Las comunidades con niveles educativos más bajos registran una mayor prevalencia de hipertensión y diabetes, según revela un informe elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha llevado a cabo una evaluación global de las desigualdades en las enfermedades no transmisibles y en sus principales factores de riesgo.
El documento “El estado de la desigualdad: enfermedades no transmisibles y sus factores de riesgo” concluye que estas patologías afectan a poblaciones de todos los continentes, pero no todas afrontan los mismos peligros ni disponen de idénticas oportunidades para la prevención, el diagnóstico precoz y el acceso al tratamiento. Por este motivo, el estudio se ha centrado en analizar las diferencias entre grupos de población dentro de cada país.
“Sabemos que existen desigualdades inherentes a todos los aspectos de la salud, pero este es el primer esfuerzo por medir sistemáticamente las desigualdades en las enfermedades no transmisibles y sus factores de riesgo a escala mundial”, ha explicado el jefe del Equipo de Monitoreo de la Desigualdad en Salud de la OMS, el doctor Ahmad Reza Hosseinpoor, quien ha añadido que “los resultados muestran qué poblaciones se están quedando atrás” y dónde la falta de datos dificulta la comprensión de las desigualdades.
El análisis se ha centrado en cuatro grandes enfermedades no transmisibles: cáncer, dolencias cardiovasculares, patologías respiratorias crónicas y diabetes. Además, se han estudiado factores de riesgo clave, como el consumo de tabaco y alcohol, la obesidad y las dietas poco saludables, el sedentarismo y la contaminación del aire. La información procede de registros nacionales de la última década y se ha desglosado por edad, sexo, nivel económico, educación, entorno de residencia, discapacidad, situación laboral y condición migratoria.
Tras subrayar que estos determinantes influyen tanto en la exposición a los factores de riesgo como en el acceso a la atención sanitaria, a lo largo de todo el itinerario asistencial —desde la prevención y la reducción de la exposición hasta el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de la enfermedad—, el informe destaca que, en todos los países, las mujeres con menos recursos y menor formación tienen menos probabilidades de acceder a pruebas de cribado de cáncer de cuello uterino.
Desigualdades en el tratamiento de la hipertensión en áreas rurales
El estudio constata que el consumo de tabaco continúa siendo más elevado entre los hombres con menor nivel educativo frente a aquellos con estudios más altos. Asimismo, en numerosos países de ingresos bajos y medios, las personas que viven en zonas rurales cuentan con menos opciones que las urbanas para el diagnóstico y tratamiento de la hipertensión, así como para la realización de pruebas de detección del cáncer de cuello uterino. Los hogares rurales también pueden estar más expuestos a la contaminación del aire en interiores, mientras que las poblaciones urbanas suelen sufrir una mayor contaminación atmosférica exterior.
El informe señala, además, que los hombres presentan mayor tendencia a consumir tabaco y alcohol y, al mismo tiempo, son menos proclives a recibir diagnóstico y tratamiento para la hipertensión. Las mujeres, por el contrario, realizan con menor frecuencia la actividad física recomendada, mientras que la obesidad es más habitual entre ellas, sobre todo en países de ingresos bajos y medios. En cuanto a la edad, los adultos jóvenes con hipertensión tienen menos probabilidades de ser diagnosticados y tratados que las personas mayores, la inactividad física aumenta con los años y la obesidad se concentra especialmente entre los 40 y los 70 años.
El desempleo se vincula a mayores niveles de sedentarismo, y las personas con discapacidad pueden encontrar barreras adicionales para la prevención, el diagnóstico y la atención de estas patologías. A su vez, las personas migrantes pueden enfrentarse a obstáculos financieros, administrativos, idiomáticos y de otro tipo para acceder a los servicios de salud.
Según la OMS, esta base de datos puede servir de apoyo al diseño e implementación de políticas y programas dirigidos a reducir las brechas en salud. Una recogida de información más completa ofrece a los países la posibilidad de orientar mejor las estrategias de prevención y atención de las enfermedades no transmisibles, mejorar los resultados en salud y asegurar que los avances lleguen también a los grupos más desfavorecidos. En este sentido, el organismo destaca el informe complementario “Las desigualdades ocultas tras las enfermedades no transmisibles: de la evidencia a la acción”, que detalla cómo los Estados pueden utilizar la evidencia disponible para reforzar la prevención y el control de estas enfermedades.
“Los datos sobre desigualdad no se limitan a documentar diferencias, sino que son una herramienta para la acción”, ha sostenido al hilo el director del Departamento de Datos, Salud Digital, Análisis e Inteligencia Artificial (IA) del organismo, el doctor Alain Labrique, que ha concluido afirmando que los resultados “ayudan a los países a adaptar mejor sus políticas y programas, identificar las brechas en la cobertura y hacer un seguimiento de si el progreso llega a todos los grupos de población”.