Encontrar un cheque guardado durante semanas o meses puede plantear una duda inmediata: si todavía es posible cobrarlo o si el dinero se ha perdido por haber dejado pasar demasiado tiempo. En España, la Ley Cambiaria y del Cheque establece unos plazos concretos para presentar estos documentos al pago, pero superarlos no provoca automáticamente que el cheque deje de tener valor. La entidad todavía puede abonarlo en determinadas circunstancias, aunque el retraso puede reducir la protección de quien debía cobrarlo y permite al emisor adoptar medidas que no podía tomar durante el periodo inicial.
15 días si el cheque se emite y se cobra en España
El plazo depende de dónde haya sido emitido el cheque. Cuando se ha expedido y debe pagarse en España, existen 15 días para presentarlo al cobro, contados desde la fecha que aparece como fecha de emisión.
Si el cheque fue emitido en otro país europeo pero debe cobrarse en España, el periodo aumenta hasta 20 días. Para los documentos expedidos fuera de Europa, el límite alcanza los 60 días. Estos plazos se cuentan desde la fecha que figura en el propio cheque. Si el último día coincide con uno inhábil, el vencimiento se traslada al siguiente día hábil.
Pasado el plazo, el cheque no desaparece automáticamente
Hablar de que un cheque «caduca» puede llevar a equívoco. Que hayan transcurrido los 15, 20 o 60 días no significa por sí solo que el documento sea incobrable.
El Banco de España explica que, una vez superado el plazo de presentación, la entidad puede decidir atender el cheque teniendo en cuenta circunstancias como el saldo existente en la cuenta o el tiempo transcurrido. Si el emisor no lo ha revocado y existen fondos, el banco puede pagarlo incluso después de que haya terminado el plazo ordinario. Eso sí, cobrarlo tarde implica asumir un riesgo mayor.
El emisor puede revocarlo después del plazo
Una de las principales diferencias aparece cuando concluye el periodo legal de presentación.
Mientras ese plazo continúa abierto, la revocación del cheque no produce efectos. Una vez finalizado, el emisor puede comunicar al banco que lo deja sin efecto y evitar que sea pagado.
Por eso, quien recibe un cheque no debería guardarlo pensando que podrá cobrarlo indistintamente meses después. Aunque el banco pudiera aceptar el pago fuera de plazo, ya no existe la misma seguridad que si se hubiera presentado dentro de los primeros días.
También cambia la capacidad de reclamar si no se paga
El plazo de presentación es especialmente importante cuando el banco rechaza el cheque.
Si se ha presentado a tiempo y no se abona total o parcialmente, el tenedor puede ejercer determinadas acciones cambiarias contra quien lo emitió y, cuando corresponda, contra endosantes o avalistas, siempre que se cumplan los requisitos establecidos legalmente para acreditar el impago.
Estas acciones tampoco pueden mantenerse indefinidamente. El Banco de España señala que el plazo para reclamar por esta vía es de seis meses desde que termina el periodo de presentación del cheque.
Superar ese plazo puede hacer que se pierdan determinadas acciones cambiarias, aunque dependiendo del origen de la deuda todavía podrían existir otras vías de reclamación relacionadas con el negocio que dio lugar al cheque.
Un cheque sin fondos tampoco deja al beneficiario sin opciones
Presentar el cheque dentro del plazo también permite reaccionar con mayor seguridad si la cuenta desde la que debe pagarse no tiene dinero suficiente.
La legislación establece que, si existen fondos pero no alcanzan para cubrir todo el importe, la entidad debe realizar el pago parcial disponible.
En caso de impago, resulta importante obtener una prueba que deje constancia de que el cheque fue presentado correctamente, especialmente si posteriormente será necesario reclamar judicialmente.
No conviene esperar hasta el último momento
Aunque recibir un cheque no obliga a cobrarlo el mismo día, dejar pasar el plazo legal puede complicar innecesariamente la situación.
Para un cheque emitido y pagadero en España, la referencia fundamental son esos 15 días desde la fecha de emisión. Después, el banco todavía podría abonarlo si concurren las condiciones necesarias, pero el emisor tendrá la posibilidad de revocarlo y el beneficiario puede empezar a perder algunas de las garantías vinculadas a haberlo presentado en tiempo y forma.
Por eso, más que pensar en una fecha a partir de la cual el cheque desaparece automáticamente, conviene diferenciar entre el plazo para presentarlo al cobro y los posteriores plazos para reclamar. La opción más segura sigue siendo sencilla: cobrarlo cuanto antes y evitar que el paso del tiempo convierta un trámite bancario rutinario en un problema.