Una investigación llevada a cabo por profesionales del Hospital de Jarrio, en Coaña (Asturias), concluye que en las áreas rurales más dispersas se registra una mayor presencia de factores de riesgo cardiovascular y, en consecuencia, una probabilidad más elevada de desarrollar este tipo de patologías.
El trabajo, firmado por los médicos Marcos Álvarez Pérez y José Manuel Fernández Carreira, analiza el perfil epidemiológico del riesgo cardiovascular en el occidente de Asturias y se ha dado a conocer en el XXXVIII Congreso de la Sociedad Española de Arteriosclerosis, que tiene lugar estos días en Las Palmas de Gran Canaria.
Tal y como ha detallado el Principado en una nota de prensa, el estudio examina la prevalencia de los factores de riesgo vascular (FRV) y de las enfermedades cardiovasculares asociadas en el área de influencia del hospital, comparando los resultados entre zonas básicas de salud (ZBS) y zonas especiales de salud (ZES), estas últimas caracterizadas por una mayor dispersión geográfica y demográfica.
La prevalencia de la dislipemia (alteración de los niveles de lípidos y colesterol en sangre), por ejemplo, supera el 50% en estas áreas rurales, una cifra que sobrepasa los datos descritos hasta ahora para la población general en estudios de referencia nacional como ENRICA o IBERICAN. Además, el informe señala que los territorios con mayor vulnerabilidad demográfica y geográfica presentan un riesgo incrementado de patologías vinculadas a la hipertensión y a las arritmias.
Se trata de un estudio descriptivo y transversal que utiliza como fuente los registros de la herramienta de Grupos de Morbilidad Ajustados (GMA) correspondientes a diciembre de 2025, y que ha evaluado la situación de 38.815 personas, lo que representa el 93,6% de la población total del área.
Resultados principales del informe
Entre la población del occidente asturiano, los factores de riesgo vascular más habituales son la dislipemia, que afecta al 45,8% de los usuarios, seguida de la hipertensión arterial (HTA), con un 24,7%, y la diabetes mellitus (DM), con un 11,1%.
Al analizar los datos por territorios, la investigación constata que las zonas especiales de salud presentan un riesgo claramente más alto que las zonas básicas. Las mayores diferencias se observan en la prevalencia de la hipertensión arterial, 9 puntos superior en las zonas especiales; en la dislipemia, 6,4 puntos por encima; y en las arritmias, con una diferencia de 4,5 puntos en los entornos más aislados.
Igualmente, en las ZES se aprecian incrementos en variables como la obesidad (+2,7 puntos), la insuficiencia cardíaca (+1,4) o la enfermedad renal crónica (+2,1), lo que refuerza el mayor peso de la carga cardiovascular en estos territorios.
El estudio localiza, además, picos epidemiológicos especialmente significativos en algunas de las zonas especiales analizadas. La dislipemia alcanza tasas más elevadas en municipios rurales, llegando al 64,8% en Villayón; la hipertensión arterial se sitúa por encima del 34% en Taramundi, Grandas-Pesoz y Boal; y los registros más altos de diabetes mellitus se concentran en la ZES de Boal (16,7%).
