La supresión del Impuesto sobre el Valor de la Producción de Energía Eléctrica (IVPEE) fue la gran noticia del decreto-ley con la prórroga de las medidas anticrisis. Una medida largamente reivindicada por las eléctricas y las patronales industriales, que tendrán que esperar a 2028 para ver efectiva la supresión de este impuesto. Hasta entonces, espera una reducción progresiva.
Con el fin de tener una valoración de las medidas, DEMÓCRATA concierta una entrevista telefónica con Carlos Reinoso, portavoz de la Alianza para la Competitividad de la Industria, una patronal de patronales que reúne a los sectores más representativos de la industria española. El fin de este impuesto es una de las propuestas más reiteradas para aligerar los costes de las empresas, pero Reinoso avisa: sus reivindicaciones no se quedan ahí.
PREGUNTA: ¿Qué valoración hacen del último decreto-ley en respuesta a las consecuencias de la guerra en Irán? Incluye la supresión progresiva del llamado impuesto de generación, una de sus reivindicaciones habituales.
RESPUESTA: Más allá de que haya medidas temporales o de choque en situaciones críticas, lo que hacen falta son medidas estructurales. Y creo que, por fin, hay un entendimiento por parte del Gobierno. El decreto-ley contiene menos medidas pero una de las más potentes es estructural. Lógicamente, nos hubiera gustado un mayor nivel de ambición y que su efecto fuese inmediato, pero aplaudimos la desaparición con un calendario ya planificado. Es algo que nosotros habíamos propuesto, hemos ayudado al Ministerio a cuantificar los impactos positivos de esa medida, con lo cual, bienvenida esa medida, como no podía ser de otra forma.
Con medidas temporales consigues solventar crisis o colapsos puntuales pero las medidas estructurales dan visibilidad de precio y permiten inversiones. En la industria necesitamos inversiones y eso sólo lo vas a lograr si tienes previsibilidad.
"El Gobierno por fin ha entendido que necesitamos medidas estructurales"
Europa en general, y España en particular, tiene un problema muy serio con el precio de la energía para la industria. Es un elemento ampliamente reconocido a partir del Informe Draghi, y la Comisión Europea anima a los Estados miembro a adoptar esquemas de ayudas más flexibles. Pero no todos los países están siendo igual de diligentes que alivien estos costes energéticos a sus industrias.
P: ¿Qué propuestas echan en falta?
R: Necesitamos un plan de energía asequible para la industria, un paquete de medidas que podrían tener un efecto revulsivo y abaratar los costes entre un 10% y un 30%
La primera de las medidas era la eliminación del impuesto de generación, pero también creíamos importante ampliar la bonificación del 85% del Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE) y extenderlo a toda la industria manufacturera. Nos gustaría que antes o después se convierta en estructural, como la rebaja del 80% de los peajes a los consumidores electrointensivos.
"Podemos abaratar los costes energéticos de la industria con un plan de energía asequible"
Proponemos también la integración de los costes de las restricciones técnicas en los peajes. La industria está pagando hasta 20 euros/MWh, cuando antes del apagón eran 4-6 euros/MWh. Y la quinta medida es aplicar al máximo las compensaciones por derechos de emisión de CO2.
Aplaudimos el paquete de medidas. Es importante y es un primer paso, pero en ningún caso es el objetivo. Necesitamos un plan de energía eléctrica asequible para la industria española, tal y como propone la Comisión Europea.
P: Precisamente, en materia de comercio de emisiones de CO2 hay una directiva cuya trasposición va con retraso tramitándose en el Congreso.
R: Absolutamente. Hay una obligación de trasposición en la que ya vamos tarde y quizás por ello, y porque sea menos ideológico, puede ser uno de los textos que sea aprobado. Veremos el juego que da la negociación política.
P: ¿Cuáles son las preocupaciones de la Alianza en el debate que se está dando en Europa en torno a la reforma de los derechos de emisiones?
