irresponsables de ciertos círculos políticos y mediáticos" y denunció una "flagrante explotación de la situación". A continuación fijó públicamente una línea roja: la colaboración de Marruecos con España es voluntaria y, según dijo, no puede condicionarse mediante presiones o amenazas. 

El término "chantaje" ha aparecido repetidamente en el debate político español de los últimos meses. Distintos partidos de la oposición han acusado al Gobierno de Pedro Sánchez de mantener una relación de excesiva dependencia respecto a Rabat y algunos dirigentes han vinculado la presión migratoria con la política española hacia Marruecos. El Ejecutivo ha rechazado esas acusaciones y ha defendido que la cooperación bilateral resulta indispensable para controlar los flujos migratorios, combatir las redes de tráfico de personas y mantener la estabilidad en el Estrecho. 

Mohamed VI pretende ahora cambiar ese marco. El monarca anunció que Marruecos presentará a sus socios un nuevo documento estratégico con una "visión clara y práctica" orientada al desarrollo compartido, la competitividad económica y la estabilidad regional. No concretó qué modificaciones pretende introducir Rabat ni si esa nueva doctrina implicará cambios en los mecanismos de control fronterizo, readmisión de migrantes o financiación europea. 

La visita más simbólica de Felipe VI a Ceuta y Melilla

Todo sucede en vísperas de un viaje de enorme carga simbólica. Los Reyes llegarán a Ceuta el martes 13 de octubre, donde se reunirán con las autoridades de la ciudad, visitarán un colegio y participarán en un homenaje a las personas fallecidas en el mar durante la crisis migratoria de julio. Después mantendrán un encuentro con representantes de la sociedad ceutí y Felipe VI pronunciará unas palabras. 

La agenda incluye además una decisión inédita: Felipe VI y Letizia pasarán la noche en Ceuta. Será la primera vez en democracia que un jefe del Estado español pernocte en la ciudad autónoma. El miércoles 14 viajarán desde allí a Melilla, donde visitarán la Asamblea, un centro educativo y mantendrán otro encuentro con representantes de la sociedad civil en el que el Rey también ofrecerá un discurso. Pedro Sánchez no acompañará a los monarcas, aunque la visita ha sido consensuada entre el Gobierno y la Casa del Rey. 

El gesto tiene relevancia diplomática porque Marruecos reivindica la soberanía sobre Ceuta y Melilla, mientras España considera ambas ciudades parte integrante de su territorio nacional. La prensa marroquí ha vuelto a referirse a ellas durante los últimos días como "enclaves ocupados", pero el Gobierno de Rabat ha evitado hasta ahora emitir una protesta oficial por el viaje de Felipe VI y Letizia. 

El precedente de 2007

La última visita de los Reyes de España a las dos ciudades autónomas tuvo lugar en noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y Sofía viajaron a Ceuta y Melilla. Mohamed VI reaccionó entonces con mucha mayor contundencia: llamó a consultas al embajador marroquí en Madrid y calificó el desplazamiento de "paso contraproducente", además de considerarlo una afrenta a los sentimientos nacionales marroquíes. 

Casi veinte años después, el contexto es distinto. Madrid y Rabat han construido desde 2022 una relación mucho más estrecha, especialmente después del cambio de posición del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental, cuando Sánchez respaldó la propuesta marroquí de autonomía como la base "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto. La colaboración abarca ahora migración, comercio, seguridad, lucha antiterrorista y la organización conjunta con Portugal del Mundial de fútbol de 2030.

Precisamente por eso el discurso de Mohamed VI resulta relevante. No rompe con España ni cuestiona expresamente la visita de los Reyes, pero sí advierte de que Marruecos quiere redefinir las condiciones de la cooperación migratoria y que no acepta que esa colaboración sea utilizada como instrumento de presión política. La diferencia respecto a 2007 es que Rabat parece optar, al menos por ahora, por un aviso político antes que por una crisis diplomática abierta.

Una relación que afronta otra prueba en Ceuta

Los próximos días permitirán comprobar hasta dónde llega ese endurecimiento. El viaje de Felipe VI y Letizia enviará un mensaje inequívoco sobre la vinculación de Ceuta y Melilla con la Corona y el Estado español, mientras Marruecos mantiene intacta su reivindicación territorial. La decisión de que los Reyes pernocten además en Ceuta refuerza todavía más el simbolismo del desplazamiento. 

Mohamed VI ha evitado responder directamente a esa cuestión, pero ha escogido las vísperas del viaje para poner sobre la mesa sus propias exigencias: revisar el sistema de cooperación migratoria, facilitar las repatriaciones y dejar claro que Rabat considera su colaboración una decisión soberana. Madrid y Rabat llegan así a la visita real sin una ruptura diplomática, pero con un mensaje marroquí mucho más exigente y con Ceuta nuevamente situada en el centro de una de las relaciones exteriores más sensibles para España.