Treinta años después, el dóberman vuelve a proyectar su sombra sobre una campaña electoral del PSOE. El partido de Pedro Sánchez ha difundido este sábado una nueva pieza de precampaña construida alrededor de un contraste muy similar al que marcó las generales de 1996: de un lado, el Gobierno socialista y las políticas que presenta como favorables a la mayoría; del otro, quienes Ferraz identifica con los intereses económicos y sociales de "los de arriba". "Nos insultan porque somos el Gobierno de la gente que pone en su sitio a los de arriba", sostiene el mensaje difundido por el PSOE.
Nos insultan porque somos el Gobierno de la gente que pone en su sitio a los de arriba.
— PSOE (@PSOE) October 10, 2026
Y si queremos llegar más lejos en avances sociales y hacerlo antes, necesitamos tu fuerza: LA FUERZA DE LA GENTE. pic.twitter.com/kD8faOr14a
La publicación incorpora imágenes de un hombre interviniendo ante un micrófono mientras pronuncia una frase que aparece subtitulada: "Creo que debería irse de este país". A partir de ahí, los socialistas construyen el contraste con su propio mensaje político y terminan reclamando movilización de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre, convocadas anticipadamente por Sánchez después de la pérdida de apoyos parlamentarios que culminó con el rechazo de dos decretos sobre vivienda.
Pedro Sánchez y la sombra del dóberman
Las comparaciones con el famoso vídeo de 1996 no han tardado en aparecer. El PSOE no ha presentado oficialmente la nueva pieza como una reedición de aquella campaña ni ha recuperado literalmente al animal, pero el mecanismo político resulta reconocible: simplificar la elección entre dos modelos de país, reforzar las diferencias con el adversario y movilizar a un electorado progresista que las encuestas sitúan actualmente por detrás del bloque de PP y Vox.
La fotografía demoscópica explica parte del contexto. Una encuesta de 40dB publicada esta semana sitúa al PP como primera fuerza y otorga a la suma de populares y Vox una mayoría absoluta holgada, mientras el PSOE conservaría alrededor de cinco millones de sus más de siete millones de votantes de 2023. Son estimaciones realizadas semanas antes de las elecciones y no una predicción del resultado, pero muestran el principal desafío que afronta Sánchez: movilizar de nuevo a votantes progresistas e intentar modificar una campaña que comienza con ventaja de la derecha en los sondeos.
Qué fue realmente el dóberman de 1996
Para entender la comparación hay que regresar a febrero de 1996. Felipe González llevaba casi catorce años en La Moncloa, el PP de José María Aznar encabezaba las encuestas y el PSOE decidió introducir un tipo de publicidad negativa mucho más agresiva de la habitual hasta entonces en España. El anuncio dividía visualmente el país en dos escenarios: primero aparecía una España oscura y amenazante, en blanco y negro, con imágenes distorsionadas de Aznar y Francisco Álvarez-Cascos, una explosión, una tormenta y las fauces de un perro que pasó a la historia política como "el dóberman".
Después llegaba el contraste. La pantalla recuperaba el color, cambiaba la música y aparecían infraestructuras, hospitales, ciudadanos sonrientes y la España modernizada que el PSOE atribuía a los gobiernos de González. La intención era sencilla: asociar la continuidad socialista con el progreso y una victoria del PP con la incertidumbre y el retroceso. "La derecha no cree en este país", decía una de las frases del anuncio.
La campaña había sido coordinada por Ciprià Císcar, entonces secretario de Organización del PSOE. Años después explicó que los socialistas habían estudiado las técnicas de publicidad electoral estadounidenses y buscaban deliberadamente un producto más agresivo que desplazara la conversación de la campaña. El objetivo se cumplió al menos en términos mediáticos: durante días, buena parte del debate giró alrededor del vídeo.
El PP decidió no denunciar aquel anuncio
La polémica llegó hasta el Partido Popular, que estudió cómo responder. Finalmente decidió no recurrir la campaña ante la Junta Electoral Central porque consideraba que una denuncia podía multiplicar todavía más su repercusión. Servimedia recogió el 18 de febrero de 1996 que los populares preferían no proporcionar "publicidad gratuita" al PSOE, aunque denunciaron públicamente la estrategia socialista.
El anuncio terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de aquellas elecciones y en una referencia recurrente cada vez que una campaña española utiliza el miedo, la confrontación o una representación especialmente negativa del adversario. Tanto es así que el propio PP recuperó años después la imagen de varios dóberman para acusar al PSOE de volver a utilizar ese tipo de comunicación durante las europeas de 2009.
El PSOE perdió en 1996, pero resistió mucho más de lo esperado
El antecedente tiene además una segunda lectura especialmente interesante para Ferraz. El PSOE no ganó aquellas elecciones, pero consiguió acercarse mucho más al PP de lo que habían previsto buena parte de los sondeos. Aznar obtuvo el 38,79% de los votos y 156 diputados, frente al 37,63% y 141 escaños de González. La diferencia fue inferior a 300.000 votos y obligó al PP a buscar apoyos para gobernar.