R: Inicialmente fue concebido como una medida de eficiencia para lograr los objetivos de la lucha contra el cambio climático de la manera más económica posible. Desde entonces, se ha puesto de manifiesto la dificilísima aplicación de esquemas eficientes y el coste de la tonelada de CO2 se ha disparado hasta niveles difícilmente compatibles con la competitividad de la industria europea.
Hay una dinámica un poco perversa. Tenemos un esquema que trata de incentivar inversiones en eficiencia, en descarbonización…, pero luego el daño sobre las industrias es tan alto que tengo que aprobar compensaciones indirectas.
"Por supuesto tenemos que mantener la agenda verde, pero hay que hacerla compatible con la competitividad europea"
Y luego los países pueden adoptarlas o no, por lo que se produce una asimetría, una distorsión: según dónde se produzca el mismo bien, el impacto del comercio de derechos de emisión no es el mismo por las compensaciones asimétricas entre países. Acabamos rompiendo el mercado interior que es nuestro gran logro de la Unión Europea.
Hemos entrado en una espiral de pérdida de competitividad. Son los derechos de CO2, los costes fiscales, los costes laborales… Una serie de elementos que están llevando a muchas industrias a una situación límite. No estamos hablando de dar una marcha atrás, pero tenemos que reflexionar si, en este escenario, podemos seguir reduciendo las asignaciones gratuitas a las industrias. Por supuesto que tenemos que mantener nuestra agenda verde, pero tenemos que hacerla compatible con la competitividad europea. Ese es el dilema.
P: ¿Cuál es el problema que detectan particularmente en España?
R: Hay dos problemas básicos. No se están completando las asignaciones hasta el máximo permitido por la Comisión Europea y esto distorsiona la competencia con otros productores europeos. Pero el segundo problema es la imprevisibilidad. Hay una partida reservada y a lo largo del año hay una negociación. Y está muy bien, pero no permite a una industria conocer cuáles van a ser sus costes energéticos, o internalizarlos en la venta de sus productos o calcular la rentabilidad de las inversiones en descarbonización, por ejemplo.
Por eso es tan importante que las medidas temporales se conviertan en estructurales, porque esa es la única forma de realmente hacer inversiones. Para nosotros la palabra estructural es una obsesión. Es fundamental. Las compensaciones tienen que ser las máximas pero tan importante es eso como que sean previsibles.
P: Hacía alusión a la proposición de ley sobre el régimen de comercio de derechos de emisión como una vía más factible de introducir propuestas. Entiendo que no son especialmente optimistas con la Ley de Industria.
R: Seguimos creyendo que es importante y que sería bienvenida, pero no vemos ningún indicativo de que vaya a haber una negociación. Tenía propuestas interesantes, necesitamos reformar el marco normativo. Fuimos críticos en algunos aspectos porque le faltaba concreción, dotación económica y creíamos imprescindible incluir un fondo que apoye los proyectos de reinversión industrial, que diese continuidad a los PERTE.
"Nos preocupa el parón inversor que se va a producir tras el fin de los PERTE"
Nadie habla de ello, pero nos parece tremendamente preocupante el parón que se puede producir, y que se va a producir en muchos sectores, del proceso inversor iniciado con los PERTE porque no hemos sido capaces de diseñar y poner en marcha un sistema que mantuviese esa dinámica. Todos somos bastante críticos con algunos aspectos de los PERTE, pero han logrado iniciar una capacidad inversora importante en proyectos de alto riesgo y de innovación tecnológica.
P: Otro aspecto en el que hacen hincapié son las facilidades administrativas para la captación de inversiones o el desarrollo de proyectos. ¿Han notado alguna evolución o mayor sensibilidad por las administraciones?
R: Tenemos que entender que la industria actual está en un profundo proceso de transformación y que nos la jugamos en ser capaces de que España tenga esas inversiones y que todos esos proyectos sean autorizados.
