El calentamiento global podría haber detenido una nueva glaciación que ya había comenzado hace aproximadamente 2.000 años. Esta es la principal conclusión de una investigación publicada el 22 de octubre en la revista científica Science, que ha reconstruido la evolución de una antigua masa de hielo situada en el Ártico canadiense y ha descubierto que su expansión se interrumpió durante el siglo XX, coincidiendo con el aumento de las temperaturas provocado por la actividad humana.
El trabajo, desarrollado por investigadores de la Universidad de Columbia y otras instituciones científicas internacionales, se centra en el casquete glaciar de Barnes, situado en la isla de Baffin, en Canadá. Se trata del último gran vestigio de la antigua capa de hielo Laurentino, que durante la última glaciación cubrió buena parte de América del Norte y alcanzó espesores superiores a los tres kilómetros. Según los científicos, este casquete comenzó a recuperar superficie hace unos dos milenios, en un proceso de enfriamiento natural que podría haber supuesto los primeros pasos hacia una nueva expansión de los hielos continentales.
Sin embargo, el crecimiento se detuvo alrededor de 1960, cuando el calentamiento de los veranos comenzó a provocar una pérdida de hielo superior a la cantidad acumulada durante los inviernos. Desde entonces, el casquete ha retrocedido y los modelos científicos apuntan a que podría desaparecer por completo durante los próximos siglos. El descubrimiento ha abierto una cuestión relevante para la climatología: si el ser humano ha sido capaz de interrumpir uno de los procesos naturales más prolongados y regulares de la historia climática de la Tierra.
Un casquete de hielo de Canadá revela el posible comienzo de una nueva glaciación
La investigación se ha centrado en el casquete glaciar de Barnes, situado en la isla de Baffin, dentro del territorio canadiense de Nunavut, una de las regiones más septentrionales de América. Aunque actualmente ocupa una superficie comparable a la del estado estadounidense de Delaware, constituye lo que queda de una masa de hielo que llegó a extenderse desde el círculo polar ártico hasta zonas del actual estado de Illinois.
Durante la última gran glaciación, el hielo Laurentino cubría enormes extensiones de Canadá y del norte de Estados Unidos. Su retirada se produjo a medida que las temperaturas aumentaron al finalizar aquel periodo frío, hace aproximadamente 11.700 años. No obstante, una pequeña parte de esa estructura sobrevivió en el Ártico canadiense, donde las condiciones climáticas permitieron conservar el casquete de Barnes.
Los investigadores han descubierto que la masa de hielo alcanzó sus dimensiones mínimas hace aproximadamente 3.600 años y comenzó a expandirse de nuevo hace unos 2.000. Este crecimiento fue lento, pero sostenido durante siglos, y resulta especialmente significativo porque coincidió con una reducción natural de la energía solar que recibe el hemisferio norte durante el verano.
Según el equipo dirigido por el geoquímico Nicolás Young, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, este comportamiento podría representar el comienzo de un nuevo periodo glaciar. La expansión del hielo habría continuado durante miles de años si las condiciones climáticas hubieran mantenido su evolución anterior, aunque esa interpretación depende de cómo se defina científicamente el inicio de una glaciación.
Cómo han descubierto los científicos que el hielo avanzaba hace 2.000 años
Una de las particularidades de la investigación es que los científicos han conseguido reconstruir miles de años de evolución del hielo mediante el análisis de plantas y musgos antiguos conservados debajo de los glaciares. El casquete de Barnes está congelado directamente sobre la roca, lo que limita su desplazamiento y permite preservar restos vegetales que quedaron sepultados cuando el hielo avanzó sobre ellos.
Cuando una zona de tundra queda cubierta por un glaciar, las plantas que crecían en ese terreno mueren y permanecen atrapadas bajo el hielo. Si siglos después el glaciar retrocede y deja esos restos al descubierto, los investigadores pueden analizar su antigüedad mediante técnicas de datación por carbono 14. Este procedimiento permite aproximarse al momento en el que el hielo cubrió por primera vez una determinada superficie.
El equipo combinó estos análisis con otras técnicas geológicas, entre ellas la medición de berilio 10 en las rocas, que ayuda a determinar cuánto tiempo han permanecido expuestas a la superficie. La comparación de los resultados permitió reconstruir la retirada inicial de la antigua capa de hielo y su posterior expansión.
Los investigadores también utilizaron muestras obtenidas en otros pequeños casquetes glaciares de la misma región. Los datos apuntan a que la nueva expansión comenzó hace aproximadamente 2.000 años y continuó hasta mediados del siglo XX, cuando el proceso se invirtió. El retroceso actual está dejando al descubierto terrenos y restos vegetales que habían permanecido congelados durante siglos, ofreciendo nuevas evidencias sobre la evolución del clima ártico.
El calentamiento del siglo XX interrumpió el crecimiento del hielo
El punto de inflexión se produjo alrededor de 1960, cuando las temperaturas estivales aumentaron lo suficiente como para romper el equilibrio entre la nieve acumulada durante el invierno y el hielo que se perdía en verano. Hasta entonces, el casquete había mantenido un crecimiento progresivo, pero a partir de ese momento comenzó a registrar pérdidas netas de masa.
Los científicos relacionan este cambio con el calentamiento provocado por el incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono liberado por la quema de combustibles fósiles. La influencia humana terminó imponiéndose a la tendencia natural de enfriamiento asociada a las variaciones orbitales del planeta.
La investigación señala que la expansión del hielo había continuado a pesar de que el calentamiento producido por los gases de efecto invernadero ya empezaba a compensar parte del enfriamiento natural. Sin embargo, la aceleración de las emisiones industriales acabó alterando ese equilibrio y provocó la retirada de los márgenes glaciares.
"Estaba empezando, todo era normal, la siguiente glaciación estaba a punto de ocurrir y, sin embargo, se detuvo", explicó Nicolás Young al presentar los resultados. Para el investigador, el fenómeno constituye una demostración de la capacidad de la actividad humana para modificar procesos climáticos que se desarrollan durante miles de años.
El estudio sostiene que la evolución del casquete de Barnes ofrece evidencias físicas de ese cambio. No obstante, observar el retroceso de una masa de hielo concreta no demuestra por sí solo que toda la Tierra estuviera entrando inevitablemente en una glaciación continental. Esa es la interpretación más amplia que proponen los autores y uno de los principales elementos de debate científico que plantea el trabajo.