La Armada española ha desplegado tres buques en las inmediaciones de Ceuta tras la crisis migratoria del pasado 30 de julio, cuando al menos 50.000 personas entraron en la ciudad autónoma por vías irregulares, según cifras oficiales.
Al buque de acción marítima Rayo, que ya se encontraba en la zona, se han unido ahora las fragatas Santa María y Navarra, ambas con base en Rota. El refuerzo naval se suma al despliegue del Ejército de Tierra, que mantiene unidades de regulares y legionarios movilizadas en la ciudad después de los incidentes registrados en la frontera.
Un nuevo llamamiento para el 15 de agosto
El despliegue coincide con la difusión de una nueva convocatoria en redes sociales que llama a intentar otra entrada masiva e irregular en Ceuta durante la noche del 15 de agosto. Los mensajes circulan principalmente por Facebook, WhatsApp e Instagram, y están siendo analizados por los organismos competentes para determinar su credibilidad y adoptar medidas preventivas.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha reclamado en varias ocasiones un refuerzo de la seguridad fronteriza y ha expresado su preocupación por la situación. En el Gobierno ceutí aumenta la desconfianza hacia el papel de Marruecos, después de una crisis que, según fuentes de seguridad consultadas por Vozpópuli, no se habría producido si Rabat hubiese movilizado todos sus recursos para evitarla.
El Rayo, un buque de vigilancia y control marítimo
El Rayo, identificado como P-42, es un buque de acción marítima de la clase Meteoro con base en el Arsenal de Las Palmas de Gran Canaria. Mide 93,9 metros de eslora, 14,2 metros de manga y desplaza alrededor de 2.670 toneladas.
Se trata de un buque polivalente preparado para operar en escenarios de baja intensidad. Puede embarcar un helicóptero y dos lanchas rápidas RHIB, y sus cometidos habituales incluyen la vigilancia y presencia naval, el control del tráfico marítimo y de la pesca, la lucha contra el narcotráfico, la piratería y la inmigración irregular, así como la protección del medio marino y las operaciones de búsqueda y rescate.
Santa María y Navarra, dos fragatas desde Rota
Las fragatas Santa María, F-81, y Navarra, F-85, están integradas en la 41.ª Escuadrilla de Escoltas y tienen su base en Rota. Ambas cuentan con 138 metros de eslora, 14,3 metros de manga y un desplazamiento aproximado de 3.900 toneladas.
Aunque fueron diseñadas inicialmente para la guerra antisubmarina, sus modernizaciones les permiten desarrollar misiones de defensa antiaérea, antisuperficie y antisubmarina. Disponen de misiles, torpedos, un cañón de 76 milímetros, sensores avanzados y un helicóptero embarcado SH-60 Seahawk.
Vigilancia, escolta y protección de rutas estratégicas
Las misiones habituales de estas fragatas incluyen la escolta de grupos navales, la vigilancia y seguridad marítima, la protección de rutas estratégicas, las operaciones de embargo y la lucha contra la piratería. Su presencia junto a Ceuta introduce un elemento de disuasión y refuerzo operativo en un momento de especial tensión en la frontera sur.
El despliegue no solo responde a la crisis ya vivida, sino también al riesgo de que se produzca un nuevo intento de entrada masiva. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad consideran que ese riesgo existe, aunque subrayan que se desconoce su magnitud y que no está acreditado quién está detrás de la convocatoria ni si finalmente llegará a materializarse.
Ceuta pide garantías ante la presión fronteriza
El Gobierno de Ceuta ha trasladado su preocupación a los organismos competentes y mantiene un seguimiento constante de los mensajes difundidos en redes sociales marroquíes. La prioridad es evitar una repetición de la situación del 30 de julio, cuando la ciudad se vio desbordada por una llegada masiva en muy poco tiempo.
La crisis ha reforzado la demanda de Vivas de contar con una frontera más protegida y con una respuesta permanente del Estado. En ese contexto, la presencia simultánea del Ejército de Tierra y de tres buques de la Armada refleja que Ceuta continúa bajo un dispositivo excepcional de seguridad.
Desconfianza hacia Marruecos
La tensión se produce en un clima de creciente desconfianza hacia el papel de Marruecos en el control de la frontera. Las fuentes de seguridad consultadas sostienen que la entrada masiva no se habría producido si Rabat hubiese desplegado todos los medios necesarios para impedirla.
Esa lectura vuelve a situar la cooperación hispano-marroquí en el centro del debate. Mientras Ceuta refuerza su seguridad ante el 15 de agosto, el Gobierno central afronta la presión de garantizar que la frontera no vuelva a quedar desbordada y de exigir a Marruecos una implicación efectiva para evitar nuevos episodios de tensión.