Solo el 36 por ciento de los españoles asocia su salud digestiva con el estrés o con su estado de ánimo y únicamente el 14 por ciento declara realizar actividades ligadas al cuidado de la salud mental para mejorar su bienestar digestivo, según una encuesta europea de PrecisionBiotics elaborada por Ipsos.
La médica de Atención Primaria, experta en microbiota y divulgadora de salud, Sara Marín Berbell, ha remarcado la estrecha relación bidireccional entre el intestino y el cerebro. “Como si fuese un grupo de WhatsApp, están en constante comunicación”, ha indicado durante la presentación de los datos correspondientes a España, en la que han participado 1.000 personas.
“Nuestra microbiota es un pueblecito y tenemos en ese pueblecito bacterias específicas que producen, por ejemplo, neurotransmisores, (...) que son como los mensajeros del cerebro”, ha detallado. Estos neurotransmisores envían señales al cerebro a través del nervio vago y, a la inversa, el cerebro también transmite información al intestino, generando diferentes respuestas.
“Cuando tú estás estresado, esas señales pueden llegar al intestino y alterar nuestra microbiota”, ha comentado, advirtiendo de que el estrés modifica la motilidad intestinal. A la vez, cuando existen trastornos digestivos, como procesos inflamatorios, el nervio vago puede trasladar esa inflamación al cerebro, favoreciendo la neuroinflamación y alteraciones psicológicas, con incremento de ansiedad, estrés o sensación de niebla mental.
La experta ha subrayado que este eje intestino-cerebro también puede producir efectos beneficiosos si se cuida adecuadamente. Así, ha señalado que salir a caminar tras las comidas favorece la secreción de serotonina, lo que mejora el tránsito intestinal y las digestiones. También ha recalcado que un aparato digestivo en buen estado contribuye a sentirse más tranquilo, en armonía y con mayor energía.
“Yo siempre digo, cuando vas a comer, haz tres cosas. Respira, inspira en cuatro, suelta en cuatro. El primer bocado, mastícalo 20 veces y espera 30 segundos al siguiente. Y no estés con el móvil o haciendo una actividad porque eso lo que hace es potenciar nuestro nervio bajo y ayudar a que funcione bien”, ha señalado.
En cuanto a la dieta, Marín ha alertado del incremento del consumo de productos ultraprocesados, perjudiciales para la microbiota, y de la reducción en la ingesta de verduras. Por ello, recomienda priorizar verduras de distintos colores y alimentos ricos en fibra, además de limitar el alcohol y las grasas. Asimismo, ha destacado la relevancia de la vitamina D para el correcto funcionamiento de la microbiota.
Brecha entre lo que se sabe y lo que se hace
La encuesta, cuyos resultados para España ha dado a conocer Farmasierra, muestra que solo dos de cada diez ciudadanos consideran que tienen buenos conocimientos sobre salud digestiva y apenas el 18 por ciento sitúa este aspecto entre sus prioridades cotidianas.
Este dato contrasta con que el 77 por ciento opina que la salud digestiva es muy o extremadamente importante para su bienestar general y con la elevada presencia de molestias digestivas: el 87 por ciento de los participantes afirma haber sufrido al menos un síntoma en el último año.
Entre los síntomas más habituales se encuentran los gases, que han afectado al 39 por ciento en los últimos 12 meses, y las flatulencias (37%), seguidos de la hinchazón abdominal (36%), el estreñimiento ocasional (33%) y la diarrea ocasional (32%).
El estudio apunta que, para más de la mitad de quienes padecen estos problemas (53%), no se trata de episodios puntuales, sino recurrentes durante más de un año. Además, el 57 por ciento considera que estas molestias tienen un impacto moderado o grave en su rutina diaria.
Sara Marín vincula esta falta de cuidado digestivo al ritmo de vida actual, a pesar de que la población reconoce su relevancia. “La gente no es consciente, y no va a ser consciente hasta que pasen unos años, del desencadenante de no cuidar nuestra microbiota, nuestra alimentación en el día a día”, ha afirmado.
“Todas las enfermedades están relacionadas con la microbiota”, ha insistido la especialista, aludiendo a la evidencia existente en patologías como Alzheimer y Parkinson. “Desde una herida de un dedo hasta una enfermedad autoinmune, como tenemos la enfermedad de Crohn”, ha añadido, apuntando también a los efectos descritos en el autismo.
El informe también pone de manifiesto que los problemas digestivos afectan a los menores. El 67 por ciento de los progenitores de niños de entre tres y 12 años que han presentado síntomas digestivos percibe alguna repercusión en su día a día, y el 18 por ciento detecta consecuencias en su capacidad de concentración.
Probióticos y microbiota: conocimiento aún limitado
Marín ha resaltado los beneficios de los probióticos para conservar el equilibrio de la microbiota intestinal. No obstante, ha señalado que los profesionales sanitarios “no estan aún concienciados” sobre la importancia de recomendarlos.
En la población general, la encuesta concluye que los probióticos son relativamente conocidos, pero su función no está clara. El 52 por ciento de quienes consumen complementos alimenticios declara tomar probióticos, el 56 por ciento de los españoles ha oído hablar de ellos pero desconoce realmente para qué sirven y solo un siete por ciento considera que dispone de buena información al respecto.
En este contexto, la figura del farmacéutico resulta clave. El 23 por ciento de los usuarios de probióticos indica que la recomendación de este profesional fue determinante para empezar a utilizarlos.
El presidente de Farmasierra, Tomás Ollero, ha recalcado la necesidad de mantener la microbiota intestinal “en equilibrio” y ha aclarado que tanto las bacterias beneficiosas como las potencialmente dañinas cumplen una función. “La microbiota es importante porque la necesitamos. Si nos la quitan, nos morimos”, ha concluido.