En este momento de la precampaña, dos estudios demoscópicos a los que ha tenido acceso DEMÓCRATA sitúan a Vox cerca de los 75 escaños, al PP en torno a los 124 y al PSOE por debajo de los 120. Las proyecciones dibujan un crecimiento de Vox mayor del previsto en otros sondeos y un retroceso general de las formaciones de izquierda e independentistas, con la excepción de ERC y EH Bildu. El escenario convive con una bolsa de unos seis millones de indecisos, concentrada en mayor medida en el electorado de izquierdas, y contrasta con el último barómetro del CIS, que otorga al PSOE una ventaja de casi 12 puntos sobre el PP.
La distancia entre las estimaciones privadas y el sondeo público vuelve a situar el comportamiento electoral del PSOE en el centro del debate demoscópico. Mientras los estudios consultados por DEMÓCRATA apuntan a una Cámara más favorable a la derecha, el CIS mantiene al partido de Pedro Sánchez como primera fuerza con una diferencia amplia sobre los populares.
La fotografía electoral, sin embargo, está lejos de ser definitiva. El elevado volumen de votantes que todavía no ha decidido su papeleta y la disputa por los últimos escaños en varias circunscripciones pueden alterar el reparto final. En un sistema electoral en el que los votos no se traducen de manera uniforme en diputados, unos pocos miles de sufragios pueden resultar determinantes.
El CIS dibuja otro escenario
El barómetro del CIS publicado este miércoles estima que el PSOE obtendría el 34% de los votos, frente al 22,2% del PP. Vox alcanzaría el 17,1%, mientras que Sumar se situaría en el 6,1% y Podemos, en el 3,1%. La encuesta se realizó entre el 1 y el 6 de octubre, con 5.025 entrevistas.
El resultado concede a los socialistas una ventaja de 11,8 puntos sobre los populares. La distancia contrasta con las elecciones generales de julio de 2023, cuando el PP fue la primera fuerza con el 33,1% de los votos y 137 escaños, frente al 31,7% del PSOE y sus 121 diputados. En aquella cita, Vox obtuvo el 12,4% de los sufragios y 33 escaños.
La comparación con los resultados de 2023 refleja un cambio considerable en la estimación del CIS: el PSOE gana 2,3 puntos respecto a las últimas generales, mientras que el PP pierde 10,9. Vox, por su parte, avanza 4,7 puntos. El movimiento dibujado por el organismo que preside José Félix Tezanos difiere del que recogen otras encuestas privadas, que sitúan a los populares por delante de los socialistas y atribuyen a Vox un crecimiento suficiente para consolidarse como tercera fuerza con un grupo parlamentario mucho mayor.
El CIS no publica una estimación oficial de escaños en este barómetro. La proyección de diputados que acompaña a sus datos procede de análisis externos, que han calculado un reparto de alrededor de 152 escaños para el PSOE, 94 para el PP y 63 para Vox. Se trata, por tanto, de una simulación elaborada a partir de la estimación de voto, no de un resultado ofrecido por el propio organismo.
La diferencia entre ambas fotografías plantea una cuestión relevante: cómo se explica que el CIS eleve la estimación socialista y reduzca la popular en un solo mes, con variaciones de tres puntos en sentidos opuestos, cuando las matrices de transferencia de voto publicadas no parecen reflejar un desplazamiento equivalente entre ambos electorados. La respuesta depende de la metodología empleada, de la ponderación de los datos y de cómo se distribuyen los indecisos, aspectos que el organismo debe permitir examinar para que sus resultados puedan contrastarse.
Noticia destacada
El PP acusa al PSOE de manipular el CIS y promete cesar de inmediato a Tezanos si Feijóo gobierna
3 minutos
Seis millones de indecisos, el desafío de la izquierda
Los dos estudios demoscópicos consultados por DEMÓCRATA estiman que alrededor de seis millones de electores todavía no han decidido su voto. La mayor bolsa de indecisión se encontraría en el espacio de la izquierda, un factor que introduce incertidumbre en las previsiones y que puede resultar decisivo para el reparto de escaños.
La indecisión no implica necesariamente que todos esos votantes vayan a cambiar de partido o que terminen absteniéndose. Parte puede decantarse por la formación a la que votó en anteriores elecciones, mientras que otra puede optar por una candidatura distinta o no acudir a las urnas. La clave está en conocer cómo se distribuye ese voto pendiente y qué capacidad tienen los partidos para movilizarlo durante la campaña.
En el bloque progresista, la dispersión entre distintas candidaturas puede dificultar la conversión de votos en diputados, especialmente en las circunscripciones que reparten pocos escaños. El resultado no depende solo del porcentaje nacional que alcance cada partido: también influye dónde se concentran sus apoyos y cuántos votos necesita para obtener el último diputado en cada provincia.
En ese contexto, fuentes políticas consultadas por DEMÓCRATA describen el avance de Vox como "el sueño de Pedro Sánchez". La explicación es que el crecimiento del partido de Santiago Abascal puede restar apoyos al PP y complicar su posición como primera fuerza. Sin embargo, las mismas fuentes advierten de que el efecto tiene un límite: si los escaños de ambos partidos se suman, el resultado que dibujan los estudios supera con holgura la mayoría absoluta del Congreso, fijada en 176 diputados y, los populares -sostienen-, siempre aparece en el primero la lista.
El dato relevante no es únicamente quién queda por delante entre PP y PSOE, sino qué suma parlamentaria puede reunir cada bloque y qué apoyos adicionales necesitaría para una investidura.

