Francia atraviesa este sábado 24 de octubre una nueva jornada de protestas contra el coste de la vida bajo un despliegue de 70.000 policías y gendarmes. Los primeros balances describen una situación menos violenta que la del fin de semana anterior, aunque las cargas en Marsella y las tensiones registradas en otras ciudades impiden hablar de una jornada sin incidentes. El dispositivo supone 10.000 agentes más que el desplegado el 17 de octubre.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, comunicó a las 13:00 que se habían practicado 135 detenciones y que no se habían producido incidentes importantes hasta ese momento. El balance era provisional y precedía al desarrollo de varias de las principales marchas de la tarde.
La reducción inicial de la violencia no equivale al final de la crisis. Estudiantes, sindicatos y chalecos amarillos mantienen sus reivindicaciones, mientras las restricciones a las manifestaciones han añadido un nuevo motivo de confrontación con el Gobierno de Emmanuel Macron.
135 detenciones al mediodía y una advertencia sobre el balance
Nuñez contabilizó 136 acciones en la vía pública a las 13:00, frente a las 264 registradas a esa misma hora el sábado anterior. Ese indicador describe movilizaciones y actuaciones en el espacio público: no debe interpretarse como una cifra de disturbios.
El ministro también informó de controles y registros en los que se habían intervenido objetos susceptibles de utilizarse como armas, entre ellos morteros de artificio y bolas de petanca.
El Ejecutivo había advertido previamente del riesgo de nuevos saqueos y enfrentamientos. Las autoridades atribuyen parte de esa amenaza a grupos violentos que pueden actuar al margen de los convocantes, una distinción necesaria para no confundir a los participantes en las protestas con quienes cometen delitos.
Marsella registra cargas tras una marcha multitudinaria
En Marsella, la prefectura cifró en 17.000 los participantes de la manifestación. La información local situaba al cortejo llegando a la Porte d’Aix hacia las 15:34. La jornada también provocó restricciones en el transporte: las estaciones de metro Réformés-Canebière, Jules-Guesde y Saint-Charles dejaron de prestar servicio durante parte de la movilización.
Los antidisturbios emplearon gases lacrimógenos para dispersar a manifestantes después de más de dos horas de protesta pacífica. Estos episodios contrastaron con el desarrollo tranquilo de otros cortejos.
En París, Le Nouvel Obs describía durante la tarde una marcha sin grandes altercados, mientras recogía tensiones en Lyon y Nantes. La situación variaba, por tanto, entre ciudades y no permitía resumir todo el país con un único balance cerrado.
Las prohibiciones llegan a los tribunales
La respuesta del Gobierno ha combinado el refuerzo policial con restricciones a las concentraciones y cambios en los recorridos. Las medidas han provocado críticas de organizaciones sindicales y políticas, además de recursos ante la justicia administrativa.
En Bouches-du-Rhône, el tribunal administrativo de Marsella mantuvo parte de las restricciones, pero suspendió la prohibición de manifestaciones declaradas en Gardanne, Istres, Martigues, Miramas y Tarascon. La marcha sindical de Marsella había quedado exceptuada mediante una decisión de la prefectura.
La resolución recordó que una limitación del derecho de manifestación debe resultar adecuada, necesaria y proporcionada. También diferenció entre municipios: la existencia de un riesgo en determinados lugares no justificaba automáticamente la misma prohibición en todos los demás.
Ese conflicto abre un segundo frente para Macron. El Ejecutivo busca impedir otra jornada de destrozos, pero los convocantes cuestionan que las restricciones dificulten también las protestas pacíficas.
La protesta sigue teniendo un origen social y educativo
El despliegue de seguridad ha ocupado buena parte de la atención, pero las movilizaciones mantienen una agenda que va más allá del orden público. El deterioro de las condiciones educativas, las dificultades económicas y la preocupación por el futuro reúnen a colectivos con demandas distintas.
La presencia conjunta de estudiantes, trabajadores y chalecos amarillos explica tanto la amplitud del movimiento como la dificultad para encontrar una única respuesta política. Reducir los enfrentamientos puede aliviar la presión inmediata sobre las autoridades, pero no resuelve por sí solo las reclamaciones que llevaron a los manifestantes a la calle.
La participación ofrece también cifras discutidas. En Toulouse, La Dépêche recogía por la tarde 26.500 manifestantes según la prefectura y 80.000 según la CGT.
Los chalecos amarillos anuncian nuevas protestas para el 31 de octubre
Los chalecos amarillos han llamado a otra jornada de movilización el sábado 31 de octubre, con concentraciones y sentadas ante la Asamblea Nacional y ayuntamientos. La convocatoria incorpora la defensa de las libertades civiles y el rechazo a lo que sus promotores consideran una deriva autoritaria del Ejecutivo.
El siguiente reto del Gobierno será convertir una eventual reducción de los disturbios en una oportunidad de diálogo. La seguridad puede permitir que las ciudades recuperen actividad y que las marchas se desarrollen sin violencia; la salida de la crisis exigirá, además, respuestas a sus causas.
Por ahora, el balance disponible permite hablar de una jornada menos violenta en sus primeras horas.