Una ginecóloga urge a no achacar siempre el dolor muscular a la edad y alerta de su posible vínculo con la menopausia

Una ginecóloga advierte de que el dolor muscular en la mediana edad puede estar ligado a la transición menopáusica y no solo al envejecimiento.

Experta pide no atribuir automáticamente dolor muscular a cosas de la edad y advierte de un posible origen en menopausia OLYMPIA QUIRÓNSALUD

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La ginecóloga de Olympia Quirónsalud y miembro de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), la doctora Victoria Valdés, ha subrayado que “el dolor muscular y articular puede aumentar durante la transición menopáusica”, por lo que insta a no interpretar estas molestias únicamente “a cosas de la edad”.

Según ha explicado, muchas mujeres identifican de inmediato los sofocos como manifestación típica de esta etapa, pero se sorprenden cuando se les informa de que ciertos dolores musculares y articulares pueden aparecer coincidiendo con la transición hacia la menopausia, además de los ya conocidos cambios en la regla o las alteraciones del sueño.

Coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial de la Menopausia, este domingo 18 de octubre, Valdés ha descrito que a numerosas mujeres “les duelen las rodillas, las manos están más rígidas al levantarse, aparecen molestias musculares que antes no tenían o recuperarse después de hacer ejercicio cuesta más”. En este contexto, ha destacado que el dolor musculoesquelético está cobrando un papel cada vez más relevante en la investigación de esta etapa vital.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada este año, que ha reunido 37 estudios observacionales de 22 países con 93.021 mujeres, ha observado la presencia de dolor muscular o articular en alrededor del 40 por ciento de las mujeres premenopáusicas. Esta proporción asciende al 57 por ciento durante la perimenopausia y al 59 por ciento tras la menopausia.

La menopausia, una pieza más del puzle

Pese a estos datos, Valdés advierte de que “la menopausia no debe convertirse en el cajón de sastre al que atribuyamos cualquier síntoma que aparece a partir de cierta edad”, recordando que “un dolor nuevo, intenso o persistente debe valorarse”. A su juicio, “lo importante es incorporar la transición hormonal como una pieza más del puzle y no ignorarla”.

En la perimenopausia, la actividad de los ovarios se vuelve irregular y las hormonas fluctúan antes de descender de forma estable, de modo que los síntomas pueden iniciarse meses o incluso años antes de la última regla. Los estrógenos actúan sobre numerosos tejidos y sistemas del organismo, y la evidencia científica ha demostrado la relación entre las variaciones en las hormonas sexuales y una mayor susceptibilidad al dolor musculoesquelético, aunque todavía quedan aspectos por aclarar sobre sus mecanismos y sobre la mejor forma de abordarlo.

La especialista recuerda que los síntomas de la menopausia tienden a agruparse y no a aparecer por separado, y subraya que “el sueño es fundamental”. “Cuando dormimos mal de forma mantenida, aumenta el cansancio, disminuye nuestra capacidad para realizar ejercicio y también podemos percibir el dolor con mayor intensidad”, ha detallado. Por ello, insiste en que “por eso, es importante valorar a la mujer globalmente y no tratar cada síntoma como si fuera independiente de los demás”.

Evitar la sobremedicalización y la normalización del malestar

Valdés reclama “evitar dos extremos”, que son “medicalizar automáticamente cualquier cambio relacionado con la menopausia” y “normalizar síntomas que están limitando su vida”. En sus palabras, “que la menopausia sea un proceso natural no significa que tengamos que asumir como inevitable todo lo que ocurre durante esos años”, al tiempo que lamenta que “muchas mujeres siguen aceptando como normales síntomas que pueden y deben valorarse y tratarse”.

Impacto en huesos, composición corporal y corazón

La doctora incide en que durante la menopausia se producen variaciones en la masa ósea, en la distribución de la grasa y en el riesgo cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que la pérdida de densidad mineral ósea asociada a esta etapa favorece el aumento de la osteoporosis y de las fracturas, mientras que la probabilidad de enfermedad cardiovascular también se modifica tras el descenso de los estrógenos.

En este sentido, sostiene que “a partir de la perimenopausia, no debemos pensar en el ejercicio únicamente como una forma de controlar el peso”, puesto que resulta clave “preservar músculo, mantener la salud ósea y cardiovascular” y conservar la funcionalidad de cara a los años posteriores. Recuerda que “el ejercicio aeróbico es importante, pero también lo es incorporar trabajo de fuerza”.

Dolor musculoesquelético y terapia hormonal

La ginecóloga confirma que existe una relación entre la menopausia y las molestias musculoesqueléticas, pero matiza que “no hay evidencia suficiente para recomendar terapia hormonal específicamente como tratamiento general del dolor musculoesquelético”. Aun así, puntualiza que “sí hay un trasfondo hormonal en los dolores musculoesqueléticos”, ya que “los estrógenos ejercen actividad antiinflamatoria, por lo que cuando disminuyen, el estado de inflamación crónica de bajo grado contribuye a los dolores articulares y musculares”.

“Descartadas otras causas y en mujeres seleccionadas, el tratamiento hormonal puede contribuir a mejorar estos síntomas, si bien no es la única solución”, ha indicado, para remarcar que esta terapia “puede ser una opción muy eficaz para determinados síntomas de la menopausia en mujeres correctamente seleccionadas, pero el tratamiento siempre debe individualizarse”.