Las autoridades rusas han informado este jueves de que la incursión lanzada en 2024 por las Fuerzas Armadas de Ucrania en la región rusa de Kursk, limítrofe con Ucrania, habría causado la muerte de 640 civiles y dejado heridos a otros 561, según su último balance oficial.
“En agosto de 2024, las Fuerzas Armadas ucranianas invadieron ilegalmente territorio ruso en la región de Kursk y ocuparon varias decenas de asentamientos”, ha denunciado la portavoz oficial del Comité de Investigación ruso, Svetlana Petrenko, en un comunicado del organismo en el que ha afeado que, “sintiéndose envalentonados y conscientes de la impotencia de la población civil, nacionalistas ucranianos y mercenarios de diversos países violaron el Derecho Internacional y cometieron crímenes graves, y especialmente graves, de forma masiva”.
La portavoz ha detallado que, como consecuencia de estas “brutales acciones de milicianos ucranianos, 640 civiles murieron y 561 resultaron heridos”, al tiempo que ha aludido a casos concretos como las violaciones y agresiones sexuales contra ocho mujeres que después fueron asesinadas, así como a daños registrados en más de medio centenar de enclaves catalogados como patrimonio cultural.
“Hasta la fecha, investigadores, peritos forenses y expertos han inspeccionado 186 asentamientos en la región de Kursk”, ha indicado Petrenko, que precisa que “los daños causados por las acciones de los grupos armados ucranianos ascienden a casi 505.000 millones de rublos”, equivalentes a unos 5.400 millones de euros.
Según el Comité de Investigación, hasta ahora las autoridades rusas “han abierto un total de 711 casos penales por estos incidentes, 706 de los cuales están relacionados con ataques terroristas”. De acuerdo con la misma fuente, “se han concluido más de 300 casos penales y los tribunales han condenado a 280 milicianos”.
El organismo para el que trabaja Petrenko continúa analizando los hechos vinculados a la ofensiva militar ucraniana de agosto de 2025, enmarcada en la guerra iniciada por el presidente ruso, Vladimir Putin, en febrero de 2022.
Durante aquella operación, las fuerzas ucranianas llegaron a controlar alrededor de 1.200 kilómetros cuadrados y más de un centenar de localidades en la zona. Moscú se vio obligada entonces a desviar recursos del frente en territorio ucraniano para expulsar a las tropas que se habían asentado en Kursk, lo que contribuyó a que el conflicto en Ucrania entrara en una fase de estancamiento, con unas líneas de combate prácticamente congeladas.