El presidente de Mapfre, Antonio Huertas, ha defendido este miércoles que la industria aseguradora en América Latina, en coordinación con las administraciones públicas, debe evolucionar de un modelo centrado en costear la reconstrucción tras siniestros y desastres naturales a otro que priorice con antelación la financiación de la resiliencia.
En esta línea, Huertas ha subrayado que Iberoamérica dispone de “un potencial extraordinario”, aunque lleva demasiado tiempo sin dar el salto a la acción debido a las complejas circunstancias económicas y sociales que afronta la región.
“Iberoamérica cuenta con recursos naturales enormes, capital humano, grandes mercados, una extraordinaria riqueza cultural y una posición privilegiada ante algunas de las realidades transformacionales de nuestro tiempo, pero también posee situaciones estructurales que conocemos bien, como el insuficiente ahorro interno, los bajos niveles de inversión, la escasa productividad, o la elevada informalidad...”, ha resaltado el máximo mandatario del Grupo asegurador español durante su intervención en la segunda jornada del XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano (EEIB).
En este contexto, el representante de Mapfre ha explicado que si la región quiere liberar todo el potencial con el que cuenta, “hay dejar de hablar de oportunidades abstractas y concentrarse en tres elementos: instituciones, inversión y resiliencia”.
Entre las inquietudes que más preocupan a Huertas en Iberoamérica figura el impacto del cambio climático. En términos cuantitativos, el directivo ha recordado que América Latina se ha visto golpeada por una catástrofe natural por semana en los últimos 50 años y por una y media por semana en la última década. “Todo esto se ha llevado más de 100.000 vidas y ha causado pérdidas superiores a los 360.000 millones de dólares”, ha enfatizado.
Huertas ha advertido además de que, ante estos episodios cada vez más habituales, la respuesta de los Estados centrada en atender la emergencia, reconstruir infraestructuras, apoyar a las familias y sostener la recuperación económica posterior puede derivar en “una crisis económica, presupuestaria y social”, dado que el margen fiscal es “muy limitado”.
Por ello, el directivo ha reivindicado el papel del seguro como red de protección para hogares y compañías y como herramienta de alivio para las finanzas públicas de los Gobiernos de la región.
“El seguro es una pieza esencial en esa resiliencia. El seguro no va a evitar el huracán, no va a evitar el terremoto, ni la inundación, pero sí puede hacer que una catástrofe natural deje de convertirse en una catástrofe para las familias, para las empresas o para el país. Y eso es lo que hacemos los aseguradores, transformar la incertidumbre en capacidad de recuperación”, ha subrayado.
En cuanto a los datos, Huertas ha reiterado que en las catástrofes registradas en la última década más del 80% de las pérdidas no estaban cubiertas por seguros en Latinoamérica, frente al 57% en el conjunto del planeta, y ha lamentado que detrás de esas cifras haya “demasiadas familias, empresas y activos insuficientemente protegidos”.
COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA
Para afrontar esta situación, el responsable del Grupo ha defendido que los fondos públicos deben dirigirse prioritariamente a “los más vulnerables, en quienes por su nivel de renta no pueden acceder a mecanismos privados de protección y en la reconstrucción de los bienes de las infraestructuras públicas”. Así, ha instado a que la iniciativa privada sea capaz de movilizar “su enorme capacidad financiera y técnica” para dar cobertura al resto de afectados. “No nos faltan instrumentos, nos falta escala y, sobre todo, nos falta colaboración público-privada”, ha criticado el líder de la aseguradora.
En este sentido, ha señalado que las compañías necesitan marcos regulatorios previsibles, estímulos para que familias y empresas aseguren su patrimonio, estructuras específicas para los riesgos catastróficos y, sobre todo, mecanismos público-privados que permitan reducir el impacto de los desastres y responder con rapidez a las necesidades. “Tenemos que ser capaces de pasar de financiar la reconstrucción a financiar previamente la resiliencia”, ha remachado Huertas, quien, a su vez, ha apostado por “probar, medir y escalar” para anticiparse al impacto que posteriormente producen esos grandes eventos.
Ante este escenario, el presidente de Mapfre ha concluido que, tal y como recoge un informe reciente de la compañía y la Fundación Empresarial Iberoamericana, se requieren hasta 31.000 millones de dólares anuales en infraestructuras públicas resilientes frente a inundaciones y huracanes en la región, y que es necesario movilizar 15.000 millones de aquí al año 2030 para adaptar y gestionar el riesgo de desastres.