Trece provincias pueden decidir el reparto
Los estudios consultados por DEMÓCRATA también contemplan un escenario en el que el PSOE podría llegar a superar al PP en número de escaños. Las fuentes políticas consultadas consideran que no es la hipótesis más probable, pero señalan que la pugna por los últimos diputados en hasta 13 provincias puede modificar el resultado final.
La posibilidad ilustra las limitaciones de trasladar directamente una estimación nacional de voto al reparto de escaños. En las circunscripciones pequeñas, una variación relativamente reducida puede decidir quién se queda con el último diputado. Un partido puede mejorar su porcentaje en el conjunto del país y, aun así, no conseguir un aumento equivalente de representantes si sus apoyos no se traducen en puestos adicionales.
También puede ocurrir lo contrario: una formación con menos votos en el conjunto nacional puede obtener una representación más favorable por la distribución territorial de sus apoyos. De ahí que las proyecciones de escaños presenten diferencias importantes incluso entre encuestas que sitúan a los partidos en porcentajes de voto similares.
El eventual adelantamiento del PSOE al PP en diputados tampoco equivaldría automáticamente a una mayoría alternativa. La capacidad de formar Gobierno dependería de la suma de escaños y de los acuerdos que pudieran articularse en el Congreso. La posición relativa de los dos grandes partidos es un indicador importante, pero no basta para determinar quién puede reunir los apoyos necesarios para una investidura.
El reparto territorial adquiere todavía más importancia en un escenario de crecimiento de Vox. Si el partido logra convertir el aumento de voto en diputados adicionales en provincias donde ya compite por el último escaño, el PP puede perder representación aunque el bloque de la derecha amplíe su apoyo conjunto. Si, por el contrario, parte de ese crecimiento se concentra en circunscripciones donde Vox ya obtiene representación suficiente, el efecto sobre el reparto puede ser distinto.

Listas conjuntas para reducir las pérdidas
La posibilidad de que la fragmentación penalice a algunas candidaturas ha llevado a los partidos a explorar fórmulas para reducir la pérdida de votos en determinadas circunscripciones. En la izquierda se estudian posibles listas conjuntas al Senado en algunos territorios, una estrategia que permitiría concentrar apoyos en una misma candidatura.
El Senado tiene un sistema electoral distinto al del Congreso y ofrece más margen para que formaciones con electorados próximos concurran de forma coordinada. La fórmula, sin embargo, exige acuerdos territoriales y no implica necesariamente una coalición general entre los partidos que la estudien.
El objetivo sería evitar que las diferencias entre candidaturas reduzcan sus posibilidades de obtener representación en un escenario de competencia ajustada. El resultado dependería de las características de cada provincia, de la distribución del voto y de los acuerdos que finalmente se cerrasen.
En el espacio de la derecha también se analizan fórmulas de coordinación en determinados territorios. El PP puede encontrar incentivos para pactar con fuerzas regionalistas o ajustar sus candidaturas allí donde la competencia electoral y las particularidades locales hagan más difícil convertir los votos en escaños. Navarra es un ejemplo de un territorio en el que las relaciones entre el PP y UPN tienen una dimensión específica.
Estas conversaciones no equivalen a acuerdos cerrados ni permiten dar por confirmada una estrategia común para toda España. Su alcance dependerá de las decisiones que adopten las direcciones de los partidos y de las negociaciones en cada circunscripción.
La disputa por los últimos escaños explica que las decisiones sobre las candidaturas puedan tener tanta importancia como los movimientos en la estimación de voto. En un escenario fragmentado, la coordinación puede resultar decisiva para mejorar la representación, aunque no garantiza por sí misma un resultado más favorable.

Tezanos, bajo la lupa por la distancia entre sondeos
La distancia entre el CIS y las encuestas privadas vuelve a alimentar las críticas sobre la independencia y la metodología del organismo público. José Félix Tezanos, presidente del CIS, es militante del PSOE, una circunstancia que sus críticos consideran incompatible con la dirección de una institución encargada de medir la opinión pública. Esa vinculación política alimenta el cuestionamiento sobre su imparcialidad, aunque no demuestra por sí misma que exista manipulación de los resultados.
La controversia se centra también en la diferencia entre las estimaciones del CIS y las de otras casas demoscópicas. Mientras el organismo público sitúa al PSOE claramente por delante, varios estudios privados conceden al PP una ventaja en intención de voto y proyectan una representación socialista inferior a la que se desprendería de la simulación elaborada a partir del último barómetro.
La comparación exige tener en cuenta que las encuestas no son directamente intercambiables. Pueden utilizar muestras, fechas de trabajo de campo, modelos de estimación y procedimientos de ponderación diferentes. Además, la estimación de voto y la proyección de escaños son operaciones distintas: la segunda incorpora la distribución territorial de los apoyos y el sistema electoral.
Por eso, la cuestión no se limita a determinar qué encuesta se acerca más al resultado final. También importa que las decisiones metodológicas sean transparentes y que los cambios de estimación puedan explicarse a partir de los datos publicados. En particular, las variaciones mensuales de varios puntos en los dos grandes partidos requieren una explicación que permita entender de dónde procede el movimiento y cómo se traduce en la estimación final.
En paralelo, el debate político ha incorporado las interpretaciones de Iván Redondo, exdirector del Gabinete de la Presidencia del Gobierno entre 2018 y 2021. Redondo ha considerado posible que el PSOE termine como primera fuerza y ha señalado que la evolución de la campaña puede alterar las posiciones actuales. En RNE, el 13 de octubre, afirmó que "lo normal sería que el PSOE empiece a superar al PP a medida que avance la campaña".
Su pronóstico es una valoración política y demoscópica, no una proyección oficial ni una garantía sobre el resultado. La evolución de la transferencia de voto entre PP y Vox, la movilización de los indecisos y la disputa provincial por los últimos diputados serán algunos de los factores que determinen si la distancia entre los distintos escenarios se estrecha o se mantiene.