La Federación Española del Hígado (FEH) subraya como prioridad sanitaria la identificación precoz de las personas con factores de riesgo metabólico, como la diabetes tipo 2, la obesidad, la hipertensión arterial o las dislipemias, con el fin de disminuir la carga de la enfermedad hepática esteatósica relacionada con disfunción metabólica (MASLD) y, en consecuencia, prevenir la aparición de hepatocarcinoma.
Entre las medidas que plantea la entidad, figura la puesta en marcha de circuitos ágiles de valoración y seguimiento desde Atención Primaria, en estrecha coordinación con los servicios de Hepatología y el resto de especialidades implicadas. Todo ello, insisten, debe ir acompañado de un refuerzo de las estrategias de prevención, de la detección temprana de los riesgos y de un acceso equitativo a una atención integral.
La MASLD, conocida popularmente como hígado graso, se estima que afecta a cerca de una de cada tres personas a escala global. Aunque la evolución no es uniforme en todos los pacientes, en un porcentaje de casos la patología puede avanzar hacia la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH), la fibrosis avanzada y la cirrosis, lo que incrementa notablemente la probabilidad de desarrollar un hepatocarcinoma.
“La prevención no puede limitarse a decirle a la ciudadanía que cuide su hígado. Debe significar que las personas conozcan sus factores de riesgo, puedan acceder a una valoración a tiempo y reciban el acompañamiento necesario para cuidar su salud de forma sostenida”, señala Elena Arcega, presidenta de la Federación Española del Hígado.
Desde la FEH recalcan que identificar el riesgo antes de que se produzcan complicaciones graves permite intervenir con mayor eficacia, optimizar el control de las enfermedades metabólicas asociadas y evitar que muchas personas descubran su enfermedad hepática cuando ya se encuentra en fases avanzadas.
Asimismo, recuerdan que quienes presentan fibrosis avanzada o cirrosis precisan un control estrecho, ajustado a los criterios clínicos, para detectar de manera temprana posibles complicaciones, entre ellas el hepatocarcinoma. Paralelamente, los avances en el conocimiento de la MASLD/MASH, el aumento de la concienciación social sobre su impacto, el impulso de la investigación y la llegada de nuevas alternativas terapéuticas representan oportunidades significativas para mejorar el abordaje de esta enfermedad.
La Federación sostiene que toda innovación terapéutica debe incorporarse con criterios de equidad y dentro de un modelo de atención integral que contemple el control de la diabetes, del riesgo cardiovascular y del resto de factores metabólicos implicados.
“Las personas con enfermedad hepática metabólica necesitan información comprensible, profesionales coordinados y acceso equitativo a las opciones diagnósticas y terapéuticas disponibles. No podemos permitir que el código postal, la falta de información o la demora diagnóstica condicionen su pronóstico”, añade Arcega.