El concepto lawfare vuelve a ganar protagonismo en España y se populariza a través de declaraciones de dirigentes políticos, debates parlamentarios e informaciones sobre investigaciones judiciales de gran impacto. Casos como los de Begoña Gómez, el fiscal general del Estado, José Luis Rodríguez Zapatero o la denominada trama de Leire Díez han reactivado un término que, para unos, denuncia el uso político de la Justicia y, para otros, pretende desacreditar el trabajo de jueces y fiscales.
El término lawfare procede de la unión de las palabras inglesas law (ley) y warfare (guerra). Se utiliza para describir el supuesto empleo estratégico de procedimientos judiciales con fines políticos, es decir, cuando se considera que una investigación, una querella o un proceso penal persigue desgastar a un adversario más que esclarecer un posible delito.
No existe una definición jurídica en el ordenamiento español. Es un concepto político y académico cuyo uso se ha extendido especialmente en América Latina y, posteriormente, en Europa.
Quienes denuncian el lawfare sostienen que determinados procedimientos judiciales pueden convertirse en una herramienta para influir en la opinión pública, alterar la competición política o condicionar decisiones institucionales.
Sus detractores, en cambio, consideran que invocar el lawfare puede convertirse en una forma de desacreditar a jueces, fiscales o fuerzas de seguridad cuando investigan posibles delitos.
Judicialización de la política
La expresión ha recuperado fuerza en España por la coincidencia de varias investigaciones judiciales de gran repercusión política. En los últimos meses, el Gobierno y dirigentes del PSOE han denunciado una supuesta estrategia de judicialización de la política en relación con causas que afectan al entorno del Ejecutivo.
Al mismo tiempo, la oposición sostiene que las investigaciones responden exclusivamente al funcionamiento normal de la Justicia y acusa al Gobierno de intentar deslegitimar a los tribunales.
Este choque de discursos ha convertido el lawfare en una de las palabras más repetidas en el debate público.
Los casos que alimentan la discusión
El debate sobre el lawfare aparece vinculado a varios procedimientos que ocupan la actualidad política:
- La investigación sobre Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno.
- La causa que afecta al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
- Las diligencias abiertas sobre José Luis Rodríguez Zapatero en relación con el llamado caso Bolivia y la investigación de Plus Ultra.
- La investigación judicial del caso Leire Díez, instruida en la Audiencia Nacional.
Cada uno de estos procedimientos tiene naturaleza, objeto y situación procesal diferentes, pero todos han sido utilizados en el debate político para defender o rechazar la existencia de un supuesto fenómeno de lawfare.
Un concepto que divide a los partidos
El PSOE ha utilizado el término en diversas ocasiones para denunciar lo que considera una utilización política de determinadas actuaciones judiciales.
El PP y Vox, por su parte, rechazan esa interpretación y sostienen que las investigaciones deben desarrollarse con independencia, sin presiones políticas y con pleno respeto a las resoluciones judiciales.
La controversia también alcanza al debate institucional sobre la independencia judicial, el funcionamiento del Ministerio Fiscal y el papel de las fuerzas de seguridad en las investigaciones penales.
Confianza en la Justicia
La discusión coincide con un momento de creciente desconfianza ciudadana hacia la imparcialidad de la Justicia.
El estudio de 40dB para el País y la Cadena SER concluye que más del 65% de los ciudadanos cree que en España existe lawfare y que solo el 32,2% considera que las resoluciones judiciales sobre asuntos políticos suelen ser “justas e imparciales”.
En paralelo, el sondeo de Ipsos para La Vanguardia refleja que casi seis de cada diez españoles creen que “hay jueces que están haciendo política” y que solo el 41% considera que la mayoría de los jueces actúa de forma imparcial.