La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés) ha advertido de que más de 24 millones de habitantes del Sahel se encuentran en “situación crítica de necesidad humanitaria”, según su último análisis sobre esta franja africana.
El jefe de la OCHA para África Occidental y Central, Charles Bernimolin, ha subrayado en un comunicado que “la población del Sahel no es ajena a una crisis global, sino que se encuentra en el epicentro de una de las emergencias más graves y desatendidas del mundo”, al presentar el Informe General sobre las Necesidades y la Respuesta Humanitaria de 2026 para el Sahel.
El documento, que examina en detalle la situación en Burkina Faso, Chad, Malí, Níger, el extremo norte de Camerún y el noreste de Nigeria, constata que “la violencia en el Sahel central se está extendiendo más allá de sus fronteras tradicionales en Malí, Burkina Faso y Níger, y se propaga rápidamente hacia la costa de África Occidental, convirtiendo al Sahel en uno de los principales epicentros de violencia en África”.
Según la OCHA, “esta violencia e inestabilidad están desbordando las fronteras, afectando las economías locales y desplazando a las poblaciones vulnerables”, mientras “los grupos armados han expandido su influencia por todo el Sahel central y la cuenca del lago Chad, desarraigando comunidades, cerrando escuelas y centros de salud, y dejando zonas enteras sin ningún tipo de gobierno ni protección”.
El impacto en la educación es especialmente grave: la agencia precisa que “casi 12.900 escuelas permanecen cerradas debido a la inseguridad, privando a más de 2,3 millones de niños de educación y exponiéndolos a la explotación y el reclutamiento forzoso”.
A la escalada de violencia se añaden los efectos de la crisis climática, con inundaciones y sequías prolongadas. La organización recuerda que “solo en 2025, 590.000 personas en el Sahel se vieron afectadas” por episodios de inundaciones “devastadores”, mientras la desertificación y la falta de lluvias “están destruyendo las tierras de cultivo de las que dependen millones de personas para su sustento”.
La nota también alerta del agravamiento del hambre en los próximos meses: “durante la próxima temporada de escasez, que abarca de junio a agosto, se prevé que 15,4 millones de personas se enfrenten a niveles críticos de inseguridad alimentaria o incluso peores”. Además, “más de 1,5 millones podrían caer en situación de emergencia, lo que significa que no podrían cubrir sus necesidades alimentarias básicas sin ayuda externa urgente”.
La OCHA avisa de que “estas cifras podrían aumentar aún más”, ya que “el conflicto en curso en Oriente Próximo está elevando los precios mundiales del combustible, los fertilizantes y los alimentos básicos, con consecuencias directas para las familias del Sahel, que ya se encuentran al límite de sus posibilidades”.
Pese a la magnitud de la crisis, la agencia denuncia que “la financiación humanitaria para el Sahel se ha desplomado a su nivel más bajo en una década”. “En 2025, solo se recibió el 29% de los fondos necesarios, lo que obligó a las organizaciones de ayuda a suspender servicios, retirarse de algunas zonas y tomar decisiones imposibles sobre quién recibe ayuda y quién no”, lamenta el organismo.
“Cada déficit de financiación tiene un costo humano”, recalca el director regional Charles Bernimolin. “Cuando recortamos un programa, un niño pierde su alimento, las mujeres y las niñas pierden su protección, una familia pierde la esperanza. No podemos permitir que un colapso financiero se convierta en una sentencia de muerte para millones de personas”.
En esta línea, Bernimolin reclama “mayor voluntad política” y “financiación para hacer frente a la magnitud de la crisis”, y formula “un llamamiento a los donantes, los gobiernos y las instituciones regionales para que actúen con urgencia”. “La población del Sahel no puede esperar”, concluye.