Hace tres años hicimos un estudio con KPMG y el diagnóstico era absolutamente desolador. Algunas comunidades le han dado la vuelta en los últimos años con algunas de las medidas que proponíamos: unidades aceleradoras de proyectos, fast track para proyectos estratégicos… Y es cierto que la administración central para ciertos proyectos, como en las redes eléctricas o instalaciones renovables, está abriendo líneas de tramitación rápida para proyectos estratégicos.
Sí ha habido avances, hay un entendimiento de que es un cuello de botella, pero todavía no tenemos ese plan país que dé solución al problema. Y una cuestión que debe hacerse es una ventanilla útil y digitalizada. Si en un proyecto están implicadas la Administración central, la autonómica y la local necesitas una gran plataforma tecnológica que centralice de manera ágil la documentación, y que podría revolucionar a nivel práctico la tramitación. Es uno de los temas pendientes.
P: Precisamente en torno a las inversiones en redes eléctricas el Gobierno ha aprobado mecanismos para tratar de liberar capacidad y evitar la pérdida de inversiones industriales. ¿Creen que las medidas son suficientes?
R: Tenemos que esperar a la liberación de todas esas capacidades y cómo se ponen en marcha las inversiones para ver si es suficiente o seguimos teniendo un problema. Ojalá me equivoque y sea un tema que vayamos a resolver a corto plazo. Es un cuello de botella en ciertas zonas del país. La gran noticia de la nueva planificación que ha propuesto el Ministerio para la Transición Ecológica es que, por primera vez, pone el foco en el consumidor y no exclusivamente en la generación. Si no hay foco en el consumidor, no va a haber absorción de las renovables.
"El Gobierno pone por primera vez al consumidor en el foco al planificar la red eléctrica. Es una gran noticia"
Hay una clara priorización del consumidor industrial y de los proyectos reales. Con todos los respetos a los centros de datos, que bienvenidos sean, pero el impacto de generación de riqueza y en el entorno local y en el entorno productivo y el valor añadido no es comparable a lo que puede dar la industria. Si hay una capacidad limitada, el enfoque es que tengan prioridad los que den mayor valor añadido. Esta nueva filosofía es tremendamente acertada
El otro elemento que vemos muy positivo es el esfuerzo en liberar capacidad y no en la inversión por la inversión. La eficiencia y la inteligencia en las inversiones es básica. Hagamos las inversiones que hagan falta pero ninguna más.
P: ¿Cree que hay riesgo de que se pongan en tela de juicio los mecanismos de apoyo a los sectores industriales por las presuntas irregularidades que están investigándose en la gestión de ayudas, como en el fondo de rescate de la SEPI?
R: Siempre que hay gestión de fondos públicos existe un riesgo de su mala utilización, por mala gestión o por razones espurias. Pero eso no nos puede desviar de que necesitamos una política industrial activa y que el apoyo público es la piedra angular de nuestro desarrollo industrial en el futuro. Eso lo tenemos que tener muy claro. Hay proyectos donde la tecnologías no es suficientemente madura o sus costes iniciales están fuera del mercado y nunca van a desarrollarse sin apoyo público. Muchos países lo tienen claro. No puede ser que en España no, porque nos quedaremos fuera.
Que haya habido malas prácticas, si no actos delictivos, no puede apartarnos del convencimiento de que la movilización de recursos públicos es básica y fundamental. La cuestión es diseñar herramientas con todos los mecanismos de supervisión y de seguridad en la gestión de los fondos públicos. El problema es cuando, por razones determinadas, no se siguen estas prácticas o se desarrollan mecanismos que no tienen todas las garantías. Es más de cómo se definen los mecanismos de gestión que el concepto en sí.
No es la primera vez que Reinoso aparece en las páginas de DEMÓCRATA. Protagonizó, de hecho, una de las primeras entrevistas publicadas en el medio y se reconoce seguidor desde los inicios del proyecto. "Vais lanzados", destaca, antes de iniciar la entrevista, que se desarrolla en todo momento en un tono cordial y amable.