Las encuestas habían llegado a otorgar ventajas bastante superiores al Partido Popular, por lo que la remontada socialista durante la campaña pasó a formar parte de la memoria interna del PSOE. Eso no permite atribuir el estrechamiento exclusivamente al anuncio del dóberman: en una elección intervienen debates, movilización, acontecimientos políticos y comportamiento de los indecisos. La enorme notoriedad del vídeo está acreditada; su impacto exacto sobre el voto, no.
Qué se parece entre Felipe González y Pedro Sánchez
El paralelismo de 2026 está precisamente ahí. En 1996 gobernaba un PSOE desgastado después de casi catorce años en el poder y el PP aparecía por delante en las encuestas. En 2026, Sánchez llega al 29-N después de más de ocho años en La Moncloa, tras adelantar las elecciones y con los sondeos privados situando al PP por delante y a PP y Vox con opciones de superar ampliamente la mayoría absoluta.
También se parece la estructura política de la campaña. González trató de desplazar el debate desde el desgaste de su Gobierno hacia las consecuencias que, según el PSOE, tendría la llegada de Aznar. Sánchez intenta ahora que la campaña no gire únicamente alrededor de su gestión, la pérdida de apoyos parlamentarios o las controversias de la legislatura, sino alrededor de qué modelo económico y social saldrá de las urnas el 29 de noviembre.
La nueva pieza socialista insiste en esa división. El PSOE se define como "el Gobierno de la gente" y coloca enfrente a quienes identifica con las élites económicas, al tiempo que pide apoyo para "ampliar" y "acelerar" sus políticas sociales. No hay un dóberman gruñendo frente a la cámara, pero sí reaparece la idea de que el voto no decide solamente quién gobierna, sino entre dos Españas políticamente contrapuestas.
De "Perro Sánchez" al dóberman socialista
El paralelismo tiene además una curiosa derivada comunicativa. Durante los últimos años, los adversarios de Pedro Sánchez popularizaron el apodo "Perro Sánchez", originalmente utilizado de forma despectiva y posteriormente reapropiado con ironía por algunos simpatizantes socialistas. Tres décadas antes, otro perro quedó inevitablemente asociado a una campaña del PSOE.
Las dos referencias tienen orígenes completamente diferentes. En 1996, el animal simbolizaba la imagen amenazante que el PSOE quería proyectar sobre la derecha; en el caso de Sánchez, el sobrenombre surgió como una descalificación personal contra el presidente. Pero la coincidencia resulta difícil de evitar ahora que Ferraz vuelve a una estrategia que recuerda al contraste más famoso de su historia electoral.
El dóberman nunca terminó de desaparecer
De hecho, la estrategia reapareció varias veces. En las generales de 2000, el PSOE sustituyó al perro por imágenes de José María Aznar para volver a contraponer directamente su modelo al del PP. En las europeas de 2009, fueron los populares quienes respondieron a una campaña socialista con un vídeo protagonizado por perros amenazantes y una pregunta explícita: "¿Otra vez?".
El dóberman terminó convertido así en algo más que un anuncio: pasó a ser una metáfora de una determinada forma de hacer campaña. Cada vez que un partido utiliza una representación especialmente negativa del rival para movilizar el voto propio, el recuerdo de 1996 reaparece.
El 29-N dirá si el viejo recurso todavía funciona
La nueva estrategia llega apenas unos días después de que Sánchez anunciara las elecciones anticipadas del 29 de noviembre. La vivienda, la protección social y el enfrentamiento con las élites que el presidente asegura que intentan condicionar las decisiones democráticas aparecen ya entre los ejes sobre los que el PSOE pretende construir su campaña.
Treinta años después, el contexto político, los medios de comunicación y la forma de hacer campañas han cambiado radicalmente. Lo que antes necesitaba un espacio electoral en televisión puede circular ahora en cuestión de minutos por X, TikTok o Instagram y convertirse inmediatamente en objeto de memes, respuestas y contracampañas.
Pero el mecanismo de fondo resulta mucho más reconocible. Pedro Sánchez muta electoralmente en dóberman: no porque el PSOE haya recuperado literalmente al perro de 1996, sino porque vuelve a apostar por una estrategia de contraste extremo para transformar unas elecciones difíciles en una elección entre dos modelos de país. Felipe González consiguió entonces reducir una derrota que las encuestas auguraban mucho mayor, pero no conservar La Moncloa. El 29 de noviembre se verá si la versión de 2026 logra algo diferente.
La campaña había sido coordinada por Ciprià Císcar, entonces secretario de Organización del PSOE. Años después explicó que los socialistas habían estudiado las técnicas de publicidad electoral estadounidenses y buscaban deliberadamente un producto más agresivo que desplazara la conversación de la campaña. El objetivo se cumplió al menos en términos mediáticos: durante días, buena parte del debate giró alrededor del vídeo.
Según explicó Julián Santamaría y recogió El País, el PSOE combinaba dos grandes encuestas destinadas a medir con detalle su posición a mitad y al final de la campaña con un seguimiento mucho más frecuente de la opinión pública. Para ello, Ignacio Varela, histórico de los comités electorales y entonces ya vinculado al sector privado como especialista en marketing y comunicación, había diseñado un sistema de sondeos cada 48 horas, con muestras de alrededor de mil entrevistados, que permitía medir casi en tiempo real el impacto de cada mensaje electoral y detectar cambios en determinados comportamientos sociales.