La ciudadanía marroquí acude este miércoles a las urnas para renovar su Parlamento en unos comicios legislativos condicionados por la incógnita sobre la participación, en especial entre los votantes más jóvenes, cada vez más desilusionados con la situación política y económica del país. A este malestar se suman las tensiones diplomáticas con España derivadas de la crisis de finales de julio, cuando se produjo la entrada irregular de decenas de miles de personas en Ceuta.
En estas elecciones compiten 27 formaciones políticas por los 395 asientos de la Cámara de Representantes, la Cámara Baja del Parlamento. De ellos, 305 se eligen en circunscripciones locales, mientras que los 90 restantes se reparten entre las doce regiones del país, con una horquilla de entre tres y doce escaños por región.
La Cámara de Representantes es la única institución parlamentaria cuyos miembros se eligen por sufragio universal directo. La otra cámara, la de Consejeros, con 120 puestos, está integrada por representantes escogidos de forma indirecta mediante colegios electorales formados por autoridades territoriales, asociaciones profesionales y organizaciones de trabajadores y empresarios.
Chequeo al estado de ánimo de la sociedad marroquí
La votación de este miércoles se interpreta como un termómetro clave del estado de ánimo de la sociedad marroquí. Llega después de las protestas antigubernamentales de 2025 contra el deterioro y la falta de servicios públicos, las más multitudinarias desde las movilizaciones que sacudieron la región del Rif entre 2016 y 2017.
Las marchas, impulsadas por los colectivos GenZ 212 y Morocco Youth Voice a través de redes como Instagram, TikTok y Discord, sacaron a la calle a decenas de miles de personas para denunciar la corrupción y cuestionar el gasto del Ejecutivo en grandes eventos deportivos -entre ellos la organización del Mundial de Fútbol de 2030 junto a España y Portuga-- pese a la debilidad de los sistemas educativo y sanitario y a una elevada tasa de paro.
El desencanto se percibe con mayor intensidad entre las generaciones más jóvenes, algo visible tanto en estas protestas, protagonizadas por la llamada Generación Z, como en la entrada masiva e irregular de personas en Ceuta, que dejó cerca de 140 fallecidos a ambos lados de la frontera y deterioró las relaciones bilaterales. El Gobierno español ha subrayado en varias ocasiones que no considera que Rabat estuviera detrás de estos hechos.
En este contexto, Miguel Hernando de Larramendi, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Castilla La Mancha (UCLM) y miembro del consejo académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), ha destacado en declaraciones a Europa Press la importancia de esta “desafección” entre la juventud y ha subrayado que “lo que ocurrió en Ceuta es una enmienda al discurso de la Fiesta del Trono”.
El experto recuerda que el rey Mohamed VI, en su mensaje por la Fiesta del Trono pronunciado horas antes de los sucesos en la frontera ceutí, había puesto en valor los avances económicos y de desarrollo, tratando de proyectar una imagen de estabilidad que contrasta con las denuncias de diversos colectivos de activistas y organizaciones sociales marroquíes.
Los datos del Afrobarómetro, un instituto panafricano de encuestas sociales, publicados en marzo, muestran que el 60% de la población marroquí señala el desempleo como una de las tres prioridades que debería abordar el Gobierno. Al mismo tiempo, aunque el 71% opina que el país va “en la buena dirección”, solo el 44% califica la situación económica actual como “buena”.
“Será interesante ver qué participación hay”, ha indicado Hernando de Larramendi, que advierte de que “el porcentaje de los jóvenes inscritos en el censo electoral es muy bajo”, ya que la mayoría de quienes figuran en las listas son “mayores de 35 años”, con un peso especialmente alto de los mayores de 65.
Competencia entre los principales partidos
La campaña ha girado en buena medida en torno a la pugna de las distintas formaciones por captar el voto juvenil y reforzar así sus opciones en las urnas. El islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) intenta recuperarse del descalabro de 2021, cuando pasó de liderar el Gobierno con 125 diputados a quedarse con solo trece.
Aquel revés del PJD, que había llegado al poder una década antes tras las reformas constitucionales impulsadas al calor de la ‘Primavera Árabe’, abrió la puerta a una coalición de tres partidos encabezada por la Agrupación Nacional Independiente (RNI), liderada por el actual primer ministro, Aziz Ajanuch.
La RNI ha articulado su campaña en torno al lema “dignidad y oportunidad para todos” para el próximo quinquenio, en el que promete la creación de un millón de empleos, un aumento del salario mínimo interprofesional y la protección del poder adquisitivo mediante una “red de seguridad social”, con la que busca neutralizar las críticas a su gestión.
El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), segunda fuerza de la actual coalición, concurre bajo el eslogan “Cambiar de rumbo”, pese a su papel central en el Ejecutivo. Su propuesta se basa en una agenda de “crecimiento sostenible” que incluye incrementar las pensiones, generar un millón de puestos de trabajo y reducir el desempleo hasta el 7% para 2031.
El histórico Partido Istiqlal --Independencia, en árabe-- centra su oferta en reforzar el poder adquisitivo, combatir la corrupción y defender un modelo conservador de valores, situando la protección de la familia en el núcleo de su programa, resumido en el lema “Mi patria, mi futuro”.
Mientras tanto, el PJD intenta reconectar con el electorado con un “programa de dignidad” y “restauración de confianza” basado en la defensa de la identidad y los valores musulmanes, una reforma política y democrática, el refuerzo de los servicios públicos y una economía productiva orientada a resolver los principales problemas sociales.
En este escenario, Riccardo Fabiani, director para el norte de África del ‘think tank’ International Crisis Group, ha señalado a Europa Press que es “improbable” que se produzcan “grandes cambios” en la coalición gobernante, al no existir fuerzas opositoras capaces de desbancarla, salvo un PJD que “no parece tener la fuerza suficiente para entrar en una nueva coalición de Gobierno”.
“Es más probable que los mismos partidos formen una coalición similar. Lo más interesante será ver cuál de los partidos gobernantes logra quedar en primer lugar, ya que el rey elegirá al próximo primer ministro de entre sus filas”, ha explicado. Esta visión es compartida por Daniel Hernández, investigador sénior no residente para Oriente Próximo y Norte de África del Real Instituto Elcano.
Hernández sostiene que la escena política continúa “dominada” por “los partidos más próximos a Palacio” y apunta que las dos grandes “variables” en juego son “el orden de los principales partidos políticos para el reparto institucional” y el nivel de participación, que “se intuye que será baja y puede reflejar el descontento y la desafección de parte de la ciudadanía”.
El dato de participación se perfila así como un indicador especialmente revelador de la situación del país, en un sistema en el que el monarca conserva un peso decisivo en las grandes decisiones políticas. Servirá para medir hasta qué punto la población avala la dirección actual y si los logros económicos que reivindican las autoridades se están traduciendo realmente en más oportunidades y mejoras tangibles para la sociedad.